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AFGANISTÁN, Agenda de Protección, EUROPA, LIBERIA

El Alto Comisionado, Ruud Lubbers, hace repaso de un año turbulento



REFUGIADOS: ¿Qué ha significado 2002 para los refugiados y para el propio ACNUR?

Lubbers: Ha sido un año duro, básicamente una mezcla tanto de lo malo como de lo bueno. La parte positiva es que casi dos millones de refugiados y de desplazados internos han regresado a sus hogares en Afganistán. Ha sido la mayor repatriación de refugiados en tres décadas. De repente ha llegado la paz a Angola. Y a Sri Lanka y Sierra Leona. Timor Oriental ha conseguido la independencia. El número de personas de incumbencia de la agencia disminuyó en cerca de dos millones en 2001 y la tendencia ha continuado en 2002. Todo esto son acontecimientos positivos.

¿Y las malas noticias?

Algunos países, Liberia y Costa de Marfil por ejemplo, han estado en llamas durante parte del año. Han continuado los problemas en Burundi, Sudán, Somalia y la República Democrática del Congo. Millones de refugiados han permanecido atrapados en crisis de larga duración en lugares como el Sáhara Occidental y Bhutan.

La situación en Sierra Leona parecía no tener solución, pero ahora jóvenes retornadas aprenden nuevas destrezas en la capital, Freetown. UNHCR/L.TAYLOR/CS/SLE .2001

 

¿Cuál es la situación en los Balcanes?
Más de dos millones de civiles han regresado a sus hogares en los últimos años y (aunque sigue habiendo más de un millón de personas desplazadas) 2002 ha sido particularmente significativo para el ACNUR. Comenzamos el año con una enorme operación, un reflejo de los acontecimientos del pasado, pero para finales de año habíamos empezado la retirada. Lo importante ahora no son los refugiados, sino la reconstrucción.

¿Cuánto tiempo permanecerá el ACNUR en la región?
Pienso que nos quedaremos en Bosnia-Herzegovina quizás otro año más y no mucho más tiempo en Serbia. Ahora hay una situación muy interesante. ¿Hasta qué punto se puede convencer a los civiles serbios desplazados (aproximadamente 700.000 personas) de que no todo el mundo puede volver a sus casas? Habrá un número de personas que no puedan volver a zonas cercanas, especialmente a Kosovo.

El número de personas de incumbencia del ACNUR descendió dos millones en un año. Y la tendencia debería continuar en el futuro.

 

¿Qué otras tendencias importantes se han dado durante el año?
Estamos avanzando para poner en marcha una Agenda de Protección y para reforzar la Convención de Refugiados de 1951 en aquellos capítulos que no están cubiertos adecuadamente en la actualidad, a través de un proceso que denomino “Convención Plus”. Este tipo de planteamientos permitirá que la comunidad humanitaria internacional mejore la protección al refugiado, promueva mejores soluciones a largo plazo a través de los programas perfeccionados de reintegración en los países de origen, de integración local en los países de asilo o de ampliación del reasentamiento permanente en terceros países. Habría que establecer acuerdos especiales con la intención de que la “carga compartida” de responsabilidades sea más equitativa entre los donantes y los países que albergan a un gran número de desplazados o solicitantes de asilo. Vamos a crear un foro de expertos para desarrollar estas ideas.

Puede que lleve años consolidar los éxitos iniciales en Afganistán y ya hay una cierta preocupación de que la comunidad internacional vuelva a dejar al país abandonado.
No lo creo. Ahora hay que trasladar la atención y ponerla más en la reintegración de los civiles que regresan y en mantenerlos en el país.

Pero a medida que pasa el tiempo desaparece la denominada “fase atractiva” de una operación y lo mismo ocurre con el dinero.
Veremos. Hemos solicitado casi 200 millones de dólares para 2003 y, toquemos madera, los vamos a conseguir. La situación es manejable. Recordemos también que para las economías maduras es cada vez más difícil encargarse de un gran número de refugiados y solicitantes de asilo en sus países. Lo que esto implica, si se quiere reducir ese número, es que hay que encontrar soluciones en las regiones afectadas e introducir programas de reintegración fructíferos, por ejemplo en Afganistán. He de explicar que las naciones industrializadas deberían asignar parte del dinero que gastan en sus propios países a solucionar los casos de refugiados a nivel regional. Europa gasta miles de millones de dólares en refugiados y en los problemas de asilo que afectan el continente. Sólo con un 10-20 por ciento de ese dinero se podrían subvencionar muchas soluciones globales para los refugiados.

