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2002 – Buenas Noticias Malas Noticias

Grandes avances en Afganistán, Angola y Sri Lanka… pero un duro trabajo por delante

Regresaban a pie u ocasionalmente a caballo. Venían hacinados en camionetas, ciclomotores y autobuses. Grupos de familias rodeados de asnos, maletas, antenas parabólicas y enormes vigas de madera de sus antiguas casas, colgando precariamente de lo alto de los convoyes de camiones, como las góndolas de un recinto ferial lleno de gente, envueltas en un caleidoscopio de colores.

El viaje duró días, a veces semanas, a través de una vasta cuenca de torbellinos arenosos por el oeste y a lo largo de una de las “autopistas” con más baches del planeta por el este. Nacieron bebés por el camino, en centros que a veces recibían a 10.000 personas por día. Hubo quienes se precipitaron a su propia muerte desde el convoy y los señores de la guerra y los bandidos acechaban atentos durante la ruta.

Después de 23 años de guerra y de la peor sequía que se recuerda, muchos viajeros eran recibidos a su regreso con escenas extraídas del Infierno de Dante. “Mira mi pelo. Se me puso blanco al verlo”, decía un granjero anciano y canoso al regresar a su pueblo por primera vez en diez años. “¿Cómo voy a vivir en este lugar? ¿Cómo voy a alimentar a mi familia?” Otro se lamentaba de las glorias del pasado y de la actual incertidumbre: “Si un muerto hubiese venido a mi huerta, habría revivido de lo bonito que era el sitio. Yo antes vivía como un rey aquí. Mira ahora. Nada más que destrucción y muerte”.

UNHCR/N.BEHRING/DP/AFG•2002

 

Pero a pesar de los sollozos, los peligros, las penalidades físicas y la masiva destrucción a su alrededor, los responsables humanitarios recuerdan, casi con un temor reverencial, que esta operación, caótica y a menudo de aspecto deslavazado, ha sido relativamente ordenada, eficiente y “un éxito asombroso”.

Después de todo, más de dos millones de personas han vuelto en masa a uno de los más desolados y peligrosos lugares de la Tierra a lo largo del año, el doble de lo que se había calculado.

Regresando a casa en Afganistán. UNHCR/N.BEHRING/DP/AFG•2002

El mayor retorno

Este retorno a Afganistán es, de hecho, la mayor repatriación de refugiados en tres décadas, desde que 10 millones de personas huyeron a la India a principios de los 70 desde una región del este de Pakistán y volvieron luego al recién creado estado de Bangladesh. También ha dejado atrás pequeñas repatriaciones posteriores como las de Kosovo y los Grandes Lagos de África central en los 90.

“Fue una gran apuesta”, asegura Filippo Grandi, jefe de operaciones del ACNUR en Afganistán, cuando recuerda las incertidumbres de aquellos primeros días en 2002. “Pero las cosas han cambiado enormemente. Puedes verlo en las calles de Kabul, en los atascos de tráfico. El nuevo Afganistán es más y más una realidad, y no simplemente una especulación en la mente de cada uno”.

El rápido cambio en la situación de Asia central, desatado por los atentados terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, la consiguiente respuesta militar y la caída de los rigurosos gobernantes talibanes de Afganistán, han dominado sin duda los titulares.

Pero también ha habido otros acontecimientos significativos -tanto buenos como malos- durante un año que el Alto Comisionado, Ruud Lubbers, ha calificado de “mezcla surtida”.

El número de personas bajo la tutela del ACNUR descendió casi dos millones el año anterior, justo por debajo de los 20 millones. Las cifras han seguido bajando en 2002, impulsadas especialmente por los retornos afganos, y Lubbers predice en una entrevista (ver) que esta tendencia tiene aspecto de continuar. Sólo ocho años antes la agencia ayudaba a más de 27 millones de personas en todo el mundo.

