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| T E M A D E P O R T A D A |
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¿Demasiados cocineros?
Cada vez más organizaciones
intentan ayudar a los desplazados internos en todo el mundo. ¿Pero
resulta útil?
por Ian Piper
En los últimos años,
el problema de los desplazados internos del mundo se ha acrecentado,
ha captado más la atención de los medios de comunicación
y ha ocupado a un sector cada vez más amplio de la comunidad
humanitaria internacional.
Al ACNUR le han pedido que adopte un papel más prominente
y otras agencias, como la Oficina de las Naciones Unidas para
la Coordinación de Asuntos Humanitarios y la Organización
Internacional para las Migraciones, han tenido una mayor presencia
en la ayuda a este grupo de personas desarraigadas, circunstancias
todas estas que podría pensarse que nublan el papel operativo
establecido para el Comité Internacional de la Cruz Roja.
El CICR lleva muchos años implicado en la ayuda a los desplazados
internos (estimados en unos 20-25 millones en todo el mundo según
la ONU), un papel ampliamente reconocido por gobiernos y autoridades
militares y fundado en las leyes humanitarias internacionales.
Las recientes operaciones en África Central y Occidental
subrayan su continuo compromiso.
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Ayudando a los desamparados
del mundo.
AFP/Getty Images/Andres Carrasco
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Pero está claro que, con las guerras
volviéndose más complejas y confusas y con el cada vez mayor
número de organizaciones humanitarias remarcando el gran cambio
ocurrido en el entorno de los desplazados internos en una década,
existe la necesidad de un mayor entendimiento, cooperación y coordinación
para evitar duplicidades y confusiones.
El CICR debe tener un papel predominante y uno de los mayores desafíos
para la organización es cómo va a conducir sus relaciones
con otras agencias.
Estas cuestiones deben abordarse en las sedes centrales, pero también,
y de forma crucial, sobre el terreno, donde una indecisión puede
costar vidas.
En la “familia” de la Cruz Roja, la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y algunos de sus
miembros se encuentran ya involucrados en la ayuda a los desplazados internos.
Esto requiere una coordinación entre dichos organismos y sus socios.
La solución podría ser un mayor papel de liderazgo y coordinación
por parte del CICR, incluso más allá del marco inmediato
del Movimiento de la Cruz Roja /Media Luna Roja.
La relación más crítica es la existente entre el
ACNUR y la gran familia de la Cruz Roja. Puesto que operan a menudo en
las mismas zonas en beneficio de las mismas personas, el CICR y el Alto
Comisionado en concreto, necesitan ser claros sobre sus respectivas responsabilidades
y roles y sobre su actitud hacia las organizaciones de nuevos donantes
en el sector, especialmente a la vista de las nuevas complejidades, como
la intervención de elementos étnicos, religiosos e incluso
criminales en los conflictos armados y el aumento de las guerras internas
en los últimos 30 años.
Un papel creciente
El propio papel operativo del CICR va en aumento. Se centra en las necesidades
urgentes de todas las personas afectadas por el conflicto, no sólo
las forzadas a abandonar su tierra sino también las poblaciones
locales en cuyas comunidades se han refugiado los desplazados. Ambos grupos
tienen derecho a la protección bajo las Convenciones de Ginebra.
En algunos casos, por ejemplo, es posible que, mientras que los desplazados
se trasladan a otro lugar, los civiles de la localidad quieran permanecer
y cuidar de sus casas, necesitando por tanto mayor protección.
El CICR debe ser más claro sobre lo que quiere decir con expresiones
como “necesidades urgentes” y “resultado directo del
conflicto” . Necesita aclarar hasta dónde está dispuesto
a ayudar y rehabilitar a los desplazados en los momentos de transición,
lo que incluye a las poblaciones que regresan a su tierra después
de una guerra.
Existen motivos de preocupación respecto a los denominados casos
olvidados, problemas que se han escurrido fuera de los medios de comunicación,
que suscitan menos interés en los gobiernos y que han dejado de
ser considerados como emergencias. Los desplazados de mayor antigüedad
que no están cubiertos por el mandato del CICR suelen aparecer
dentro de esta categoría. Su legitimidad para recibir ayuda puede
ser discutida, porque viven en la pobreza y la discriminación en
las afueras de ciudades como Bogotá, Sarajevo, Jartum y Luanda.
Para reforzar sus operaciones, el CICR acaba de introducir en sus programas
de formación un anteproyecto, denominado “Principios Rectores
sobre Desplamiento Interno”, que considera una herramienta útil
en áreas no cubiertas por las leyes humanitarias internacionales,
como el retorno de los desplazados internos a sus tierras o la recuperación
de sus documentos de identidad. El CICR ha ayudado a redactar estos principios,
aunque no son legalmente vinculantes.
Finalmente, al tiempo que ayuda a las personas desplazadas de forma práctica,
el CICR contribuye también al debate global sobre los desplazados
internos, los refugiados y los emigrantes.
La responsabilidad de los estados, con los que el CICR mantiene una relación
única, es importante. Los gobiernos que crean el problema de los
desplazados deben responder por ello. Deben reconocer que la gente en
situaciones precarias y amenazantes necesita seguridad, trato humano y
justicia, no ser tratada como una simple cifra de estadística migratoria
por los estados temerosos de los movimientos de población. 
Ian Piper es
uno de los responsables de la oficina de prensa en la sede del CICR en
Ginebra.
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