Existen grandes esperanzas de paz en Angola, ¿pero querrán los donantes dar dinero a un país con fama de padecer una corrupción generalizada?
Angola va a ser un tema difícil. Posee recursos minerales y petróleo y es potencialmente rico. Es difícil convencer a los países para que den dinero, pero tal vez comprendan que el ACNUR tiene que ofrecer asistencia técnica para traer a la gente de regreso. No estamos hablando de cientos, sino de docenas de millones de dólares.

¿Tienen los gobiernos intención de invertir para desarrollar soluciones permanentes, especialmente en problemáticas de refugiados que pueden tener décadas de antigüedad?
No es fácil. La economía global es débil. Permítame que lo compare con una fábrica que no invierte porque está teniendo pérdidas. Necesita invertir en nueva maquinaria para dar la vuelta a la situación. La fábrica sostiene que no puede invertir más porque ya está perdiendo demasiado dinero. Pero si pierde es precisamente porque tiene una maquinaria nefasta. Del mismo modo, muchos países europeos aseguran que ya han gastado demasiado en los refugiados. Los ministros de Economía piensan en términos de dinero, no de inversión. Pero los gobiernos están empezando a pensar a largo plazo y en la necesidad de programas complementarios después de una emergencia de refugiados.

Usted está promoviendo un concepto, denominado las 4 R, para que las agencias internacionales cooperen en la repatriación, reintegración y rehabilitación de los refugiados y en la reconstrucción de sus comunidades. Esto se ha intentado antes pero nunca con éxito...
Estamos siendo más consecuentes que en el pasado. Hay más países que entienden la necesidad de continuar después de la fase de emergencia de una operación. Y algo nuevo está ocurriendo en el Banco Mundial y (la ONU) en Nueva York, que ahora comprenden que las agencias internacionales deben centrarse mucho más en los llamados proyectos post-conflicto. Ya hemos empezado cuatro proyectos piloto en Sierra Leona, Eritrea, Sri Lanka y Afganistán.

Las batallas campales entre organizaciones han sido un problema que ha bloqueado la cooperación en el pasado.
Estamos muy cerca de alcanzar el punto en que aquellos que solían participar en esas batallas empiezan a ver las ventajas del planteamiento de las 4 R. En circunstancias parecidas, en el pasado se solía marginar a los refugiados y había un sentimiento general de que “si el ACNUR se encarga de los refugiados, por qué vamos a incluirlos nosotros en nuestros programas de reconstrucción”. Todavía queda trabajo por hacer, pero el elemento de “batalla campal” no es demasiado problemático.

¿Cree usted que cuando se incorporó al ACNUR hace dos años esta organización no ofrecía suficientes soluciones concretas a los problemas de los refugiados?
Ah, no. Se hablaba de que ofrecíamos demasiada ayuda y una protección insuficiente. Lo que me pareció más acertado es que fuéramos criticados por hablar demasiado sobre protección. Pero la protección más definitiva para un refugiado es una solución. 2002 ha sido el año en que el ACNUR ha empezado a presentarse a sí mismo como parte de la solución. Tome el caso de Sangatte (un polémico centro de la Cruz Roja en la costa francesa para posibles solicitantes de asilo que intentan llegar a Gran Bretaña). No hace tanto tiempo era calificado como un problema para los gobiernos francés y británico. No era “nuestro problema”. Llegué a la conclusión de que no era un planteamiento muy inteligente. Y les dije a los gobiernos que queríamos ayudar con una solución. Este tipo de planteamiento crea un clima muy distinto, y eso es algo que necesitamos. Porque de otro modo nos volvemos irrelevantes para los gobiernos.

El ACNUR se está involucrando cada vez más en la resolución de conflictos específicos, incluyendo el futuro de los solicitantes de asilo en Sangatte, Francia. UNHCR/H.J.DAVIES/DP/FRA•2002

 

A raíz de los atentados terroristas en Nueva York y Washington se generalizó el temor de que podía haber una reacción contra los solicitantes de asilo y los refugiados. ¿Es muy serio el problema?
Hemos estado muy atentos y activos a la hora de manifestar nuestras preocupaciones y ha funcionado. En general los gobiernos se han abstenido de reaccionar exageradamente ante la situación en contra de esos grupos. Eso no significa que no haya habido efectos muy negativos. El reasentamiento de refugiados, especialmente en Estados Unidos, ha descendido considerablemente a consecuencia de los atentados. El clima en contra de los extranjeros ha alcanzado nuevos umbrales en Europa, especialmente en países como Dinamarca y Holanda, con una importante tradición como donantes y defensores del ACNUR. Lo interesante es que el número de refugiados ha disminuido considerablemente, pero muchos políticos siguen poniendo el grito en el cielo como si se enfrentaran a un desastre nacional por su culpa. Existe también un grave riesgo de que se produzca una profunda escisión entre el mundo islámico y el resto del mundo. Necesitamos hacer más en el mundo islámico porque un 50 por ciento de las personas de incumbencia de la agencia provienen de allí.

