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| T E M A D E P O R T A D A |
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La protección a lo largo de la
historia
Los seres humanos se han visto obligados a huir desde
el momento en que empezaron a formar comunidades, siglos atrás.
Como dato alentador, la tradición de ofrecer protección
es casi tan antigua como la de la huida. Los primeros textos religiosos
suelen hacer referencia al asilo, una palabra de origen griego que significa
“sin captura”, “sin violación” o “sin
devastación”. Platón escribió: “El extranjero
aislado de sus compatriotas y su familia debería ser objeto del
mayor amor por parte de los hombres y los dioses”.
Los estados o sus líderes cargaban con el peso
de ayudar a las personas desarraigadas. Teseo, rey de Atenas, aconsejó
a Edipo, rey de Tebas: “Como tú, recuerdo muy bien que crecí
en casa ajena y en tierra extranjera. Me enfrenté a graves peligros.
De modo que, a cualquiera que solicite mi hospitalidad, como lo haces
tú ahora, no sabría cómo negársela”.
Las naciones empezaron a desarrollar una conciencia internacional
a principios del siglo XX y los esfuerzos por ayudar a los refugiados
se extendieron por todo el mundo. La Liga de las Naciones, precursora
de las Naciones Unidas, nombró en 1921 al famoso explorador polar
noruego Fridtjof Nansen primer Alto Comisionado para los Refugiados del
mundo, con un mandato para ayudar a unos 800.000 refugiados, sobre todo
rusos.
Al mismo tiempo, comenzó a tomar forma un cuerpo de leyes
internacionales sobre refugiados, empezando con la Convención
de la Liga de las Naciones de 1933 relativa al Estatuto Internacional
de los Refugiados y seguida por la Convención de 1938 sobre el
Estatuto de Refugiado.
La Liga desapareció al acabar la Segunda Guerra Mundial.
Durante el caos y los momentos posteriores a dicho conflicto, la Administración
de Ayuda y Rehabilitación de las Naciones Unidas ayudó primero
a repatriar a sus hogares a siete millones de refugiados y otros grupos,
y más tarde la Organización Internacional del Refugiado
(OIR) reasentó a más de un millón de refugiados en
países de todo el mundo.
En 1948, se proclamó la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, seguida un año más tarde
por la cuarta Convención de Ginebra, que abarcaba la protección
de los civiles atrapados en un conflicto.
En 1950 la Asamblea General de la ONU creó el Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados, una agencia “de
carácter totalmente apolítico” cuyo principal objetivo
era ayudar a los cerca de un millón de refugiados de la guerra
que aún vagaban por Europa. El 28 de julio del año siguiente,
se adoptó formalmente la Convención de 1951 relativa al
Estatuto de Refugiado, el fundamento legal básico sobre el que
se apoya el ACNUR.
Fue el primer acuerdo internacional que cubrió
los aspectos más fundamentales de la vida del refugiado. Ofrecía
una definición del término “refugiado”, perfilaba
sus derechos básicos, incluyendo cuestiones como la libertad de
culto y de movimientos, pero también subrayaba las obligaciones
de los refugiados hacia los gobiernos anfitriones. Una cláusula
esencial estipulaba que los refugiados no debían ser devueltos
o sufrir refoulement a un país donde habían padecido persecuciones.
La Convención tuvo en sus orígenes un margen de
acción deliberadamente estrecho. Permitía a los
estados limitar sus obligaciones a los refugiados europeos y no incluía
a las personas desplazadas de sus hogares después del 1 de enero
de 1951. Pero a medida que el “problema refugiado” se globalizaba,
se hizo evidente que la Convención necesitaba ser reforzada. En
1967, la Asamblea General de la ONU adoptó el Protocolo relativo
al Estatuto de Refugiado que, de hecho, eliminaba las restricciones temporales
y geográficas contenidas en el documento original de 1951.
En 1969, la Organización para la Unidad Africana
(OUA) aprobó una convención liberal sobre refugiados. Por
primera vez, un documento legal ampliaba el reconocimiento de los refugiados
a las personas que huyen en grandes grupos y que escapan a circunstancias
tales como la agresión externa, la ocupación o el dominio
extranjero. Incluía el principio, hoy universalmente aceptado,
de la repatriación “voluntaria”. Siguieron otros tratados
regionales, incluida la Declaración de Cartagena de 1984 firmada
por los países latinoamericanos.
En sus primeras cuatro décadas de existencia,
el ACNUR trabajó siempre en los márgenes de la guerra, ayudando
a las personas desplazadas a empezar una nueva vida cuando se encontraban
ya a salvo en los países cercanos. Sin embargo, las operaciones
de la agencia sufrieron un dramático cambio a principios de los
años 90 y como respuesta a la creciente complejidad de los conflictos,
su personal empezó a trabajar dentro de las guerras en lugares
como el norte de Irak y los Balcanes.
Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001
en Nueva York y Washington marcaron un cambio de proporciones sísmicas
en la actividad global política y militar. Tuvieron como resultado
la guerra dirigida por Estados Unidos contra Afganistán e Irak.
Millones de refugiados se vieron afectados por las secuelas de estos sucesos.
Más de dos millones de civiles pudieron volver a su tierra natal
en Afganistán tras la instauración de un nuevo Gobierno,
pero muchos otros se vieron atrapados por el incremento de la seguridad
y las restricciones al asilo introducidos por muchos países.
En lo que el Alto Comisionado Ruud Lubbers ha calificado
como el más importante encuentro sobre refugiados del último
medio siglo, los signatarios de la Convención (junto con otras
naciones, organizaciones no gubernamentales y diversos expertos) se reunieron
en Ginebra en diciembre de 2001 y reafirmaron su “compromiso de
cumplir nuestras obligaciones con la Convención de 1951 y/o su
Protocolo de 1967 de forma completa y eficaz”, prometiendo “abordar
las causas de los movimientos de refugiados, además de impedirlas”.
La conferencia formaba parte de un proceso actual del ACNUR
denominado Consultas Globales sobre Protección Internacional, cuyo
resultado ha sido la creación de la Agenda de la Protección,
en realidad una serie de directrices que los gobiernos y las organizaciones
humanitarias pueden utilizar para consolidar la protección de los
refugiados a nivel mundial.
Junto con la Agenda, Lubbers ha puesto en marcha distintas
iniciativas para reforzar los apartados de interés dentro de la
protección que no fueron previstos por los redactores originales
de la Convención, a fin de intentar eliminar los denominados “intervalos”
entre las emergencias y el desarrollo a largo plazo de las devastadas
comunidades de refugiados y promover, cuando sea posible, la integración
local o el reasentamiento de las personas desplazadas.
En su momento culminante, durante 1994, en mitad del conflicto balcánico,
con millones de desplazados por el genocidio en Ruanda y otras contiendas
en África Central, el ACNUR llegó a ayudar y proteger a
unos 27 millones de personas. Actualmente, la agencia sigue proporcionado
asistencia a más de 20 millones de civiles. Desde los años
50, ha ayudado a unos 50-60 millones de personas a empezar una nueva vida
y en este proceso ha recibido dos Premios Nobel de la Paz por lo que el
primer Alto Comisionado del ACNUR, Gerrit Jan van Heuven Goedhart, denominó
sus intentos por crear un entorno “en el que ningún pueblo
de ningún país, de hecho ningún grupo de personas
de cualquier tipo, viva preso del temor y las necesidades”.
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