Y mientras que la caída en el cómputo global de personas necesitadas de ayuda es alentadora en sí misma, igualmente positivo es el hecho de que gran parte de estos progresos se hayan producido en algunos de los puntos más problemáticos del mundo, en conflictos que el lenguaje oficial describe como “situaciones prolongadas”.

De los más de 10 millones de refugiados bona fide a los que el ACNUR ayuda actualmente (la agencia también cuida de un número similar de civiles en circunstancias ligeramente distintas), dos tercios del total se encuentran atrapados en estos episodios de larga duración que llevan años o décadas en ebullición sin una solución o un final aparente (ver).

Lubbers dice que en vez de centrarse en emergencias de alto perfil y de, en realidad, “correr para seguir en el mismo sitio”, la  comunidad  internacional debería prestar una mayor atención a estas crisis prolongadas, que se suelen pasar por alto y resultan impopulares. Sólo entonces se producirá un impacto realmente significativo en los esfuerzos por ayudar a todas las poblaciones desarraigadas del planeta.

Las conversaciones de paz lograron poner fin a la larga guerra civil que afligió a Sri Lanka, motivando a miles de personas a regresar.
UNHCR/R.CHALASANI/CS/YUG•2001

 

Armas en silencio

Afganistán se considera una “situación prolongada”, pero la paz también ha florecido en otros puntos en crisis perpetua.

Cientos de miles de personas han encontrado la muerte durante un cuarto de siglo de guerra en Angola y más de cuatro millones han resultado desplazadas, pero las armas guardan silencio tras un nuevo acuerdo de paz entre el Gobierno y la guerrilla del movimiento rebelde UNITA. Otras treguas anteriores fracasaron, pero a raíz de la muerte del líder de UNITA, Jonas Savimbi, esta de ahora podría sobrevivir y un país roto en pedazos empezaría a poner los remiendos para la unificación.

Niños jugando entre los despojos de la guerra en Angola. Pero hay signos esperanzadores para uno de los conflictos más largos del mundo.
UNHCR/M.KOBAYASHI/CS/LKA•1999

A través de un paisaje que mantiene su impresionante belleza, chamuscado por las siluetas de miles de aldeas quemadas y sembrado con millones de minas, la gente, a veces figuras desamparadas y solitarias, a veces grandes grupos de harapientos, ha empezado la búsqueda de hogares que posiblemente ya no existan. La desnutrición y el hambre acechan esta tierra, amenazando su vuelta a casa. Miles de personas, desesperadas por averiguar el paradero de maridos, mujeres, padres e hijos perdidos, han aparecido en un programa estatal de televisión que, aportando un grano de arena, intenta reunificar a una nación herida durante su emisión semanal.

La población de Sierra Leona luce todavía las cicatrices -literalmente hablando- de su propia década de guerra y horrores. Decenas de miles de civiles han quedado mutilados por los rebeldes, muchos de ellos niños o niñas soldado, pero a medida que este estado de África occidental sale lentamente de su pesadilla, más de 200.000 personas han regresado al país. Durante las elecciones, un joven votante con los brazos cortados resumía la brutalidad del pasado y la esperanza del futuro con una cita memorable: “Yo antes votaba con las manos. Hoy lo he hecho con el dedo del pie”.

Sri Lanka era descrita en tiempos como la Perla del océano Índico, pero durante dos décadas de una guerra civil igualmente despiadada, en la  que

han perecido unas 65.000 personas, ha adoptado un nombre más sombrío, la Lágrima de Buda. Las facciones contendientes han proclamado aquí también un alto a la carnicería en 2002 gracias a una tregua negociada por mediadores noruegos, de forma que las primeras personas del casi millón de desplazados, a bordo de autobuses de época, chevrolets de la Segunda Guerra Mundial y de otras piezas de museo cuidadosamente preservadas, han cruzado la antigua línea del frente militar en dirección a sus casas abandonadas.

