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| T E M A D E P O R T A D A |
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Violencia y disturbios desde la independencia
Pero Burundi está otra vez en una encrucijada
Se ha visto sacudido por
un conflicto armado durante 30 años. Pese a ser uno de
los países más pequeños de África,
sólo en la última década han muerto cerca
de 150.000 civiles y otro millón y medio se ha visto desplazado
en el aislado estado de Burundi. El mundo en general ha prestado
escasa atención.
Y, como la totalidad del continente, Burundi se encuentra otra
vez en una encrucijada. Tras años de paciente diplomacia,
primero por el ya difunto Presidente de Tanzanía, Julius
Nyerere, y más tarde por el antiguo Presidente de Sudáfrica,
Nelson Mandela, el Gobierno nacional de transición de este
país ha alcanzado a principios de mayo su ecuador, después
de tres años de existencia. |
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En
busca de seguridad en la vecina Tanzania.
ACNUR/L.TAYLOR/CS/TZA•2002
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Para celebrar la
ocasión, el Presidente Pierre Buyoya, un tutsi, ha entregado el
cargo, del que se apoderó mediante un golpe de Estado en 1996,
a su Vicepresidente, Domitien Ndayizeye, un hutu.
Las dos poblaciones han luchado por el poder prácticamente desde
que el país se independizó en 1962 y rara vez ha habido
un traspaso de poderes pacífico. El futuro del país y de
sus seis millones de habitantes depende ahora de que este último
intento por consolidar una paz duradera tenga éxito.
Incluso durante la transición, las señales han sido confusas.
Los enfrentamientos entre el ejército, dominado por los tutsis,
y los dos principales grupos guerrilleros hutus, las Fuerzas por la Defensa
de la Democracia y las Fuerzas de Liberación Nacional, continuaban
en algunas partes del país.
La mayor población
refugiada
Los burundeses forman la mayor población de refugiados en África.
Unos 570.000 civiles son reconocidos oficialmente como refugiados, la
mayoría de los cuales viven en la vecina Tanzanía, mientras
que otros muchos cientos de miles llevan décadas residiendo en
el extranjero y no se cuentan como tales.
En el enrarecido clima del África central, donde las negociaciones
y la lucha pueden continuar codo a codo, se daba el caso de que, mientras
unos 40.000 burundeses regresaban a las partes pacificadas del país,
un número similar huía de los combates en otros puntos en
busca de asilo en un estado vecino.
“Estoy convencida de que debo volver a mi país”, dice
Nduwimana, una mujer de 25 años con un hijo, reflejando el optimismo
de los retornados deseosos de un futuro pacífico. “Vi que
regresaban otras personas de mi región y no quise perder la oportunidad”,
asegura tras haber conseguido un asiento en el convoy bisemanal del ACNUR
desde Tanzanía, organizado para ayudar a cualquiera que quiera
darle una oportunidad a la paz.
La agencia para refugiados ha intentado
apoyar las posibilidades a largo plazo de una salida pacífica mediante
la construcción de escuelas y centros de salud, tanto para refugiados
como comunidades locales, asistiendo a las personas vulnerables y ancianas
e incluso ayudando a poner en marcha una “clínica legal”
móvil, que viaja por el norte de Burundi intentando resolver las
disputas entre los residentes locales y los refugiados que regresan.
Tras el traspaso presidencial de poderes, el veterano representante regional
del ACNUR, Wairimu Karago, declaraba que la medida era “muy bien
recibida y aumenta las esperanzas de una solución para los refugiados.
Puede significar que ya pueden volver a casa y acabar con los muchos años
pasados fuera de Burundi. Me gustaría ver el final de esta saga”.
El país, no obstante, ha pasado por esto mismo antes, y el futuro
sigue estando en un precario equilibrio. 
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