Sri Lanka: Saliendo de las ruinas.
Un repaso del año

Número 118• 2002
ARTÍCULOS






Editorial

“No nos olvidéis si ocurre lo de Irak…”

Más de un cuarto de millón de civiles regresaron a sus hogares el año pasado tras dos décadas de guerra en Sri Lanka.

En Afganistán, más de dos millones de personas volvieron en 2002 y el ACNUR espera ayudar a otro millón y medio este año.

Dentro de poco empezará una repatriación masiva en Angola, otra nación donde la guerra se ha prolongado durante décadas y donde a veces parecía altamente improbable que se produjese una salida pacífica.

Retornados en Sri Lanka. ACNUR/R.CHALASANI/CS/LKA.2002
Éstas son las buenas noticias. Sin embargo, al cierre de la edición de esta revista, comenzaba un conflicto en Oriente Próximo con la amenaza de crear cientos de miles de nuevos refugiados. Había temores de que la guerra dominase no sólo los titulares mundiales, sino también la atención y la llave de caudales de los donantes tradicionales, que ayudan a desplazados de todos los rincones del planeta.

En tales circunstancias, es frecuente que se vea  perjudicada la  financiación
de las operaciones de refugiados, salpicadas también por las secuelas militares y políticas de la “nueva” emergencia.

El Presidente afgano Hamid Karzai ha expresado las preocupaciones tanto de gobiernos como de funcionarios humanitarios y refugiados en la escalada hacia la guerra al rogar a Estados Unidos: “No nos olvidéis si ocurre lo de Irak”.

Las situaciones en Sri Lanka, Afganistán y Angola son a un tiempo, delicadas y extremadamente prometedoras. Decenas de miles de personas murieron y millones huyeron de sus hogares en guerras que han durado generaciones. Pero con pocos meses de diferencia entre cada una, han florecido las esperanzas de una solución pacífica. Esta esperanza sólo llegará a la plena floración con una continua atención y ayuda de la buena voluntad internacional.

Cerca de la mitad de los desplazados del mundo -unos 20 millones de personas- son niños y lo que se define vagamente como “jóvenes” entre los 13 y los 25 años de edad.

Hay una multitud de agencias y de leyes internacionales que protegen a los menores de este colectivo, pero la atención dispensada a los problemas de la juventud ha sido relativamente pequeña.

Lo cual es una gran pena. En un momento sensible de sus vidas, cuando están completando su formación social, educativa y sexual como personas, los jóvenes son particularmente vulnerables ante diversas formas de explotación.

Para poner de manifiesto no sólo sus necesidades particulares, sino también el papel clave que jugarán en el desarrollo de sus comunidades locales y naciones -tanto si regresan a su hogar ancestral como si empiezan una nueva vida en otro país-, el 20 de junio, Día Mundial del Refugiado, estará dedicado a la juventud.