Timor Oriental ha conseguido la total independencia. Un cuarto de millón de personas han regresado al país y la situación interna ha mejorado lo suficiente como para que el ACNUR invoque la cláusula de cesación de la Convención de Refugiados de 1951, un mecanismo poco conocido mediante el cual la agencia reconoce que la gran mayoría de los ciudadanos desplazados no necesitan ya el estatuto de refugiado y deben volver a sus pueblos y ciudades. Se ha hecho igualmente uso de esta cláusula para los refugiados eritreos que viven en Sudán. Ambas medidas han entrado en vigor a finales de 2002.

En los Balcanes, después de más de una década en la que ha tenido una participación activa, la agencia ha continuado con la retirada de sus operaciones. Puede que en el futuro próximo se encuentre prácticamente fuera de la región, según palabras de Lubbers, que ha declarado que hay que trasladar la atención desde las operaciones de refugiados a la reintegración y reconstrucción a largo plazo. Más de 2,2 millones de civiles han regresado a su hogar en los últimos años y Paddy Ashdown, el actual Alto Representante en Bosnia-Herzegovina, describe el papel que la ONU ha desempeñado allí como “uno de los éxitos más desconocidos de la era posterior a la guerra fría”.

Pese a los sollozos, los peligros, las penalidades físicas y la destrucción masiva, esta operación, caótica y a veces deslavazada, ha resultado al final relativamente ordenada, eficiente y un “éxito asombroso”.

Protección enérgica

En la reunión mundial más importante sobre refugiados desde hace medio siglo celebrada en Ginebra a finales de 2001, unos 127 países adoptaron una declaración histórica que reafirmaba la validez de la Convención sobre los Refugiados de 1951. Durante el encuentro se reconoció la “importancia imperecedera” y la “relevancia y adaptabilidad” de la Convención, descrita por Lubbers como el tratado “de la inmunidad frente al miedo”.

Cimentándose en dicho apoyo, la agencia para los refugiados ha plasmado lo que ha venido a denominar la Agenda de Protección, una guía para gobiernos y organizaciones humanitarias en sus esfuerzos por fortalecer la ayuda proporcionada a los refugiados.

Erika Feller, jefa del Departamento de Protección Internacional del ACNUR, describe la Agenda como una “plataforma sobre la que desarrollar nuestras estrategias de protección. No supone un precedente en sí misma, sino más bien un marco de trabajo que contiene las líneas maestras, las directivas generales y las actividades base que cada oficina debe adaptar a sus propias exigencias sobre el terreno”.

A principios de 2002 el pronóstico de la Agenda no era bueno. El mundo seguía tambaleándose ante las consecuencias de lo que ya se conocía comúnmente como el 11/9, los atentados terroristas en Estados Unidos. Partes de Europa y Asia se habían visto desbordadas por el miedo y las duras palabras contra inmigrantes, solicitantes de asilo y refugiados, a menudo metidos en un mismo saco bajo el simple calificativo de “extranjeros”.

Ante esta situación, Volker Turk, jefe del equipo de asesoramiento legal y protec-

Refugiados sudaneses huyen del conflicto en el Norte de Uganda.
UNHCR/B. PRESS/CS•KEN•2002

 

ción del ACNUR, señala que ha sido “un pequeño milagro que hayamos llegado tan lejos como lo hemos hecho”, añadiendo que “al principio había muchas personas en contra que predecían que el proceso estaba condenado de antemano. Ahora esta oposición se ha evaporado”.

Según Lubbers, ha habido tres asuntos importantes que se han repetido a lo largo del año: la necesidad de una mejor protección en el nuevo contexto migratorio, una búsqueda más enérgica de soluciones permanentes para las personas desarraigadas del mundo y un sistema más equitativo de “distribución de cargas” entre donantes, países de asilo -esos estados que albergan al grueso de los desplazados- y las regiones hostigadas de las que huyen los refugiados.

Proyectando su sombra sobre todas las cosas se encuentran las persistentes secuelas de los atentados terroristas del 11 de septiembre. Como luego se vio, no han sido tan severas como se temía, aunque siguen existiendo “graves efectos negativos”.

