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“Paz y clausura”

El Alto Comisionado Ruud Lubbers lo ha calificado como el “periodo más oscuro” en la historia del ACNUR. El 6 de septiembre de 2000, una muchedumbre de milicianos de Timor Oriental que defendían la integración con Indonesia atacaron la oficina de la agencia en la ciudad de Atambua, en Timor Occidental. Tres trabajadores fueron brutalmente asesinados y sus cuerpos quemados: Carlos Cáceres-Collazo, de 33 años, ciudadano norteamericano; Samson Aregahegn, un etíope de 44 años, y Pero Simundza, un croata de 29. Ha sido el peor ataque contra el personal de la agencia desde su creación en 1950. A principios de este año, Josefa Collazo, madre de Carlos Cáceres-Collazo, visitó Dili, la capital de la nueva nación de Timor Oriental y la ciudad de Atambua. Además de reunirse con funcionarios locales, visitó la antigua oficina del ACNUR, donde oró, dejó una guirnalda y roció pétalos de flores en el lugar donde murió su hijo. Ante Robert Ashe, representante regional del ACNUR en Indonesia, declaró que la visita le había ayudado a “encontrar paz y clausura”. También dijo: “He podido ver que mi hijo ha sido importante para la vida de otras personas. Como madre, puedo decir que estoy muy orgullosa de él por todo lo que ha hecho”. En un amargo conflicto que desembocó en la independencia de Timor Oriental el 20 de mayo de 2002, cientos de miles de personas huyeron para salvar la vida. Casi un cuarto de millón regresó posteriormente, muchas con la ayuda de las agencias humanitarias y de su personal sobre el terreno.

Ayudando a los refugiados de Timor a regresar a sus hogares. ACNUR/M.KOBAYASHI/IDN. 1999

 

Mírame a los ojos

Mírame a los ojos.
ACNUR/J.REDDEN/
DP/PAK.2002 

Una nueva tecnología de identificación que se sirve del iris del ojo ha sido ensayada con éxito y se espera sea utilizada en algunas operaciones del ACNUR. El iris, la parte de color del ojo alrededor de la pupila, tiene una textura única, casi del mismo modo que una huella digital. El nuevo proceso exigirá tomar un primer plano fotográfico del iris del refugiado, codificando digitalmente su textura y almacenando los datos para futuras identificaciones. Es rápido y relativamente discreto. Los recientes ensayos en Pakistán consistieron en tomar imágenes de refugiados afganos, permitiendo a los funcionarios humanitarios descubrir que algunos de ellos intentaban cometer fraude al “reciclarse” a sí mismos y solicitar ayuda para “volver a casa” varias veces seguidas.

Identificar a los desaparecidos

Decenas de miles de personas fueron asesinadas en Bosnia-Herzegovina y otras naciones balcánicas durante la guerra en esta región a principios de los años 90. Se han recuperado muchos cuerpos y algunos han sido identificados, pero muchos otros miles, especialmente los que fueron enterrados en fosas comunes, permanecen sin identificar. Esta situación ha empezado a cambiar lentamente en Bosnia, gracias a un innovador programa de análisis del ADN, parecido al que se utilizó en Nueva York tras el atentado del 11 de septiembre contra el World Trade Center. Ya han sido identificados varios cientos de cuerpos en el proyecto, que es visto como un paso importante para la reconciliación y el consuelo de muchas familias todavía afligidas. “Me gustaría tener los cuerpos de mis hijos, una vez identificados, para poder enterrarlos, hacerles visitas y ponerles flores”, dice una madre en torno a sus constantes esfuerzos por encontrar e identificar a sus tres hijos desaparecidos.

Ayudar a los niños

Miles de niños no acompañados, que entraban ilegalmente en los Estados Unidos cada año y eran posteriormente arrestados, quedaban bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Naturalización, que se encargaba de su cuidado, investigaba sus circunstancias y decidía su destino. Este sistema ha cambiado desde el 1 de marzo de este año, en parte por las repercusiones tras los atentados terroristas de septiembre de 2001. En una importante reorganización gubernamental, el SIN ha sido trasladado al Departamento de Seguridad Nacional, de reciente creación, y la custodia de los niños, transferida al Departamento de Servicios Sanitarios y Humanos y a su oficina de Reasentamiento de Refugiados. La medida ha sido bien recibida en general por las organizaciones humanitarias. Ahora “el fiscal dejará de ser el cuidador” de estos niños, según Alfred Carlton, de la Asociación Americana de Abogados.

 

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