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La peor guerra de África

Puede que sea una “misión imposible” ayudar a todos los civiles desplazados en el corazón del continente

Un mapa de Naciones Unidas lleno de brillantes colores cuenta la historia del Congo. Es una loca mezcla de amarillos, verdes, azules, rosas e incluso rosas pálidos y una viva representación de la realidad sobre el terreno -las áreas controladas por el Gobierno y por los diversos grupos rebeldes disidentes-. Una franja diagonal, calificada como zona desmilitarizada, divide el territorio oficialmente conocido como República Democrática del Congo, que durante casi cinco años se ha estado desgarrado por la guerra.

El Comité Internacional de Rescate, con base en Washington, puso recientemente un “precio” al conflicto: aproximadamente unos 3,3 millones de personas han perecido en una guerra que durante cierto tiempo llegó a involucrar a seis ejércitos de los países vecinos en lo que el grupo activista ha denominado “el conflicto documentado más sangriento de la historia de África”.

Pero como muchas de las guerras africanas de larga antigüedad, y pese a contarse entre las más sangrientas de la historia reciente, también ésta ha sido ampliamente ignorada por el mundo en general, mientras la sangre seguía corriendo a raudales.

Los contendientes han firmado ahora una serie de acuerdos de paz, se han retirado casi todas las tropas extranjeras y Naciones Unidas ha destinado una minúscula guarnición de 4.300 soldados para reforzar la frágil paz.

El coste humano

Durante la última conflagración unos dos millones de civiles congoleños quedaron desplazados internamente y otros 400.000 abandonaron el país para siempre, buscando asilo en los países de alrededor.

Pero algunas de estas naciones “anfitrionas” se encontraban también en estado de guerra. En una trágica inseminación cruzada de miserias, 330.000 civiles de Angola, Uganda, la vecina República del Congo, Burundi, Ruanda y la República Centroafricana recorrieron el camino hasta el Congo Democrático en busca de la ayuda de un país que tantos otros intentaban abandonar.

En el frente humanitario, el ACNUR ha establecido una red de 10 oficinas a lo largo del Congo Democrático. El personal sobre el terreno allí destinado y sus colegas de los estados cercanos, han recibido el encargo de ayudar a los desventurados civiles, que han entrecruzado repetidas veces sus caminos y atravesado sus fronteras nacionales para, finalmente, regresar en su mayoría a sus aldeas natales.

La maraña de refugiados se extiende a lo largo de decenas de miles de kilómetros, por lo que muchas veces es una selva tropical impenetrable o por los pastos de la sabana. Prácticamente no hay carreteras, un mínimo de seguridad suele ser inexistente y sigue habiendo masacres periódicas. Casi nueve años después de refugiarse en estas selvas, algunos supervivientes de la masa de refugiados ruandeses que escapó del genocidio en su país, siguen emergiendo cada semana del escalofriante corazón del continente.

Este año se pondrá en marcha una importante operación para repatriar a miles de angoleños, pero, en vista de las enormes dificultades, para muchos refugiados, la misión humanitaria de rescate en su conjunto puede acabar siendo una misión imposible.

 

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