 |
| T E M A D E P O R T A D A |
|
Antiguos problemas… nuevas realidades
Reformar los programas de protección para
millones de personas en una época más compleja
por Ray Wilkinson
“Hay
que pagar un alto precio por el caos de una política de asilo
de puertas abiertas”, publicaba recientemente el diario británico
The Sun. “Una bomba de relojería que hace tic tac”.
Su rival Daily Mail advertía que “una avalancha de
solicitantes de asilo infectados con el VIH desborda los hospitales
(…) y los pacientes británicos podrían ver canceladas
operaciones rutinarias”. El Daily Express seguía una
línea ligeramente distinta: “Los funcionarios de inmigración
están a punto de darse por vencidos en su intento de detener
a los falsos inmigrantes que inundan Gran Bretaña”.
Al día siguiente, el Express intensificó sus tácticas
alarmistas diciendo a sus lectores que hasta un total de “setenta
y tres millones de personas obtendrán el derecho a vivir
y trabajar en Gran Bretaña cuando sus países ingresen
en la Unión Europea el año que viene”.
Ésta era una típica semana dentro
de la
|
 |
Millones
de personas han sido asesinadas o desplazadas en la República
Democrática del Congo durante la guerra más
sangrienta de la historia de África. Pocas de ellas
disponen de algún tipo de protección. REUTERS/ANTONY
NJUGUNA |
|
estridente e implacable cruzada
de la prensa amarilla, culminada por otro escritor que denunciaba a Gran
Bretaña “como un país estúpido a la hora de
tratar con inmigrantes y solicitantes de asilo”.
“No, no me refiero al hecho de que admitamos a cualquier Fulano,
Mengano o Zutano, o de que les suministremos enormes sumas en ayuda legal
para luchar contra su deportación; ni tampoco a que los alojemos
en lujosos hoteles, les demos subsidios de la seguridad social y, más
tarde, casas y trabajos”, opinaba el escritor Kilroy. “No,
lo que realmente demuestra lo imbéciles, lo estúpidos, lo
débiles que nos hemos vuelto es que ahora proporcionamos viviendas
protegidas y subsidios estatales a quienes planean asesinarnos con venenos
mortales”.
En otro extremo del continente, los italianos observaban mientras una
flotilla de embarcaciones desvencijadas transportaba ilegales desde África
a la veraniega isla de Lampedusa. Supuestamente, un alto funcionario del
gobierno italiano instó a los navíos de la Armada a abrir
fuego contra los barcos que entraban, muchos de los cuales se iban a pique
incluso antes de llegar a tierra. Un residente local, que contemplaba
agitado la llegada del último barco, gritó a un visitante:
“El gobierno debería meterlos en un barco gigantesco y remolcarlos
hasta la casa de (el Primer Ministro) Berlusconi en Roma”.
Un informe describía las deplorables condiciones que los ilegales
tienen que soportar para alcanzar la tierra prometida europea: “Hacinados
después de días de insoportable miseria en el mar, se aferran
a la esperanza de un futuro mejor. Al final de su fétido viaje,
cunde la enfermedad entre las familias que han abandonado su patria, llevando
consigo todo lo que poseen en este mundo. Les aguardan policías
cubiertos con máscaras para protegerse de la enfermedad y del hedor
rancio del sufrimiento humano”.
La ley del revólver
Al mismo tiempo, en África, cientos de miles de hombres, mujeres
y niños se refugiaban entre las maltrechas ruinas que conforman
actualmente la capital liberiana de Monrovia, intentando escapar del último
episodio de lucha en la despiadada guerra civil que padece este país.
“Inundada de armas, prevalece la ley del revólver y las víctimas
son los civiles inocentes”, se lamentaba el Alto Comisionado Ruud
Lubbers antes de que empezaran a llegar las fuerzas internacionales de
pacificación para intentar frenar la carnicería.
En el Pacífico, la detención de unos niños en la
minúscula isla de Nauru se convirtió en el tema del día.
Los más altos miembros de Amnistía Internacional hicieron
una marcha de protesta frente a la casa del Primer Ministro australiano,
John Howard, para exigir la liberación de los 112 jóvenes
detenidos en Nauru, un campamento costero creado en 2001 para alojar a
los grupos de personas que intentan llegar a Australia. El Gobierno defendió
con vehemencia su política de inmigración frente a las críticas
generalizadas, pero, al exigir la liberación de los niños,
Amnistía manifestó: “Consideramos al Gobierno australiano
como uno de los líderes en la protección de los derechos
humanos, pero si vemos la reiterada detención de niños,
esto reflejaría que en realidad que la ley es distinta a la práctica”.
Nunca antes se había manifestado de este modo la situación
de las personas desplazadas -refugiados, solicitantes de asilo, emigrantes
económicos y medioambientales- en cada rincón del planeta.
La cuestión se debate en los pasillos gubernamentales desde París
a Beijing. Los ciudadanos de un pueblo rural de Carolina del Sur aguardan
con ansiedad la llegada de un grupo de refugiados de África. El
diminuto estado de Burundi permanece abatido y maltrecho tras décadas
de conflicto en el que cientos de miles de civiles han sido exterminados
o han huido. Nauru, una de las repúblicas más pequeñas
del mundo, se vio envuelta en el problema al aceptar la generosidad australiana
-y a grupos no deseados de boat people- como una forma de sustento económico.
 |
|
CORBIS/HULTON-DEUTSCH
COLLECTION |
|
El éxito
o el fracaso de gobiernos y carreras políticas se decide
sobre la base de esta cuestión. En algunos países
como Gran Bretaña, el tema se ha puesto tan “caliente”
que compite por titulares y espacio con David Beckham, ícono
de las superestrellas del fútbol mundial, al que un ejército
de fotógrafos de los medios más importantes graba
y transmite cada uno de sus movimientos.
