El desplazamiento forzoso en Colombia, el impacto en las mujeres Por Leila Lima
Desplazada, estima que el número
total de desplazados en Colombia se ha situado en 720.000 en los últimos
cinco años. Los departamentos más afectados son los de Antioquia,
Cundinamarca (Bogotá) Magdalena, Cauca Bolívar, Choco y
César.
Las ONG, por su lado, registran en forma acumulada a cerca de dos millones de personas en los últimos 15 años. El documento CONPES (Consejo para la Política Económica y Social) 3.057, de noviembre de 1999, estimó que existían en Colombia 400.000 personas desplazadas forzosamente y que, desde 1996, se ha desplazado anualmente un número cercano a 25.000 familias (125.000 personas). Si a esta cifra se suma la estimación de la RSS sobre el desplazamiento, habría una cifra oficial acumulada de 525.000 y 720.000 desplazados con necesidad de atención en los años 2000 y 2001 respectivamente. Estos datos indican una tendencia creciente: el desplazamiento aumenta año tras año, empobreciendo y fragmentando el país. Entre septiembre de 1995 y marzo de 2002, el Sistema Único de Registro de la RSS ha incluido a cerca de 524.000 personas, de las cuales 256.530 son mujeres, que representan el 49% del total de la población desplazada. El Sistema de Información sobre Población Desplazada por la Violencia en Colombia «RUT», del Secretariado Nacional de Pastoral Social, registró a más de 60.000 mujeres, de las cuales aproximadamente 25.000 son mestizas, 5.000 afrocolombianas y 700 indígenas. El 51,59% son niños y niñas. De este número, más de 16.000 son niños (52%) y 15.015 (48%) niñas. Las principales causas del desplazamiento en 2001, según la RSS, son: amenazas generalizadas (47%), enfrentamientos armados (22%), masacres (9%), amenazas específicas (11%) y tomas de municipios (3%). Entre los presuntos autores del desplazamiento se encuentran las Auto Defensas Civiles (AUC) y/o los grupos paramilitares (entre el 46% y el 63%), los grupos guerrilleros (entre 12% y 13%), los agentes del estado (1,18%) y agentes desconocidos (entre 19% y 24%). IMPACTO EN MUJERES Y NIÑAS
Los datos sobre niñez y desplazamiento son igualmente escasos. Según el Sistema de Información y Seguimiento al Desplazamiento —SISDES—, en 1998 el 13% de la población infantil desplazada correspondía a menores de 5 años, el 20% estaba entre 5 y 9 años, el 13% entre 10 y 14 años y el 9% entre 15 y 18 años. UNICEF estima que hay unos 6.000 menores, en su mayoría entre los 14 y los 18 años, vinculados a los grupos armados ilegales, muchos de los cuales pertenecen a familias y/o comunidades de desplazados. Evitar el reclutamiento del hijo o la hija por uno de los grupos armados es causa relativamente habitual del desplazamiento forzoso. LOS DERECHOS DE LAS MUJERES La Consulta con las Mujeres Desplazadas realizada por el ACNUR el año pasado, así como la importante visita de la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la Violencia Contra la Mujer, Radhika Coomaraswamy, permitieron calificar la información sobre las mujeres desplazadas. La Consulta trabajó los derechos de las mujeres desplazadas a la luz de los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, recogiendo hondos testimonios sobre el impacto del desplazamiento en la situación de las mujeres campesinas. El informe de la Relatora reiteró que el desplazamiento presenta formas variadas de violencia contra las mujeres, como violencia sexual e instrumentalización de las mujeres en la guerra. Si bien es cierto que las víctimas de la violación del derecho a la vida mediante ejecuciones extrajudiciales y masacres son mayoritariamente hombres, la violencia contra las mujeres y, en particular, la violencia sexual por parte de actores armados es práctica habitual en un contexto de degradación del conflicto y falta de respeto por el derecho internacional humanitario. La retención o secuestro temporal de mujeres para abusar sexualmente de ellas y la exigencia de trabajo doméstico sin contraprestación han sido también denunciadas en ocasiones.