 

Al tiempo que subraya la trascendencia del documento ginebrino de 1951, y como complemento directo de la Agenda, Lubbers ha puesto en marcha lo que llama el plan “Convención Plus” para reforzar el tratado en esas tres áreas, intentando, en concreto, implicar a la agencia en una búsqueda más activa de soluciones. “2002 es el año en que el ACNUR se ha convertido en parte de la solución”, asegura.

Lubbers va a convocar un foro de expertos que servirá de guía en estas cuestiones y también ha puesto en marcha el denominado Proceso 2004, básicamente una revisión de la capacidad de la organización para cumplir con su mandato, cuyos resultados se incorporarán en el próximo mandato de cinco años de la agencia.

La propia Convención ha recibido un apoyo suplementario. Tres nuevos países, Saint Kitts-Nevis, Moldavia y Ucrania, se han convertido en signatarios durante el año, elevando el total a 144.

El primer anuario estadístico del ACNUR, publicado a finales de 2002, proporciona una buena visión de los desplazamientos forzosos en el mundo durante la pasada década y los datos reunidos podrían influir sobre el futuro debate humanitario.

Destaca, por ejemplo, que si bien los países en vías de desarrollo han generado el 86 por ciento de los refugiados mundiales durante ese periodo, las naciones pobres también han proporcionado asilo a un 72 por ciento, una cifra que pone de manifiesto “la responsabilidad de los estados industrializados a la hora de compartir la protección internacional de los refugiados”.

Excluyendo a estos mismos países industrializados, entre 1992-2001 ha habido 10,7 nuevos millones de refugiados y en el mismo periodo 14,1 millones de ellos han vuelto a sus países. Alrededor del 40 por ciento de las personas bajo la tutela de la agencia han vivido en campamentos organizados.

Reveses y decepciones

Una reunión sin precedentes entre Estados y diversas organizaciones, realizada en Ginebra, permitió adoptar un Programa para la protección de los refugiados. UNHCR/S.HOPPER/CP/CHE•2001

De lo que no hay duda es de que han habido reveses y decepciones en 2002. Algunas zonas de África seguían en llamas, o al menos en ebullición, por los conflictos de larga duración que permanecen sin resolver.

La guerra en Liberia ha estallado periódicamente y no da señales de acabar. La vecina Costa de Marfil, uno de los países más estables de la región en otros tiempos, se ha precipitado en un conflicto civil que amenaza en ocasiones con desestabilizar toda la costa occidental de África.

Pese a los esfuerzos de paz regionales e internacionales casi constantes, una gran franja del África central, incluida la cuenca del Congo y Burundi, ha oscilado entre unas renovadas esperanzas de paz y una mayor anarquía. Tanzania, una de las naciones más pobres del mundo, alberga una de las mayores concentraciones mundiales de refugiados, increíblemente un millón de personas, algunas de las cuales llevan varias décadas en el exilio. Esta presencia continua ha aumentado los llamamientos de políticos y líderes comunitarios tanzanos a los refugiados para que vuelvan a su país hoy o, preferiblemente, ayer.


En una aparición estelar surrealista, grupos de burundeses y congoleños han regresado a sus hogares en las zonas de esos países donde había una paz momentánea, mientras que otros civiles huían en dirección contraria hacia el exilio desde zonas donde proseguían las luchas.

Este batiburrillo de movimientos contradictorios se ha repetido en el Cuerno de África y en las zonas circundantes. Unos 25.000 refugiados somalíes han abandonado su exilio etíope y se han dirigido a sus antiguas aldeas pese a que algunas zonas de su patria ancestral siguen clasificadas entre las poblaciones más peligrosas del planeta. Los refugiados eritreos han seguido con su lenta repatriación desde Sudán. Pero cientos de miles de habitantes del propio Sudán seguían sin poder acceder a sus casas mientras proseguían las tortuosas conversaciones de paz entre Jartum y los rebeldes. Hordas de hombres y mujeres armados han aterrorizado los campos de refugiados y otras comunidades en el norte de Uganda desde sus refugios del sur de Sudán.