En general, los gobiernos se han abstenido de reacciones exageradas en contra de los refugiados y solicitantes de asilo a consecuencia de los atentados terroristas en Estados Unidos. Ha habido, sin embargo, efectos muy negativos.

 

El trabajo humanitario se describe a veces como una “tapadera” o una excusa para la inacción política y militar de los gobiernos. ¿Sigue ese siendo el caso en zonas como el Sáhara Occidental?
Puede que reduzcamos nuestra presencia allí. Hemos propuesto a las partes interesadas, Marruecos y el Frente Polisario, una serie de medidas para incrementar la confianza, hemos organizado contactos entre las gentes de la región del Sahara Occidental y los refugiados en los campos (de Argelia)... Si todo esto ocurre, podrían mejorar las posibilidades de una solución política, pero mientras las partes involucradas no nos permitan hacer este tipo de cosas, sí, no somos más que una tapadera.

Ese conflicto lleva más de dos décadas en activo. ¿Por qué no retirarse sencillamente?
Eso no es lo que propongo. Seguiremos estando allí a escala limitada. Si podemos hacer la clase de trabajo significativo que he descrito, entonces quizás podamos ampliar nuestra presencia de nuevo.

Usted promueve el concepto de la integración local de los refugiados en los países anfitriones, pero, aparte de un programa en Zambia, ¿qué está sucediendo en este contexto?
Sí, es limitado. Pero, recientemente, Arabia Saudí decidió por primera vez aceptar a 2.000 iraquíes de un campo de refugiados allí. En Yemen, a los refugiados somalíes se les permite trabajar en la economía local. Todo esto son pequeños ejemplos, excepciones. Pero tenemos que ampliar este tipo de iniciativas.

¿Y reasentar a los refugiados de forma permanente en otros países?
Mi plan ideal es que los países clave acepten un refugiado por cada 1.000 habitantes, lo que quizás daría 800.000 plazas cada año. Esto es un sueño, por supuesto. Pero hagamos un cálculo de una plaza de reasentamiento por cada 4.000 personas. Eso significaría 65.000 refugiados reasentados en los Estados Unidos, 90.000 en la Unión Europea y quizás otros 50.000 en el resto del mundo, lo que daría cerca de 200.000 plazas. Probablemente las necesidades urgentes de los refugiados se sitúen en un punto entre ambas cifras.

El número de personas de incumbencia del ACNUR ha descendido en los dos últimos años. ¿Se mantendrá esta tendencia?
Sí, creo que sí, aunque es una labor dura. Me preocupa mucho, no obstante, África, el clima actual que hay allí orientado a empezar y prolongar guerras civiles utilizando la codicia. Con la globalización, los niveles de codicia se han elevado, no descendido.

2002 ha sido el año en que el ACNUR ha empezado a presentarse a sí mismo como parte de la solución a los problemas de los refugiados. Este tipo de planteamiento es necesario. De otro modo, nos volvemos irrelevantes para los gobiernos.

El ACNUR ha experimentado recientemente algunos cambios dolorosos, entre otros una reestructuración de personal, pero la situación económica sigue siendo crítica. ¿Por qué?
Los fondos recibidos en 2002 fueron mayores que en años recientes, no menores, pero eso se debió concretamente a la operación de Afganistán. En conjunto, ha seguido existiendo la necesidad de reducir el presupuesto, especialmente en un momento en que el mundo en general sólo ofrece una “generosidad indolente”. Ha aumentado la comprensión de lo necesarias que son las soluciones duraderas y eso hará que recibamos un dinero extra, pero la situación es dura.

¿Entonces el ACNUR como agencia va a seguir haciéndose más eficiente?
Todavía estamos al principio. Hace poco manifesté que el ACNUR no está ahí para servir a su personal. El personal del ACNUR está ahí para servir a los refugiados. Hay mucho trabajo por hacer. Nuestras operaciones fueron mayores en 2002 en comparación con el año anterior. Pero todavía nos queda un trecho por recorrer en lo que se refiere a autodisciplina. Debemos ser duros con nosotros mismos.

 

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