2002
Un repaso del año

Número 117• 2002
ARTÍCULOS
Crisis prolongadas
Crisis sin final ni solución
Mapa


Editorial

Un rayo de luz al final del túnel

Angola es un país rico en potencia, abundante en minerales, petróleo y tierra fértil. Pero en más de un cuarto de siglo de conflicto, cientos de miles de personas han muerto, un número similar han quedado mutiladas por las minas y más de cuatro millones de civiles han huido de sus hogares mientras el país estallaba en pedazos.

La larga guerra civil en Angola podría estar llegando a su fin.
© S . SALGADO
En los primeros momentos de la guerra, Angola era el centro de grandes intrigas de poder, un campo de batalla que atrajo a Estados Unidos, la Unión Soviética, Europa, Sudáfrica e incluso Cuba. Pero cuando acabó la guerra fría, Angola perdió su importancia estratégica, los diplomáticos y los periodistas volvieron a sus casas y la traumatizada población del país se deslizó hacia lo que el lenguaje oficial denomina con bastante torpeza un episodio humanitario prolongado.

En realidad, estas crisis persistentes pueden durar años e incluso décadas, sin un final o una solución aparente.

Y aquí es cuando se pone en marcha un círculo vicioso. Porque duran tanto tiempo que los donantes pierden interés en dar, el mundo de fuera pierde interés en saber, disminuyen  los  esfuerzos por resolver las causas profundas de la crisis y entonces se vuelven aún más difíciles de resolver y, por tanto, más “prolongadas”.

Las emergencias de mayor perfil, como las de los Balcanes, Ruanda y Timor, han dominado los titulares de los diarios durante años, y resulta por tanto sorprendente darse cuenta de que un total de dos tercios de los refugiados bajo la tutela del ACNUR están de hecho atrapados cada año en este otro tipo de problemas infrasubvencionados, casi olvidados, que se extienden por más de 20 países en África, el océano Índico y Asia central.

Ahora se empieza a prestar más atención a la investigación de los orígenes de estas guerras y a la forma en que pueden ser resueltas para conseguir que las víctimas civiles regresen a sus hogares.

Y como manifiestan las dos historias principales de este número de la revista, también hay buenas noticias. Las armas han guardado silencio en la propia Angola y la gente empieza a volver poco a poco. Lo mismo puede decirse de la igualmente larga guerra civil de Sri Lanka, donde las primeras personas del millón de desplazados han empezado a reconstruir sus vidas.

El mayor avance de 2002 se produjo en Afganistán, donde más de dos millones de civiles abandonaron su exilio y volvieron en masa a sus antiguos pueblos y ciudades tras la caída de los talibanes y la formación de un nuevo gobierno.

El año pasado hubo importantes reveses humanitarios, especialmente en África, y las secuelas de los atentados terroristas contra Estados Unidos en septiembre de 2001 siguieron proyectando una larga sombra.

Pero muchos más afganos, cingaleses y angoleños están dispuestos a dar a la paz una oportunidad en el año nuevo. ¿Y quién sabe? Puede que los avances en esos conflictos previamente interminables inciten al progreso en otros rincones oscuros del mundo.