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Irak: ¿qué ha ocurrido?
¿Y ahora qué?
La reciente guerra no ha producido una avalancha
de refugiados, pero muchos iraquíes con un largo pasado como exiliados
pueden volver ahora a sus hogares
Era una de las crisis más vaticinadas
de la historia humanitaria moderna. Se esperaba que millones de
refugiados atravesaran en masa las porosas fronteras para escapar
del inminente ataque militar.
Se hicieron llamamientos mundiales en busca de fondos. Se almacenaron
suministros de comida, tiendas de campaña
y mantas entre diferentes predicciones
de catástrofe. Se enviaron equipos de gente a puestos de
montaña y del desierto.
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ACNUR/L.BOLDRINI/DP/JOR•2003
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Los medios de comunicación internacionales, que se han convertido
en parte integral de todas las crisis importantes, enviaron una formidable
legión compuesta por cientos de reporteros, fotógrafos y
cámaras para cubrir el desarrollo de los dramáticos acontecimientos.
Pero primero en las fronteras de Afganistán, hace dos años,
y a principios de este año en las de Irak, el horizonte siguió
vacío en su mayoría y de las mareas previstas de civiles
en fuga, apenas llegaron a unas gotas. Los funcionarios humanitarios esperaron.
Los periodistas se sintieron frustrados porque la acción les daba
de lado.
¿Pero qué había ocurrido?
En el mejor de los casos, la predicción de las avalanchas de refugiados
es una ciencia inexacta. Los encargados de planificación examinan
la situación, especialmente si hay posibilidades de guerra, la
historia de la región, los anteriores éxodos de civiles,
los informes de sus propias oficinas regionales sobre el terreno y cualquier
información gubernamental o militar que puedan recoger hasta llegar
a una valoración de cómo pueden desarrollarse los acontecimientos
y la ayuda que será necesaria.
Sorpresa, sorpresa
Que los planes militares mejor elaborados raramente sobreviven a los primeros
días de una guerra es un tópico histórico. Lo mismo
ocurre cuando se intenta prever y planificar una crisis humanitaria. Las
sorpresas constituyen la única certeza de cualquier emergencia.
Cuando empezó el conflicto en Kosovo de 1999, ni las más
sofisticadas agencias de información gubernamentales predijeron
que las tropas serbias tratarían deliberadamente de vaciar la región
de cientos de miles de ciudadanos de origen albanés a punta de
pistola. En aquellas circunstancias, incluso si las organizaciones humanitarias
hubieran previsto la limpieza étnica -cosa que no hicieron- se
habrían visto impotentes para movilizar los suficientes recursos
ante el escepticismo de las grandes potencias.
Esta vez, las conclusiones eran contradictorias. Había muchas razones
de peso para prever un importante éxodo de civiles una vez que
las fuerzas dirigidas por Estados Unidos iniciaran el asalto. Muchos millones
de iraquíes habían abandonado el país en las décadas
anteriores. Se calcula que, tras la primera Guerra del Golfo en 1991,
unos dos millones de personas huyeron de sus casas. Anticipándose
a un posible “caso medio”, el ACNUR elaboró planes
para proporcionar asistencia a cerca de 600.000 refugiados. Al mismo tiempo,
sin embargo, el portavoz jefe Ron Redmond advertía públicamente
que, dependiendo del desarrollo de la propia guerra, habría pocos
refugiados, si es que había alguno, que intentaran huir.
Tal como ocurrieron las cosas, por supuesto, pocos lo hicieron. El Instituto
Internacional de Estudios Estratégicos de Londres manifestó
que la no aparición de refugiados estaba ligada directamente a
las tácticas empleadas por las fuerzas de coalición: “Parece
que la estrategia inicial del ejército aliado de dejar de lado
las ciudades principales, el bombardeo selectivo de objetivos militares
y las advertencias a los civiles de permanecer en sus casas y alejados
de las carreteras principales redujo el número de personas que
se puso en marcha”.
Sten Bronee, Representante del ACNUR en Jordania, señalaba que
“la gente no quería abandonar sus posesiones. El cansancio
se había adueñado de ellos. El conflicto era un déjà
vu para los iraquíes”. Y el periodista británico Jonathan
Steele añadía: “La gente había desarrollado
una cierta indiferencia ante el bombardeo. Cuando las carestías
de agua y electricidad empezaron a notarse seriamente, el hecho de que
Sadam hubiese desaparecido anuló los planes”.
El futuro
¿Y ahora qué?
Repasando los sucesos de Oriente Medio, Ron Redmond explicaba: “Era
imperativo que preparásemos los programas de contingencia necesarios,
basándonos en el desarrollo de los acontecimientos. Eso es lo que
hicimos y quedamos satisfechos con los planes. No nos causó tristeza
que no aparecieran cientos de miles de refugiados, sumándose a
los casi 22 millones de personas que el ACNUR ayuda ya en todo el mundo”.