Los gobiernos, las organizaciones humanitarias y la agencia para
refugiados de la ONU, garante de la Convención de Ginebra
sobre los Refugiados de 1951, se han visto atrapados en esta vorágine,
luchando -con variados niveles de éxito- para adaptar sus
sistemas, políticas y prioridades a un entorno de cambios
rápidos. |
Cambios dramáticos
¿Pero por qué han cambiado las cosas de forma tan dramática
en el comienzo del nuevo milenio? ¿Está la situación
tan fuera de control realmente como el creciente batir de tambores de
los titulares periodísticos sugiere?
Las huidas en masa no son nada nuevo. Desde tiempos inmemoriales, poblaciones
enteras se han visto forzadas periódicamente a abandonar sus hogares
y países en tiempos conflictivos. Incluso en las últimas
décadas, hasta un total de 10 millones de personas huyeron desde
Pakistán oriental a la India a principios de los años 70
en el mayor desplazamiento de seres humanos ocurrido en la historia moderna.
Muchos millones más han sufrido el desarraigado en el Sudeste asiático,
África y Europa.
Y aunque ahora el
“terrorismo” irá indeleblemente asociado a los
atentados contra Nueva York y Washington del 11 de septiembre de
2001, esa arma también se ha utilizado desde los tiempos
más remotos para matar, mutilar y desalojar a millones de
aterrorizados civiles.
Lo que sí es nuevo es que los antiguos problemas se han fundido
con las nuevas realidades en un breve periodo de tiempo para crear
lo que algunos países perciben como una amenaza sin precedentes
a su soberanía, seguridad y estabilidad global.
El adelanto en las comunicaciones ha hecho que, casi de la noche
a la mañana, el mundo se vuelva más pequeño.
Naciones como Estados Unidos o Australia que, debido a su aislamiento
geográfico, podían observar con cierto grado de desapego
los problemas que tenían lugar en zonas alejadas, se ven
hoy en primera línea del frente. Visto desde el mundo desarrollado,
las crisis de Afganistán, Irak o Haití parecen considerablemente
más cercanas que unos años antes. |
|
Nunca antes se había manifestado de
este modo la situación de las personas desplazadas
-refugiados, solicitantes de asilo, emigrantes económicos
y medioambientales- en cada rincón del planeta. |
|
Los movimientos a gran escala de refugiados no son nada nuevo en Europa,
especialmente durante y después de las dos guerras mundiales, pero
allí los gobiernos se sienten menos seguros hoy en día,
amenazados por el carácter impredecible de las migraciones en un
momento en que las remesas de gente de África y los emigrantes,
que llegan en masa por las transitadas rutas terrestres del contrabando
que viene del Este, intentan abrir brechas en los muros, cada vez más
altos, que el continente erige para mantenerlos fuera.
En realidad, el número de personas desplazadas en el mundo que
son de incumbencia del ACNUR ha disminuido desde la cifra récord
de más de 27 millones en 1994 a los más de 20 millones en
la actualidad, pero eso es sólo una parte de la historia.
Se calcula que hay unos 20-25 millones de desplazados internos en el interior
de sus propios países, personas en situaciones desesperadas que
disfrutan de poca simpatía o protección internacional, pero
que son parte potencial del siguiente éxodo masivo.
Aprovechando que las comunicaciones son más fáciles y las
distancias más cortas, millones de los denominados emigrantes económicos
se ponen en marcha cada día.
Los contrabandistas y traficantes de seres humanos han desarrollado un
negocio de muchos miles de millones de dólares, deseosos de transportar
a quien sea y adonde sea siempre y cuando puedan pagar las tarifas, a
menudo exorbitantes, de su pasaje.
Los sistemas de inmigración y asilo de los estados desarrollados
se han visto desbordados en ocasiones por intentar atender a más
gente y distinguir a las personas con una auténtica necesidad de
ayuda de quienes simplemente buscan una vida mejor en otro país.
Las guerras se han vuelto más complicadas y más sucias.
Algunas, como las de Sudán y Angola, se convirtieron en crisis
“prolongadas” que duraban décadas y eran cada vez más
difíciles de resolver.
El terrorismo y la consiguiente guerra de Washington contra este fenómeno
se ha globalizado, extendiéndose desde Estados Unidos por Europa,
Oriente Medio y África hasta el antaño idílico paraíso
de Bali, levantando sospechas sobre cualquier “extranjero”
que solicita ayuda.
Un cóctel volátil
Este movimiento de auténticos refugiados, solicitantes de asilo,
emigrantes económicos, la incertidumbre de los futuros atentados
terroristas, el alcance global de traficantes y contrabandistas, los esfuerzos
de los países desarrollados por estrechar la seguridad de sus fronteras
y los procedimientos de inmigración, se han combinado para formar
un volátil cóctel de aprehensión, inquietud y, a
veces, xenofobia.
El Alto Comisionado Ruud Lubbers ha desechado las visiones apocalípticas
de algunos políticos y medios de comunicación y ha insistido
en que los instrumentos clave, como la Convención sobre los Refugiados
de 1951, siguen siendo la piedra angular de los esfuerzos por proteger
a uno de los grupos más vulnerables del mundo.
También ha admitido que su organización ha llegado a una
auténtica “encrucijada” y que se están diseñando
nuevas estrategias de protección, incluyendo el reforzamiento de
la Convención sobre los Refugiados, la mejora de la cooperación
internacional, una distribución de la carga más equitativa
entre los distintos estados y un incremento de la ayuda a los países
más pobres que albergan refugiados.
Volker Turk, director del programa de protección y del equipo legal
del ACNUR, define el panorama actual de la protección como “infinitamente
más complicado y desafiante” que el de unos años atrás.
 |
La
reunión más importante sobre refugiados en medio
siglo se celebró en Ginebra, en diciembre de 2001,
donde los delegados respaldaron la importancia de la Convención
sobre
los Refugiados de 1951.