Otro ángulo de la violencia contra las desplazadas es la violencia intra-familiar, que se agudiza por efecto del trauma del conflicto y de las condiciones en las que viven los desplazados. Una encuesta publicada por PROFAMILIA en agosto de 2001 indica que una de cada dos entrevistadas ha sido agredida físicamente por su cónyuge y que, entre las mujeres embarazadas, el 20% fue objeto de violencia física durante el embarazo. Según la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, en Colombia el porcentaje de violencia intra-familiar es del 47,2%, mientras que entre los desplazados alcanza el 62%. Los actores armados también suelen amenazar y ultrajar a las mujeres por ser solidarias con sus esposos o compañeros y por defender a sus hijos del reclutamiento forzoso. Las mujeres, en especial las del ámbito rural, tampoco acceden fácilmente ni a la documentación personal ni al registro. Las desplazadas se ven especialmente afectadas al respecto. Según algunas encuestas hechas por el ACNUR, el índice de indocumentación entre las desplazadas es muy superior al de los hombres y al de la población colombiana. Como consecuencia, tienen mayores dificultades para obtener la propiedad de la tierra, el crédito, la vivienda y los servicios de educación y salud. PROGRAMAS «PLANOS» Por lo general, los programas de atención humanitaria son «planos» y no contemplan las diferentes necesidades de hombres y mujeres. En el caso de las desplazadas, los servicios de salud tampoco son integrales, sino que tienden a concentrarse en su función reproductiva. La atención psicosocial es especialmente necesaria en el caso de las víctimas de abusos sexuales, torturas o tratos inhumanos o degradantes. Sin embargo, las mujeres suelen priorizar la atención de salud o la compra de medicinas para sus hijos y cónyuges. El hacinamiento en que viven los desplazados contribuye a un altísimo índice de embarazos entre las adolescentes. Según la encuesta de PROFAMILIA, el 30% de las desplazadas de entre 13 y 19 años han estado embarazadas alguna vez. Actualmente, el promedio de hijos que concibieron las mujeres desplazadas que hoy tienen entre 40 y 49 años de edad es de 5,3 hijos (la tasa de fecundidad urbana es de 2,3 y la rural 3,8). Como resultado de ese hacinamiento, se registra también el incremento de las enfermedades de transmisión sexual. El derecho de la población desplazada a la educación gratuita es vulnerado con frecuencia. Por lo general, las familias desplazadas no pueden solventar los costos de las matrículas, uniformes, libros y materiales. A la vez, algunos centros educativos niegan la inscripción escolar a los desplazados. Como consecuencia, sus tasas de escolarización son muy bajas. A esta situación se añade el hecho de que existen altos índices de trabajo infantil y, en el caso de las niñas, las barreras culturales, pues son ellas las responsables del cuidado de los hermanos y de la casa cuando sus padres salen a trabajar. EL RETORNO
asigna sólo a nombre del
varón, la mujer y sus hijos quedan en una situación de absoluta
precariedad con relación a la tierra cuando se produce el abandono
o la separación de la pareja.
CONCLUSIONES Las mujeres desplazadas en Colombia han
demostrado una enorme capacidad de resistencia y de lucha. Sus niveles
de participación en espacios de toma de decisiones son, por lo
general, aún incipientes. De ahí la importancia de experiencias
como las de las organizaciones de viudas desplazadas, de madres jefas
de hogar, de organizaciones de base lideradas por mujeres desplazadas
que, en diferentes partes del país, se vienen desarrollando. Es
imperativo que las Naciones Unidas y el ACNUR apoyen de forma decisiva
los procesos organizativos de las mujeres desplazadas, que, a traves estas
experiencias, buscan alternativas de solución a sus cotidianos
dramas. Son formas concretas de apoyar la participación política,
la promoción de los derechos humanos, la institucionalidad y la
gobernabilidad democrática en Colombia. Leila Lima es ex-Representante
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