En los momentos posteriores a la breve guerra dirigida por Estados Unidos
contra Afganistán, el ACNUR cambió sus planes: de tener
que enfrentarse con un posible éxodo, pasó a ayudar a los
refugiados, exiliados durante años, a ir en dirección contraria,
de vuelta a su país. El primer año regresaron más
de dos millones y la repatriación sigue en marcha.
Aunque el interés internacional por Irak ha disminuido en cierta
medida, la agencia para los refugiados ha destinado a usos similares parte
de la mano de obra, de los recursos económicos y de los artículos
almacenados en el país.
La situación en el interior de Irak continúa siendo incierta.
Las delicadas tensiones religiosas y étnicas pueden desatar todavía
una futura avalancha de civiles, especialmente desde que las carreteras
se han vuelto comparativamente seguras para el transporte de pasajeros.
Los artículos de emergencia almacenados, como tiendas de campaña,
hornillos, ollas, mantas y cubiertas de plástico, seguirán
en su sitio de momento y serán utilizados eventualmente dentro
de Irak o en otro lugar.
Y ahora existe un ambicioso programa, no para ayudar a los nuevos refugiados
que la última guerra esperaba producir, sino a cerca de medio millón
de entre los innumerables iraquíes que huyeron de su país
en años anteriores y que pueden querer regresar esta vez y empezar
sus vidas de nuevo.
El presupuesto para el plan preliminar de repatriación y reintegración
es de 118 millones de dólares para un periodo de ocho meses, lo
que significa que la agencia trabajaría a niveles parecidos a los
de la anterior emergencia en Irak, presupuestada en 154 millones de dólares.
Es probable que muchos millones de iraquíes se fueran durante el
Gobierno de Saddam Hussein. De ellos, la agencia para los refugiados de
la ONU estima que unos 900.000 son solicitantes de asilo, refugiados u
otros civiles en situaciones parecidas a la de un refugiado. Los cálculos
preliminares sugieren que cerca de la mitad de este grupo podría
necesitar ayuda para regresar a su país.
Del colectivo mencionado, Irán alberga a la mitad de los aproximadamente
400.000 refugiados iraquíes que viven en lugares tan remotos como
Sri Lanka, Sudáfrica y Argentina, y puede que 165.000 de estas
personas acaben volviendo.
Otros 183.000 refugiados se encuentran sólidamente integrados en
países industrializados y un pequeño número, 35.000
quizás, pueden decidir volver a la tierra de sus ancestros.
Se prevé que, de los 84.000 iraquíes que actualmente solicitan
asilo, principalmente en países desarrollados, tres cuartas partes,
unos 60.000, acaben repatriándose.
Puede que, de los 450.000 iraquíes en situaciones parecidas a la
de un refugiado, especialmente en Jordania y Siria, donde trabajan ilegalmente,
regresen cerca de 240.000.
Ampliación
Para supervisar este regreso en masa, el ACNUR pretende ampliar su red
actual en Oriente Medio, movilizando a un equipo de 250 personas, en su
mayoría iraquíes, que abrirán oficinas por todo el
país y formarán seis unidades móviles de supervisión.
Todos los retornos serán examinados para asegurar que son “voluntarios”
y que los iraquíes no están siendo hostigados o expulsados
de sus países de acogida. Se está creando una serie de indicadores
“para medir la seguridad y el bienestar físico, material
y legal de los retornados”, indica Redmond.
“Eso incluye acabar con la violencia y la inseguridad y crear instituciones
operativas que impongan la ley”, añade el portavoz: “La
seguridad material incluye el acceso a servicios básicos, cosas
como agua potable, comida y servicios sanitarios”.
“A más largo plazo, necesitamos ver medidas que garanticen
una reintegración sostenible. La seguridad legal incluye las compensaciones
de las violaciones de los derechos humanos, la no discriminación
y el libre acceso a la justicia”.
Los retornados, como la mayoría de la población, se tendrán
que enfrentar a una desalentadora serie de dificultades prácticas,
que van desde los supuestos ocho millones de minas terrestres esparcidas
por el norte del país hasta una infraestructura que apenas funciona,
pasando por la destrucción a gran escala de los registros de la
propiedad pública, los documentos de identidad y otra documentación
importante.
Se espera que dos tercios de los refugiados vuelvan a zonas urbanas en
el centro y sur de Irak y los demás a zonas rurales, especialmente
los ciudadanos de origen kurdo, que lo harán a las tres provincias
norteñas.
Otros asuntos humanitarios pendientes incluyen el futuro de miles de civiles
desplazados dentro del propio Irak, los denominados desplazados internos.
El mandato del ACNUR no engloba directamente a estas personas, pero, dado
que su experiencia y sus condiciones son similares a la de los refugiados,
la agencia ha ayudado frecuentemente a ambos grupos, como ocurrió
en los Balcanes.
Puede que vuelva a hacer lo mismo si Naciones Unidas así lo solicita.
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