ACNUR/S. Hopper/CP/GVA·2001 |
|
Pero
reformar los programas de protección para hacer frente a
nuevos desafíos no es un fenómeno nuevo.
El principio del asilo es tan antiguo como el primer éxodo
forzado de personas y los métodos de protección se
han adaptado constantemente a la realidad de los tiempos.
Al principio, eran los reyes o países poderosos quienes tenían
la prerrogativa de ofrecer protección a los menesterosos.
Teseo, rey de Atenas, le dijo a Edipo, el rey de Tebas: “Recuerdo
muy bien que crecí en casa ajena y en tierra extranjera.
Me enfrenté a peligros mortales. De modo que, a cualquiera
que solicite mi hospitalidad, como lo haces tú ahora, no
sabría cómo negársela”.
No fue sino hasta el siglo XX cuando los países empezaron
a desarrollar una conciencia internacional. La Liga de Naciones,
precursora de las Naciones Unidas, nombró al primer Alto
Comisionado para los Refugiados de la historia en 1921. Siguieron
otras dos agencias -la Administración de Ayuda y Rehabilitación
de las Naciones Unidas y la Organización Internacional del
Refugiado (OIR)- antes de que la Asamblea General de la ONU creara
el ACNUR. |
Al mismo tiempo, empezó a tomar forma un cuerpo de leyes internacionales
sobre cuestiones humanitarias y de refugiados. Incluía la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de 1948, seguida un año más
tarde por la cuarta Convención de Ginebra, que abarcaba la protección
de los civiles afectados por la guerra.
El 28 de julio de 1951, la Asamblea General de la ONU aprobó la
Convención de Ginebra sobre los Refugiados, un hito histórico
por el que empezar a medir el régimen global moderno de los refugiados.
Pese a ser el primer acuerdo realmente internacional sobre refugiados,
era también un instrumento deliberadamente restrictivo. El documento
final abarcaba principalmente a los cerca de un millón de refugiados
de Europa que habían sido desalojados de sus hogares antes del
1 de enero de 1951. Los redactores sintieron que “sería difícil
para los gobiernos firmar un cheque en blanco y asumir obligaciones hacia
futuros refugiados, cuyo origen y número eran desconocidos”.
No se hacía mención del derecho de asilo en el documento.
O de cuestiones tales como la persecución sexista. Los padres de
la Convención -hombres todos- no omitieron deliberadamente dicha
categoría. En aquellos días lejanos, ni siquiera se consideraba
su existencia.
En las décadas intermedias, las legislaciones internacionales,
regionales y nacionales taparon muchos huecos y se pusieron en marcha
otras medidas mientras el número de refugiados crecía inexorablemente
y las crisis se globalizaban y volvían más complejas.
|
Se desarrollaron los sistemas nacionales de asilo, mientras que
el ACNUR actuaba en calidad de perro guardián. Actualmente,
la violencia sexista, en determinadas circunstancias se considera,
de forma generalizada, incluida en la definición del refugiado.
Un Protocolo de 1967 relativo al Estatuto de Refugiado eliminó
el plazo de 1951 y las restricciones geográficas de la Convención.
Dos años después, la Organización para la Unidad
Africana adoptó su propia Convención de Refugiados,
que incluía el principio, universalmente aceptado ahora,
de la repatriación “voluntaria”.
Se forjaron soluciones provisionales para resolver crisis específicas.
A raíz de la larga guerra de Indochina, |
 |
El
ACNUR suministró comida, agua y medicinas a numerosas
poblaciones en Oriente Medio, África y los Balcanes
durante los años 90. Los críticos dijeron
que la agencia ignoraba su mandato básico de protección.
© S.Salgado/ZRE·1994
|
|
se formuló un paquete
de medidas de gran complejidad denominado Plan Global de Acción
que comprometía a los principales protagonistas a un papel concreto.
Un elemento clave –utilizado en conflictos posteriores, como el
de Bosnia- era el desarrollo del principio de asilo o protección
temporal, bajo el cual los estados de la región acordaban aceptar
a un alto número de civiles en fuga, pero con la condición
de que acabaran regresando a sus hogares o reasentándose en otro
estado.
El momento decisivo
Los años 90 marcaron en cierto sentido una línea divisoria
para el ACNUR. A medida que finalizaba la era de la guerra fría,
la propia naturaleza de la guerra cambió. Los conflictos convencionales
se vieron remplazados cada vez más a menudo por crisis internas
más difusas.
Anteriormente, la agencia para refugiados había trabajado en
los márgenes de la guerra, ayudando a los refugiados una vez
que se encontraran a salvo en un país vecino. Pero después
de la primera guerra del Golfo, en Bosnia y en los Grandes Lagos africanos,
se envió personal sobre el terreno al centro mismo de estos conflictos
de nuevo cuño. La agencia amplió su personal y asumió
nuevas responsabilidades, dirigiendo convoyes de ayuda, organizando
transportes aéreos, poniendo en marcha programas especiales,
reconstruyendo hospitales y escuelas, reparando carreteras.
Pero tras estas actividades se ocultaba una bomba de relojería
a punto de estallar y que duraría años, tanto en el propio
ACNUR como en los gobiernos y otras agencias humanitarias.
Era la cuestión de la protección.
Los defensores del nuevo “super papel” de la organización
argumentaban que todas sus actividades estaban “relacionadas con
la protección”. Primero había que proporcionar a
los refugiados cosas básicas como vivienda, comida y agua antes
de que pudieran considerarse a salvo, y luego empezar el trabajo para
ayudarlos a rehacer sus vidas. Hubo que poner en marcha programas educativos
para los niños refugiados. Cuando volvieron a sus hogares, se
necesitaron programas de ayuda para la reintegración de los refugiados
y también para las comunidades a las que regresaban.
