Una vida al límite La relación entre los refugiados y el entorno en el que sobreviven ha entrado en una etapa especialmente crítica Por Ray Wilkinson
nea -los campos de la muerte de
Ruanda-, prepararon el terreno para otro choque espectacular, esta vez
entre el hombre y su medio ambiente.
Casi de la noche a la mañana, surgieron inmensas ciudades en las llanuras de Tanzania a medida que los refugiados se resguardaban presos del pánico en tiendas enviadas precipitadamente por vía aérea, en endebles chozas de ramas o, simplemente, en huecos excavados en la tierra. A la sombra de volcanes que seguían retumbando, otros refugiados se acomodaron en la cumbre y en las hendeduras de antiguas corrientes de lava, con unas cenizas tan duras que ni siquiera la dinamita hacía mella en su superficie. En la vecina Zaire (actualmente República Democrática del Congo) ciudades como Goma y Bukavu se vieron desbordadas por masivas llegadas, al principio frenéticas y luego agotadas, de asustados exiliados.
Una línea divisoria Las llegadas masivas de civiles producen siempre un fuerte impacto sobre los campos vecinos en los que buscan seguridad. Pero, al contrario que en otros éxodos anteriores, los sucesos en la región africana de los Grandes Lagos a mediados de los 90 se convirtieron en una especie de línea divisoria ecológica. La Alta Comisionada japonesa del ACNUR, Sadako Ogata, había preparado el terreno en 1992 cuando hizo la declaración posiblemente más completa hasta el momento sobre la vinculación del azote de la degradación medioambiental y los refugiados. Ogata amplió el debate ante la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, advirtiendo que, aunque es bien sabido que los movimientos de refugiados pueden provocar destrucciones ecológicas, la degradación medioambiental pone a menudo en marcha la crueldad del ciclo entero, ya que, cada vez con mayor frecuencia, el primer motivo que obliga a los civiles a huir es este fenómeno. "Durante mucho tiempo se ha pasado por alto la relación entre refugiados y el medio ambiente", dijo, prometiendo que su agencia se implicaría más profundamente al respecto. Ruanda puso de manifiesto el problema ante una audiencia mundial. La orgía de muertes fue el genocidio mejor documentado de la historia. Un inmenso número de personas aterrorizadas huyeron luego de los campos de la muerte hacia un extremadamente bello aunque frágil ecosistema, donde sus constantes calamidades fueron objeto de un bombardeo mediático sin precedentes. Estos hechos, unido a una mayor concienciación general sobre las cuestiones medioambientales, dieron como resultado, quizás por vez primera, un reconocimiento internacional generalizado del vínculo refugiados-ecología. Se enviaron miles de millones de dólares en ayuda regular -comida, agua, techo, medicinas- por tierra y aire a la región afectada en un momento en que miles de personas morían de agotamiento, cólera y otras enfermedades. Y cuando quedó claro que los refugiados se quedarían meses o años más que semanas, las organizaciones humanitarias volvieron también su mirada hacia algunos de los nacientes problemas medioambientales. Para evitar una mayor destrucción de los bosques de Zaire, el ACNUR contrató 100 camiones para transportar leña a los campamentos y destinó 2,5 millones de dólares a un proyecto similar en Tanzania. Además de programas "normales" como plantar árboles, proporcionar hornillos energéticamente eficientes o ayudar a la gente a cultivar sus productos, la agencia promovió otros proyectos menos usuales. Financió, por ejemplo, el readiestramiento y reequipamiento de los guardabosques del parque para proteger especies botánicas de un valor incalculable y a los gorilas de montaña, ayudando asimismo a rehabilitar un observatorio local de volcanes, que, entre otras cosas, vigilaba el siniestro runruneo del cercano Monte Nyiragongo. El volcán no estalló entonces, pero a principios de año arrojó un vasto mar de lava fundida por sus laderas, enterrando virtualmente la ciudad de Goma y obligando a huir a decenas de miles de civiles llenos de pánico. Hacerse global
Demostrando la creciente importancia
de la cuestión, el gobierno japonés subvencionó el
nombramiento de tres coordinadores medioambientales sucesivos para el
cuartel general de la organización en Ginebra.
|
||||||||||||||
| <<Índice de la revista | ||||||||||||||