AFGANISTÁN

"La operación más importante.”

Número 121• 2003
ARTÍCULOS


Editorial

De regreso a casa… las buenas noticias

A mediados de los años 90 el ACNUR atendía a unos 27 millones de personas, más que en cualquier otro periodo de sus 53 años de historia. Desde entonces las cifras han experimentado un lento descenso.

En el 2001 dos millones de refugiados y otras personas “de incumbencia” del ACNUR fueron borrados de las listas de la agencia. Durante el año siguiente, 2002 el último que cuenta por ahora con estadísticas completas, la cifra total de personas necesitadas de ayuda se mantenía relativamente estable, en torno a los 20,6 millones. Pero eso ocultaba una importante y alentadora tendencia: el número de personas que regresaba a sus hogares era mucho mayor que el de los nuevos refugiados que huían.

Fotografía por ZALMAÏ
En ese período el número de civiles que volvían a sus pueblos y ciudades, a quienes el ACNUR ayudaba a empezar una nueva vida, aumentó de menos de 500.000 a casi 2,5 millones. Por otro  lado, el  nú-
mero  de personas que recibía asistencia en situaciones de emergencia descendió de 18,3 millones a unos 16 millones.

El año 2003 ha sido un período de consolidación de estas tendencias. Han proseguido los grandes desplazamientos en zonas como Afganistán, Angola y Sri Lanka, pero a un ritmo menor. Posiblemente esta tendencia se repita en los próximos 12 meses y con mucho trabajo y un poco de suerte en las distintas iniciativas de paz actualmente en marcha, se puedan comenzar nuevas repatriaciones a lugares como Sudán.

La noticia preocupante es que las labores humanitarias se encuentran amenazadas como nunca lo han estado antes. El atentado del 19 de agosto contra el cuartel general de la ONU en Bagdad, en el que murieron 22 personas y muchas otras sufrieron heridas, ha puesto de manifiesto que el denominado “escudo moral”, protector de los trabajadores de ayuda humanitaria, ha quedado seriamente comprometido y que ahora fanáticos religiosos, ejércitos irregulares y milicias ven al personal sobre el terreno, tanto internacional como local, como posible objetivo.

En noviembre la amenaza se convirtió en una terrible realidad cuando Bettina Goislard, una francesa de 29 años que trabajaba para el ACNUR en la ciudad de Ghazni al sur de Kabul, fue asesinada a sangre fría por dos hombres armados que iban en una motocicleta.

Los peligros físicos nunca podrán ser totalmente eliminados en situaciones que generan refugiados, pero el mayor desafío para las agencias como el ACNUR en los próximos meses será el diseño de estrategias operativas que garanticen un nivel de seguridad razonable para su personal, al tiempo que le permita ayudar de manera efectiva a millones de personas necesitadas.

El Alto Comisionado Ruud Lubbers califica como un “logro notable” el retorno ininterrumpido de civiles a Afganistán en medio de la ruina económica y del deterioro de las condiciones de seguridad. En esta edición, un joven fotógrafo afgano, Zalmai, pone de manifiesto las dificultades de la repatriación en un excepcional ensayo fotográfico. En el 2004 se darán a conocer sus fotos, que serán expuestas por todo el mundo y publicadas en un álbum donde se resaltará la mirada tan personal de Zalmai sobre su patria devastada pero arrebatadoramente bella.