En ausencia de otras agencias, el ACNUR asumió muchas de estas
actividades y recibió cada vez más peticiones para ayudar
a los millones de desplazados internos en el interior de sus propios
países que carecen de un “padrino” internacional
que los respalde.
|
Lo que sí es nuevo es que los antiguos
problemas se han fundido con las nuevas realidades en un
breve periodo de tiempo para crear lo que algunos países
perciben como una amenaza sin precedentes a su soberanía,
seguridad y estabilidad global. |
|
Con la más
mínima discusión sobre la necesidad de estos programas,
se producía un prolongado y enconado debate sobre si el
mandato del ACNUR cubría tales actividades, si su trabajo
central de protección “pura” iba a sufrir a
consecuencia de ello y si la agencia poseía los recursos
para ejecutar todo lo que pretendía hacer.
En un momento de ajustes presupuestales y reducciones de personal,
esta lucha en concreto sigue en pie. Enviar convoyes de alimentos
a enclaves asediados como Srebrenica en Bosnia tiene un alto y
atractivo perfil televisivo, y resulta fácil de comprender
y de calcular sus costes para los contables y donantes. El trabajo
laborioso de meses para ayudar a forjar una nueva legislación
sobre asilo en una oscura capital centroasiática o pasar
semanas haciendo un seguimiento cuidadoso del bienestar de un
pequeño grupo de personas vulnerables en Sri Lanka es caro,
consume tiempo y su impacto resulta difícil de medir. |
Un reciente memorandum interno sobre protección
hacía eco del problema: “Es importante recordar que el
envío de protección internacional es un servicio especializado
que requiere un uso intensivo de personal y que no puede ser equiparado
o cuantificado de la misma manera que la distribución de artículos
de ayuda. Esta función es más difícil de calibrar,
pero es de hecho la razón de ser, el valor añadido del
ACNUR”.
Perder de vista el objetivo
Los críticos dirigieron sus ataques contra el ACNUR y su rol
de protección desde diversos ángulos. Lo acusaron de haber
“perdido de vista el objetivo” de la protección,
diluyendo o ignorando sus responsabilidades básicas en busca
de proyectos de los que podrían encargarse otras organizaciones.
Y dependiendo del punto de vista particular de cada crítico,
la agencia ignoraba también los intereses de los estados o, por
el contrario, sucumbía a las presiones políticas nacionales.
Algunos países lanzaron la advertencia de que el papel del ACNUR
y la Convención resultaban cada vez más irrelevantes.
En el punto culminante de la controversia sobre la introducción
de fuertes restricciones al asilo en Australia, el Ministro de Inmigración,
Philip Ruddock, dijo que la agencia para refugiados se había
vuelto eurocéntrica y que tenía que empezar a escuchar
más atentamente a los países que pagan sus cuotas.
“Si el alto número de solicitantes de asilo que llegan
en barco nos obliga constantemente a asignar más y más
recursos a dicha tarea, no dispondremos de los recursos necesarios para
aumentar las actividades del ACNUR”, manifestó en una entrevista,
señalando que los estados gastan 10.000 millones de dólares
anualmente en atender a los inmigrantes ilegales.
Los opositores de este punto de vista alegaban que el ACNUR recibía
sólo una décima parte de esa cifra global para cuidar
de más de 20 millones de personas y que, asignando más
recursos a la agencia para el trabajo en la primera línea del
frente, se podría ayudar a aliviar la tensión de las estructuras
de asilo nacionales y reducir eventualmente la presión sobre
sus sistemas de asilo.
Un paseo por el parque
Volker Turk era un oficial de protección senior de camino a Bosnia
en 1997 cuando fue a dar un paseo por los jardines del Hotel Villa Bled
en Eslovenia. “Era uno de esos días grises y húmedos
del noviembre balcánico, pero de pronto salió el sol,
vimos el lago por primera vez y fuimos a dar una vuelta por él”,
recuerda.
Él y su colega, Erika Feller,
entonces subdirectora de la división de protección
del ACNUR y ahora su directora, están de acuerdo en que
“nos habíamos convertido en un gran operador de ayuda
humanitaria, deslumbrados por el gran número de personas
al que ayudábamos, menos capaces de concentrarnos en lo
verdaderamente importante del complejo trabajo de la protección.
Necesitábamos convertirnos en el motor de la protección,
recuperar el liderazgo, volvernos proactivos en vez de reactivos”.
De ahí surgió la idea de lo que primero se llamó
“las consultas de los tres círculos”. El concepto
de un régimen de protección revitalizado se
puso de |
 |
|
< div align="justify">Los
gobiernos se sienten amenazados por los grandes movimientos
de gente, como estos inmigrantes ilegales de África
que intentan llegar a Italia mientras su barco se hunde.
EPA/ANSA/Franco Lannino
|
|
manifiesto en un informe interno:
“El ACNUR acometerá una serie de consultas con expertos y
altos representantes gubernamentales sobre las medidas para garantizar
una protección internacional a todos aquellos que la necesitan,
a fin de desarrollar unos criterios legales globales… El objetivo
de este proceso es identificar el contenido y la naturaleza de dicha protección
sin desvirtuar los instrumentos legales internacionales para refugiados,
consolidar los distintos elementos del mandato del ACNUR y revisar el
proceso legislativo en el campo de la protección internacional”.
A lo que Feller añadía: “Estas consultas abordarán
especialmente las insuficiencias en el marco legal internacional”.
Siguieron dos años de mesas redondas, teleconferencias y negociaciones
de lo que se conocería como Consultas Globales.
“Estábamos muy nerviosos”, indica Volker Turk. “Al
principio había muchos escépticos que predecían que
el proceso estaba condenado al fracaso”.
