Un artículo imprescindible para sobrevivir... Es extremadamente valioso, caro… y polémico Por Ray Wilkinson Es posiblemente uno de los artículos de consumo más preciados en el equipo de supervivencia de un refugiado. Millones de personas lo necesitan para preparar sus comidas. Otros lo usan para defenderse contra las temperaturas de varios grados bajo cero en las noches invernales de los Balcanes o Rusia. La reconstrucción de Afganistán depende de él. Todo ello explica por qué existe tanta polémica en torno a la obtención y el envío de madera. Ésta no es sólo extremadamente valiosa, sino también cara, y ha sido el centro de innumerables debates medioambientales y políticos que abarcan desde la destrucción de tierras de bosque virgen a la prevención de violaciones en los campamentos de refugiados.
Pero muchos de los proyectos en los que hay madera implicada, independientemente de sus buenas intenciones, se convierten también en fábulas aleccionadoras. Cuando se produjo el colapso de Somalia a principios de los 90, muchos civiles huyeron al paisaje semiárido de la vecina Kenia y se establecieron en un complejo de tres campamentos conocido como Dadaab. Las mujeres y las niñas pasaban el día recorriendo los páramos cercanos en busca de leña, pero la zona estaba llena también de bandas armadas decididas a violarlas. Programa de leña En un intento por rebajar el número de ataques sexuales, reduciendo el número de salidas de las mujeres fuera de los campamentos, y de disminuir el impacto medioambiental de sus incursiones para recoger madera, Estados Unidos financió un programa de leña de 1,5 millones de dólares para proporcionar de forma gratuita a las familias cerca de un 30 por ciento de sus necesidades de cocinado. El ACNUR gasta actualmente 800.000 dólares en la continuación de un proyecto que, pese a todo, está sumido en la polémica. Un estudio reciente concluía que apenas se habían producido daños medioambientales a largo plazo y que, gestionado cuidadosamente, había suficiente leña en un radio de 30 kilómetros para abastecer las necesidades de los refugiados. Un segundo estudio arrojaba dudas sobre su efectividad a la hora de combatir las violaciones. Aunque ciertamente hubo una reducción del 45 por ciento en el número de violaciones relacionadas con la recogida de leña en el momento en que empezó a distribuirse madera gratuita, señalaba el informe, se produjo un aumento correspondiente de entre 78% y 113% en las violaciones en otros lugares y contextos. Los críticos del programa sostenían que los fondos podían emplearse más efectivamente en la mejora de la seguridad de los campamentos y en la concienciación comunitaria y cultural de estas cuestiones.
Los distintos puntos de vista surgen todos de
la necesidad de gestionar los recursos naturales de forma más
racional. “Esto es como andar sobre la cuerda floja”, comentaba
un responsable humanitario. “Es muy difícil mantener el
equilibrio entre las partes contendientes y resulta muy fácil
caerse”. |
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