En el alejado noroeste del continente, 150.000 refugiados del antiguo territorio español del Sáhara Occidental esperan sentados en sus tiendas y chozas, sintiéndose olvidados y abandonados por el mundo exterior y utilizados a menudos como peones por los poderes regionales.

“África se encuentra en la encrucijada, entre una cosa y otra”, dice David Lambo, jefe del bureau africano del ACNUR. Pero si el presente y el futuro permanecen en la incertidumbre, Lambo cree que es preciso un contexto más amplio para juzgar el progreso de África. “Después de todo, a principios de los 90, había más de seis millones de refugiados en el continente”, indica este funcionario de origen nigeriano. “Ahora hay unos 3,3 millones. Siguen siendo demasiados, pero no debemos subestimar estas victorias aisladas”.

Colombia, el peor caso humanitario del hemisferio occidental, ha seguido su deterioro tras el colapso del frágil proceso de paz entre Bogotá y las fuerzas  de

El ACNUR cesa la protección para los eritreos ante la mejora significativa de las condiciones en el país.
UNHCR/S.BONESS/CS/ERI•2001

 

la oposición a principios de año. Desde 1985, al menos dos millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y sólo el año pasado huyeron cerca de 200.000. Muchas siguen atrapadas en el interior del país, pero un número cada vez mayor huye a Ecuador, Venezuela, Panamá y otros estados vecinos.

Cuando algunos países introdujeron visados obligatorios para los colombianos, el ACNUR emitió un nuevo conjunto de directrices para gobiernos y defensores de los refugiados sobre los requisitos necesarios para los solicitantes de asilo de dicho país. En ellas se señala que, dada la situación por naturaleza insegura de Colombia, muchas personas no tienen otra alternativa más que buscar refugio en otro país.

Por todo el mundo, el destino de 269.000 refugiados de Azerbaiján o de 110.800 refugiados del montañoso estado de Bhutan se encuentra más lejos que nunca de su resolución, mientras que el sangriento conflicto existente en Chechenia se puso de manifiesto de forma truculenta con la toma de un teatro en el centro de Moscú y la posterior muerte de docenas de civiles y de sus secuestradores chechenos cuando las fuerzas especiales asaltaron el recinto.

Cerca de un millón de personas permanecen desplazadas en los Balcanes, principalmente

La agencia para los refugiados ha plasmado una agenda de protección para ayudar a gobiernos y organizaciones humanitarias a fortalecer su ayuda a los refugiados.
serbios de Croacia y Kosovo que viven actualmente en la República Yugoslava de Serbia y Montenegro. Pese a los agonizantes esfuerzos por impulsar el regreso de casi un cuarto de millón de serbios a Kosovo, pocos se han atrevido a hacer el camino de vuelta. Una monja de la ciudad de Pec ponía en ridículo las pretensiones de que la situación es segura para ellos: “¿Cómo puedes decir que la seguridad ha mejorado cuando aquí no hay prácticamente ningún

En los Balcanes, después de más de una década de participación activa, la agencia ha continuado con la retirada de sus operaciones y podría encontrarse prácticamente fuera de la región en un futuro cercano.

 

serbio y los pocos que han vuelto viven en ratoneras?”.

Unos 25 millones de personas -dos veces el número de refugiados- se han visto obligadas a abandonar sus hogares dentro de su propio país. Aunque los llamados desplazados internos no entran directamente bajo el mandato del ACNUR, la agencia ayuda a unos 5,3 millones. El resto vive sin ayuda o reconocimiento internacional, siendo a menudo víctimas de las políticas discriminatorias de sus propios gobiernos. Desde comienzos del nuevo milenio se ha agudizado el debate, pero pocos han sido los avances en torno a quién o qué organizaciones deben en última instancia ser las responsables de la protección de esta gente.

 

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