En tales circunstancias, dos años atrás, 162 países
se reunieron en Ginebra con expertos en cuestiones de refugiados y humanitarias,
en el encuentro mundial más importante sobre refugiados celebrado
en medio siglo, y firmaron una declaración histórica reafirmando
la validez de la Convención de 1951. Los reunidos reconocieron
la “importancia duradera” y la “pertinencia y adaptabilidad”
del documento que Lubbers describía como un tratado “para
erradicar el miedo”.
|
Los críticos dirigieron sus ataques
contra el ACNUR desde diversos ángulos. Lo acusaron
de haber “perdido de vista el objetivo” de la
protección, diluyendo o ignorando sus responsabilidades
primarias en busca de otros proyectos. |
|
“Hace unos años se atacaba la
Convención”, decía Lubbers. “Los estados
argumentaban que estaba caduca. Ahora ya no es así. Ahora
ya nadie cuestiona su validez permanente”.
Animados por el respaldo y convirtiendo las Consultas Globales
en una plataforma más práctica, la agencia elaboró
lo que ha denominado Agenda para la Protección, un marco
que contiene las grandes líneas, directrices generales
y actividades normativas para ser usadas por gobiernos y agencias
humanitarias con el fin de fortalecer el régimen de protección.
Volker Turk asegura que es “un pequeño milagro que
hayamos llegado tan lejos. Hemos recuperado nuestra credibilidad.
La crítica ha cesado”. Erika Feller dice que la agenda
se ha convertido en “parte esencial del lenguaje y del marco
de trabajo de los estados al más alto nivel”.
|
El Alto Comisionado Lubbers ha lanzado una serie de iniciativas concretas
dirigidas a fortalecer tanto los instrumentos como los programas centrales
de protección, y a llenar el vacío existente entre el fin
del mandato de protección de la agencia y la entrada en escena
de otras organizaciones para promover la rehabilitación y el desarrollo
a largo plazo de los refugiados retornados.
Ayuda
Si bien los críticos de la convención
habían abandonado sus exigencias más radicales de anular
o salirse del tratado de 1951, existía un reconocimiento generalizado
de que aún había ciertos puntos que modificar.
El Primer Ministro británico, Tony Blair, dijo que los valores
del documento “son imperecederos”, pero añadió
que, “con el incremento de la migración económica
en el mundo, y más especialmente en Europa, hay una necesidad obvia
de establecer normas y procedimientos adecuados. El Reino Unido ha tomado
la delantera en la discusión para la reforma, no de los valores
de la Convención, sino de cómo ésta opera”.
Una de las sugerencias fue la de añadir un protocolo similar al
del tratado de 1967. “A los estados eso los puso muy nerviosos”,
asegura una de las participantes en la discusión. Al igual que
sus predecesores en las primeras negociaciones sobre la Convención,
los gobiernos “no estaban preparados para adoptar nuevos textos
legales de carácter vinculante”, según la misma fuente.
Por otro lado, existía la preocupación de que unas discusiones
de largo alcance pudieran acabar “enmarañando y debilitando
fatalmente la Convención”, señala dicha participante.
“Era un camino cuesta abajo por el que nadie quería deslizarse”.
 |
Al ACNUR le preocupa el aumento de
las detenciones por parte de los gobiernos.
© S. Salgado/SPN·1997
|
|
En
su lugar, Lubbers propuso el proyecto que ha llamado Convención
Plus, en realidad una serie de acuerdos especiales de tipo flexible,
tanto vinculantes como no vinculantes, entre los estados y/o organizaciones
humanitarias. Estos abordarían problemas tales como el
reparto más equitativo de las responsabilidades, atajar
el flujo errático de refugiados y solicitantes de asilo
y destinar una mayor ayuda al desarrollo para los países
más pobres del mundo que albergan grandes cantidades de
refugiados o de donde proceden las personas desplazadas.
El Plan Global de Acción para los refugiados indochinos
es un precursor del tipo de acuerdo que el Alto Comisionado proponía
en esta nueva iniciativa.
En la reciente sesión inaugural del foro especial para
debatir la Convención Plus, al que asistieron representantes
gubernamentales y no gubernamentales, Lubbers subrayó un
tema que ha dominado muchos de sus discursos:
que proporcio-
|
cionar ayuda sobre el terreno, ofreciendo ayuda
legal e involucrándose en las cuestiones de asilo, es sólo
la mitad de la batalla. En última instancia, los refugiados deben
recibir ayuda para empezar una nueva vida, bien regresando a sus hogares
o empezando desde cero en otro país.
O como señaló en un discurso reciente: “La protección
no lo es si no hay soluciones”. En otra conferencia, añadió
que “el 2002 fue el año en que el ACNUR empezó a presentarse
como parte de la solución”. Pero aún queda mucho por
hacer y el hallazgo de soluciones permanentes “(todavía)
no funciona del todo bien”.
La agencia ha instado a los estados a aceptar más refugiados para
su reasentamiento permanente (ver el artículo sobre los bantúes
somalíes en la página 10) o a integrarlos localmente en
el país donde primero solicitaron asilo (Desarrollo mediante la
Integración Local).
Se han emprendido proyectos piloto en Sierra Leona, Sri Lanka, Afganistán
y Eritrea para asegurar el éxito en el retorno de los refugiados,
creando operaciones sin fisuras durante las cuatro grandes fases del regreso,
es decir, la repatriación, la reintegración, la rehabilitación
y la reconstrucción. Lubbers lo llamó la iniciativa de las
4 R, diseñada para eliminar una de las más problemáticas
y persistentes fallas en las operaciones humanitarias, el intervalo existente
entre la ayuda de emergencia proporcionada por organizaciones como el
ACNUR y los fondos para lanzar y sustentar el desarrollo a largo plazo.
|
Los altos funcionarios de la protección
insisten también en que es necesario un cambio generalizado
de actitud y de tono para que la agenda de la protección
salga adelante en estos tiempos tan problemáticos. “Si
no mostramos más flexibilidad, si no abandonamos la línea
“purista” de que las demandas de protección
son siempre lo más importante y de que las acciones de
los gobiernos tienen siempre una sombra de sospecha, nosotros
y la Convención acabaremos siendo irrelevantes”,
asegura uno de ellos.
