| T E M A   D E   P O R T A D A |

Un artículo imprescindible para sobrevivir...

Es extremadamente valioso, caro… y polémico

Por Ray Wilkinson

Es posiblemente uno de los artículos de consumo más preciados en el equipo de supervivencia de un refugiado. Millones de personas lo necesitan para preparar sus comidas. Otros lo usan para defenderse contra las temperaturas de varios grados bajo cero en las noches invernales de los Balcanes o Rusia. La reconstrucción de Afganistán depende de él.

Todo ello explica por qué existe tanta polémica en torno a la obtención y el envío de madera. Ésta no es sólo extremadamente valiosa, sino también cara, y ha sido el centro de innumerables debates medioambientales y políticos que abarcan desde la destrucción de tierras de bosque virgen a la prevención de violaciones en los campamentos de refugiados.

En los países en desarrollo, la mayoría de la gente utiliza leña para cocinar, de forma que, cuando se instala un campo de refugiados importante, una de las prioridades inmediatas es localizar una fuente de madera. Cuando oleadas de personas aterradas huyeron de Ruanda a Tanzania y Zaire en los 90, resolvieron el problema invadiendo las reservas de caza cercanas y cercenando cientos de kilómetros cuadrados de bosque.

Las agencias humanitarias intentaron detener la destrucción enviando suministros en camiones, pero las operaciones demostraron ser prohibitivas y sólo tuvieron un éxito parcial.

En Europa, se gastaron millones de dólares en la compra e importación de leña para los refugiados kosovares en 1999 y se han destinado muchos millones más para comprar madera, de lugares tan alejados como Sudáfrica y Tanzania, para ayudar en el masivo programa de reconstrucción de Afganistán.

Mujeres vulnerables reciben gratuitamente una ración de leña. UNHCR/R. WILKINSON/CS•KEN•2002

 

Pero muchos de los proyectos en los que hay madera implicada, independientemente de sus buenas intenciones, se convierten también en fábulas aleccionadoras.

Cuando se produjo el colapso de Somalia a principios de los 90, muchos civiles huyeron al paisaje semiárido de la vecina Kenia y se establecieron en un complejo de tres campamentos conocido como Dadaab.

Las mujeres y las niñas pasaban el día recorriendo los páramos cercanos en busca de leña, pero la zona estaba llena también de bandas armadas decididas a violarlas.

Programa de leña

En un intento por rebajar el número de ataques sexuales, reduciendo el número de salidas de las mujeres fuera de los campamentos, y de disminuir el impacto medioambiental de sus incursiones para recoger madera, Estados Unidos financió un programa de leña de 1,5 millones de dólares para proporcionar de forma gratuita a las familias cerca de un 30 por ciento de sus necesidades de cocinado.

El ACNUR gasta actualmente 800.000 dólares en la continuación de un proyecto que, pese a todo, está sumido en la polémica.

Un estudio reciente concluía que apenas se habían producido daños medioambientales a largo plazo y que, gestionado cuidadosamente, había suficiente leña en un radio de 30 kilómetros para abastecer las necesidades de los refugiados.

Un segundo estudio arrojaba dudas sobre su efectividad a la hora de combatir las violaciones. Aunque ciertamente hubo una reducción del 45 por ciento en el número de violaciones relacionadas con la recogida de leña en el momento en que empezó a distribuirse madera gratuita, señalaba el informe, se produjo un aumento correspondiente de entre 78% y 113% en las violaciones en otros lugares y contextos.

Los críticos del programa sostenían que los fondos podían emplearse más efectivamente en la mejora de la seguridad de los campamentos y en la concienciación comunitaria y cultural de estas cuestiones.

Muchos de los proyectos en los que hay madera implicada, independientemente de sus buenas intenciones, se convierten también en fábulas aleccionadoras.

Ese planteamiento, sin embargo, suscitó voces de protesta de las mujeres refugiadas, los representantes locales y los hombres de negocios.

En una reunión, un tembloroso representante del ACNUR dijo: “Las mujeres protestaban abiertamente, insultando a gritos, hablando de derechos humanos e insistiendo en que el programa estaba funcionando. Creo que querían lincharnos”.

Los lugareños defendían el proyecto igualmente indignados. En una región muy pobre, el programa de leña es la mayor fuente de empleo y un negocio lucrativo para los contratistas. Si se detuviera por cualquier razón, tendría un importante efecto sobre la comunidad local así como sobre los refugiados.

Los distintos puntos de vista surgen todos de la necesidad de gestionar los recursos naturales de forma más racional. “Esto es como andar sobre la cuerda floja”, comentaba un responsable humanitario. “Es muy difícil mantener el equilibrio entre las partes contendientes y resulta muy fácil caerse”.

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