| Número 120 2003 |
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Editorial
En busca del “Santo Grial” de la protección
Bajo el llamativo
titular “Cocido de cisne: solicitantes de asilo roban las aves de
la reina para hacer barbacoas”, el tabloide británico The
Sun revelaba recientemente en un artículo de portada que unos “insensibles”
candidatos al asilo habían cazado cisnes reales con trampas puestas
en ríos y parques y, tras cocinarlos, se los habían comido.
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Sabiendo
que una “buena” historia puede dar mucho de sí,
al día siguiente The Sun denunciaba: “Ahora los solicitantes
de asilo roban los peces”. Esta vez, aparentemente, ciertos
grupos se dedicaban a “saquear lagos y ríos”
en busca de peces protegidos y, al igual que los cisnes, los asaban
en barbacoas. Por si fuera poco, The Sun daba cuenta de que “También
las ocas son sacrificadas para obtener comida”. |
Era verano en Occidente, la llamada “estación
tonta” en el ambiente de la prensa, una época en que apenas
hay noticias “de interés” y en que las columnas se
llenan de noticias amenas.
Si ése fuera el caso en el ejemplo citado, las noticias podrían
haberse ignorado por completo, especialmente desde que otro periódico
británico, The Independent, aseguró que las historias
no eran ciertas.
Pero las historias son sólo una parte del sumamente preocupante
torrente diario de reportajes, a menudo abusivos y a veces xenófobos,
que mana de la prensa tabloide del país en su entusiasta divulgación
de la actual batalla -según la definen ellos- entre las oleadas
de “falsos solicitantes de asilo” y una desdichada Gran
Bretaña blanda de corazón.
El Gobierno, los medios de comunicación y el público en
general están de acuerdo en que Gran Bretaña se enfrenta
ciertamente a un dilema migratorio.
Pero los titulares de los tabloides perjudican gravemente, de hecho
envenenan, el debate real: cómo resolver un problema migratorio
extremadamente complejo y cambiante que no sólo abarca a los
solicitantes de asilo y refugiados y a los métodos elegidos para
protegerlos, sino también a los movimientos interrelacionados
de millones de emigrantes económicos que buscan mejores formas
de vida, a los traficantes de seres humanos y su despiadado negocio
de miles de millones de dólares y al impacto global de la guerra
contra el terrorismo.
En “El cambiante rostro de la protección”, este número
examina la situación de los refugiados a lo largo del tiempo
y cómo ayudarlos.
La huida en masa de las persecuciones es una realidad centenaria. El
terror se ha utilizado durante siglos para matar, mutilar y crear el
pánico entre millones de aterrorizados civiles.
Lo que sí es nuevo es que estos eternos problemas se han fundido
con la realidad contemporánea -la rapidez de los viajes y las
comunicaciones, la aparición sin precedentes de muchos millones
de personas que simplemente buscan un mejor estilo de vida- en apenas
unos años hasta crear el actual muro de preocupación e
incertidumbre.
Pero más de 50 años después de su creación,
el ACNUR cree que un instrumento legal probado y de confianza, la Convención
sobre los Refugiados de 1951, sigue siendo la piedra angular para proteger
a los refugiados, aunque ahora disponga de un nuevo estímulo.
Recientemente, el Alto Comisionado Ruud Lubbers puso en marcha una serie
de iniciativas, tanto para fortalecer el tratado como para proseguir
con renovado vigor la búsqueda del Santo Grial de la protección
y encontrar soluciones permanentes y seguras para las personas desplazadas
del mundo.
Al fin y al cabo, “es mejor”, decía, “llevar
seguridad a la gente que la gente a un lugar seguro”.
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