Según otro, “nuestro planteamiento ya ha cambiado.
Solíamos decirle a los estados No puede usted hacer eso…
a menos que. Ahora decimos Sí, podemos hacerlo… pero
examinemos también los problemas. Es un planteamiento mucho
más positivo y productivo”.
Algunos críticos discrepan, viendo en este planteamiento
un peligroso camino a recorrer, un paso que entregaría
el manto protector a muchos gobiernos que deberían ser
atentamente vigilados.
|
|
“Lo que realmente demuestra lo imbéciles,
lo estúpidos, lo débiles que nos hemos vuelto
es que proporcionamos viviendas protegidas (…) a quienes
planean asesinarnos con venenos mortales”. |
|
Convención Minus
Las mejoras en protección se enfrentan a feroces barreras, una
montaña de obstáculos denominada por algunos “Convención
Minus”.
En Europa, el Pacífico y Norteamérica, cada vez se intercepta
a más personas cuando intentan llegar a los países donde
pueden solicitar asilo.
Al finalizar el año la agencia para refugiados presentará
a su Comité Ejecutivo un borrador de conclusiones para su aprobación,
donde se insiste en que los países interceptores deben tomar todas
las medidas para identificar a los auténticos refugiados y solicitantes
de asilo antes de enviarlos de vuelta.
El número de detenciones “inaceptables” también
ha crecido, aunque hace tiempo que el ACNUR reconoció el derecho
de los países a detener individuos en determinadas circunstancias
durante un espacio de tiempo limitado, en el mejor de los casos de no
más de un mes.
Un reciente informe sobre el terreno acerca de la protección señalaba:
“La falta de seguridad sigue siendo endémica, elementos armados
se infiltran en campamentos y asentamientos, se intercepta, se niega la
entrada o se hace volver por la fuerza a los refugiados, no se les da
acceso a los procedimientos de asilo ni documentos de identidad, lo que
aumenta el riesgo de detenciones y deportaciones arbitrarias, se enfrentan
a la hostilidad de las poblaciones anfitrionas y sufren el riesgo constante
de ser atacados, violados o asesinados”.
Aunque las secuelas y la reacción contra los refugiados y solicitantes
de asilo tras los atentados de Estados Unidos y la guerra contra el terrorismo
no han sido tan generalizadas como se anticipaba, sigue habiendo motivos
de preocupación.
“Cuando se tomen medidas antiterroristas, debemos asegurarnos de
que los gobiernos evitan hacer conexiones injustificadas entre refugiados
y terrorismo”, manifestaba Lubbers. “Los propios refugiados
son víctimas de la persecución y el terrorismo, no sus responsables”.
Y en otro discurso: “Existe el riesgo de que esta gente se convierta
en un chivo expiatorio y sea injustamente victimizada. No debemos permitir
que eso ocurra”.
Pero en Estados Unidos, miles de personas seleccionadas para el reasentamiento
-una importante plataforma en la búsqueda por parte de la agencia
de soluciones permanentes- han sentido la reacción, al menos temporalmente.
Aunque la cuota de admisión del 2002 en dicho país se había
establecido en 70.000, sólo 26.300 personas fueron admitidas. El
ACNUR informó de una caída del 56 por ciento en los casos
de reasentamiento directamente bajo sus auspicios en otras partes del
mundo.
La agencia para refugiados, la única organización de la
ONU con mandato oficial para proteger a los refugiados, teme también
que en este entorno de por sí complejo, donde cada vez es más
difícil distinguir a los auténticos refugiados de otros
“emigrantes”, el papel de las propias agencias humanitarias
se vuelva borroso.
Sus responsables han mostrado su preocupación por el creciente
número de agencias que describen su trabajo como relacionado con
la “protección”, lo que podría conducir a que
se diluya la capacidad técnica, en detrimento en última
instancia de la propia gente a la que todos intentan ayudar.
Un funcionario de protección describe el problema de forma pintoresca:
“El ACNUR es a veces la novia fea que llega a la iglesia con una
pequeña dote. A menudo transmitimos mensajes que los gobiernos
no quieren oír y no somos bien recibidos”. Otras agencias,
sin embargo, “intentan ser la novia bonita con una gran dote, dispuesta
a agradar”.
Altos intereses y desconcierto
Los recientes sucesos en Europa ponen de manifiesto los intereses en juego,
el desconcierto, los malentendidos e incluso la atmósfera de espionaje
que se crea cada vez que la inmigración y la protección
aparecen en la agenda internacional.
A principios de año, Gran Bretaña lanzó una propuesta
polémica que consistía básicamente en “exportar”
el problema del asilo europeo mediante la creación de una serie
de centros de atención en los países del extrarradio de
la Unión, o como lo describía Londres, “dentro de
la Europa amplia”, donde se examinaría a las personas en
busca de asilo.
El diario The Observer informó rápidamente de “un
campamento secreto en los Balcanes para alojar a los solicitantes de asilo
del Reino Unido”. La historia fue posteriormente desmentida.
A medida que aumentaba la intriga, otros periódicos afirmaron haber
descubierto al embajador británico en Albania inspeccionando clandestinamente
remotas zonas montañosas en busca de posibles centros de detención.
Ante las feroces críticas de los grupos de derechos humanos y de
algunos de sus socios europeos, Londres abandonó esa idea pero,
a continuación, sugirió el establecimiento de “zonas
de protección” más alejadas, en áreas como
el Cuerno de África, de donde procedían muchos de los refugiados
y donde podrían ser asistidos y examinados según la propuesta
británica.
El Ministro de Exteriores, Jack Straw, subrayó que este segundo
proyecto tenía el “completo apoyo del ACNUR”.
 |
|
Ayudar
a niños-soldados desmovilizados, como estos en
Sierra Leona, y proporcionar asistencia para que los refugiados
guatemaltecos reciban títulos de propiedad de tierras
y la ciudadanía son programas de protección
poco convencionales.
ACNUR/M.Echandi/CS/MEX·2002
y ACNUR/N.Behring/
DP/ SLE·2003 |
|
Reconociendo
lo delicado y urgente del tema, la agencia para refugiados publicó
lo que denominaba un “planteamiento de tres vértices
para mejorar el sistema global de asilo”. El primero solicitaba
el fortalecimiento de los sistemas de asilo de los distintos estados.
El segundo transformaría Europa en un régimen único
de asilo, destacando que los centros de atención estarían
ubicados dentro de la Unión en vez de fuera de ella como
habían sugerido los británicos, y por tanto sujetos
a una vigilancia directa de la Unión Europea.
Un tercer vértice “regional” instaba a los
donantes tradicionales a reforzar de manera significativa su ayuda
tanto a los refugiados como a los países anfitriones en
las zonas más pobres del mundo, reduciendo así la
necesidad de ir más lejos a solicitar asilo. Eso incluía
acuerdos especiales hechos a medida para grupos concretos de refugiados. |
Ambos planteamientos eran esencialmente distintos. Como portavoz del ACNUR,
Rupert Colville insistía posteriormente: “Estamos interesados
en hacer esfuerzos más concertados e imaginativos para resolver
situaciones concretas en las regiones de origen, no en crear nuevas entidades
geográficas o físicas. Queremos eliminar las presiones que
obligan a los refugiados a huir, no intentar contenerlos de cualquier
manera. El ACNUR no habla de “zonas de protección”.
No estamos seguros de lo que significa este concepto”.
Era una cuestión de matiz, pero Amnistía Internacional,
en un informe de 37 páginas, vino a enturbiar aún más
las aguas sugiriendo que las propuestas británica y del ACNUR eran
una misma cosa. El propio título del informe -“RU/UE/ACNUR:
El ilegal e impracticable procesamiento extraterritorial de demandas de
asilo”- marcaba el tono.
La réplica fue un hecho sin precedentes. “El informe de Amnistía
distorsiona claramente la posición del ACNUR”, declaró
Volker Turk. “Sus argumentos legales y programáticos son
incorrectos. Perjudica nuestra labor al fundir todas las propuestas en
una. Ha alimentado y desorientado gravemente el debate público”.
|
Lubbers manifestó que la posición
de la agencia había sido “malinterpretada y tergiversada”.
Sus propuestas regionales no implicaban “transferir la carga,
sino repartirla”.
Sin embargo, el daño ya estaba hecho.
Los expertos, responsables gubernamentales y medios de comunicación
y el público en general parecían irremediablemente
confundidos sobre quién había propuesto qué
cosa. El periódico The Guardian, normalmente un diario
bien informado sobre cuestiones de asilo, señalaba en un
artículo que el Primer Ministro Blair había “fracasado
en su intento de conseguir fondos de la UE para el plan de la
ONU de crear zonas de protección”, cuando se trataba
de una clara referencia al plan británico, no al del ACNUR.
|
|
El Alto Comisionado Lubbers ha admitido
que su organización ha llegado a una auténtica
“encrucijada” y que se están diseñando
nuevas estrategias de protección. |
|
El mismo artículo informaba de que 12 organizaciones británicas
habían protestado ante Blair por el apoyo de su nación a
este supuesto plan de la ONU (en realidad británico): “Estas
propuestas serán vistas como un intento de transferir la responsabilidad
de los solicitantes de asilo y los refugiados a algunos de los países
más pobres del mundo y enviará una señal peligrosa
sobre el compromiso del Reino Unido con los derechos humanos”.
Hubo pocos ganadores en este desastre político.
Soberanía y desplazados
En el debate dentro del escenario mundial, seguía el torbellino
alrededor de las cuestiones fundamentales de la soberanía, el derecho
a intervenir durante las crisis humanitarias y la responsabilidad de ayudar
a los 20-25 millones de personas que se encuentran desplazadas internamente
en el interior de sus propios países, un grupo al que burocráticamente
se denomina desplazados internos.
En uno de los más controvertidos discursos del Secretario General
de la ONU, Kofi Annan instó hace tres años a los estados
miembros a dejar de lado los poderes celosamente guardados -la soberanía
y la inviolabilidad de las fronteras nacionales- en favor del más
elevado interés de proteger a los civiles atrapados en el fuego
cruzado de la guerra.
En un conjunto radical de recomendaciones, Annan sugería que el
Consejo de Seguridad pudiera intervenir indirectamente en los conflictos
internos, autorizando las misiones preventivas de pacificación,
creando “pasillos seguros” en zonas de guerra para que las
agencias de ayuda pudieran llegar hasta las poblaciones asediadas, haciendo
cumplir las leyes internacionales humanitarias y de derechos humanos existentes
e imponiendo sanciones como el embargo de armas a los estados más
recalcitrantes.
En un informe más reciente titulado “La responsabilidad de
proteger”, Gareth Evans, presidente del Grupo de Crisis Internacionales,
y Mohamed Sahnoun, consejero especial de Annan para África, concluían
que, en la última década, la comunidad internacional ha
“convertido en un fracaso” las intervenciones humanitarias
en lugares como Kosovo, Ruanda y Bosnia.
 |
|
Volver
a la patria, como han hecho más de dos millones
de afganos desde principios de 2002, es la mejor solución
y la mejor protección para la mayor parte de los
refugiados.
AP/Amir Shah
|
|
El
debate había degenerado hasta convertirse en “irascibles
intercambios en los que los fervientes defensores de la intervención
dentro de los grupos de derechos humanos, combatidos por los ansiosos
defensores de la soberanía estatal, se enterraban cada
vez más profundamente en sus respectivas trincheras”.
Los autores argumentaban que la intervención militar debía
ser utilizada en ocasiones, aunque escasas y siguiendo criterios
estrictos. En vez del “derecho a intervenir”, la cuestión
debía enfocarse dentro del nuevo marco de la “responsabilidad
de proteger”. Esta responsabilidad de proteger sería
un concepto paraguas que abarcaría no sólo la “responsabilidad
de reaccionar”, sino también la “responsabilidad
de prevenir” y la “responsabilidad de reconstruir”.
Mientras que los gobiernos y los expertos políticos se
atacaban verbalmente, el debate sobre el cuidado de las víctimas
de los conflictos internos permanecía atascado.
|
Pese a no tener un mandato general para los desplazados
internos, el ACNUR se ocupa actualmente de cerca de seis millones de
ellos. Su situación es similar a la de los refugiados, suelen
encontrarse en las mismas ubicaciones geográficas donde tienen
lugar las operaciones de refugiados y es de sentido común que
la agencia se ocupe de poblaciones específicas.
Pero cada nueva crisis genera los mismos dilemas políticos y
operativos, siendo el último ejemplo la guerra de Irak.
Tanto dentro del ACNUR como del más amplio marco de la ONU y
las familias humanitarias surgen las mismas preguntas: si los desplazados
no están cubiertos por el mandato del ACNUR, ¿por qué
la organización habría de involucrarse? ¿ En todo
caso, dispone en este momento de los recursos para recortar gastos y
hacerse cargo de más responsabilidades? Si no se involucra, ¿cederá
parte de su terreno y de su importancia a otros aspirantes en un entorno
humanitario cada vez más competitivo y multitudinario?
No parece que vaya a haber respuestas claras a ninguna de estas preguntas
sobre los desplazados internos y la soberanía en muchos años.
Protección invisible
Lejos de las crisis más llamativas, como la de Irak, de las cámaras
de televisión, los titulares de prensa y el circuito de conferencias
de alto nivel, prosigue lo que un informe definía como el “en
gran medida invisible trabajo de protección”, sin grande
alharaca ni manifestaciones: una multitud de programas y proyectos diarios,
grandes y pequeños.
Una documentación en regla y la inscripción en un registro
de los refugiados ayuda a evitar las detenciones arbitrarias o el refoulement
(el retorno a la fuerza de los refugiados). En Ecuador, una base de
datos desarrollada conjuntamente por el Gobierno y el ACNUR proporciona
ayuda en cuestiones de documentación a los refugiados colombianos.
En Costa de Marfil, Georgia, Guinea y Yemen, se han distribuido carnets
de identidad por primera vez no sólo a los hombres, sino también
a las mujeres.
A principios de año se enviaron oficiales de la policía
canadiense a Guinea para mejorar el diseño de los campos de refugiados
y disminuir la amenaza de los ataques físicos, especialmente
los dirigidos contra mujeres.
Reconociendo la especial vulnerabilidad de éstas, se ha iniciado
una serie de programas de protección.
Estos programas van íntimamente ligados a los esfuerzos por aumentar
el acceso a la educación, que no sólo prepara a los jóvenes
para el futuro, sino que también ayuda a protegerlos del abuso
sexual, del reclutamiento militar y del tráfico de seres humanos.
En Sri Lanka se han organizado conferencias para educar a los civiles
retornados sobre los peligros de los artefactos militares sin explotar.
En Sierra Leona, los guerrilleros, especialmente los niños-soldados,
han recibido ayuda durante el doloroso proceso de desmovilización
y para reintegrarse en las sociedades a las que habían aterrorizado
durante años.
Recientemente se ha completado una revisión de la capacidad de
protección de 11 países africanos como parte de los actuales
esfuerzos legales por ayudar a países de todo el mundo, pero
especialmente a los estados pobres y en vías desarrollo, a poner
en marcha estructuras eficaces, legales y físicas, de asilo e
inmigración.
En los últimos meses, El Salvador, la República Democrática
del Congo, Moldavia, Paraguay y Perú han aprobado por primera
vez leyes sobre refugiados. Ucrania y Timor oriental han firmado la
Convención de 1951 y/o el Protocolo de 1967 que ya ha alcanzado
el número de 145 estados signatarios.
En Croacia, Bosnia y Burundi los esfuerzos por resolver las disputas
sobre propiedades y tierras continúan, aunque dichos procesos
pueden durar años.
La agencia para refugiados ha alentado la integración de refugiados
en países anfitriones. En un ejemplo exitoso, más de 7.600
civiles originarios de Guatemala se han nacionalizado desde 1996 en
México. Un proyecto similar a gran escala se encuentra actualmente
en marcha en Zambia.
Se ha concedido la ciudadanía a los civiles apátridas
en el estado centroasiático de Kirguizistán y el ACNUR
ha ampliado sus esfuerzos por ayudar a unos nueve millones de personas
sin patria en el mundo para “salir del frío” y encontrar
un hogar (ver página 12).
La agencia ha producido discos compuestos por artistas locales, una
serie televisiva y anuncios de radio y televisión en su empeño
por combatir la xenofobia en Costa de Marfil.
En la capital de Yemen, Sana’a, casi 500 trabajadores han asistido
a un curso legal sobre refugiados y derechos humanos, una primera plataforma
para diseminar la información a nivel nacional.
Pese a lo prometedor de todos estos proyectos, aún queda un largo
camino para alcanzar el objetivo último de la protección
según Lubbers.
Como dijo en un reciente discurso: “Es mejor llevar seguridad
a la gente que la gente a un lugar seguro”. Pero añadió:
“Cuando la comunidad internacional fracasa en esta misión,
como ocurre con frecuencia, debemos defender el derecho de las personas
a solicitar y disfrutar del asilo”.
|