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2003...“Un buen año en un mundo difícil”

El Alto Comisionado Ruud Lubbers hace un repaso del 2003: la repatriación que continúa en Afganistán y los avances en Angola y Liberia, pero también las repercusiones del atentado contra el cuartel general de la ONU en Bagdad.

Nuevas esperanzas
para Angola
a medida que la
gente regresa a
sus hogares
tras décadas de
guerra.
ACNUR/S.HOPPER/
DP/AGO•2003

REFUGIADOS: ¿Cómo califica el 2003 en líneas generales?
Lubbers: Ha sido un año positivo aunque empañado por la tragedia de Bagdad. Hemos seguido con las operaciones de repatriación y reintegración en Afganistán pese a los problemas existentes en el país. En África se ha empezado una importante operación de repatriación, en Angola se ha continuado con un programa similar, en Eritrea se han mantenido conversaciones ininterrumpidas para resolver la crisis del Congo y en Liberia hemos visto salir a (el Presidente) Charles Taylor y renovarse las esperanzas del país.

También ha comenzado una serie de iniciativas políticas para ampliar y fortalecer las actividades de la agencia.
Sí, hemos encontrado apoyo entre los estados miembros que deciden las actividades del ACNUR (el Comité Ejecutivo de 64 miembros) para nuestro programa Convención Plus (una iniciativa para reforzar la Convención de Ginebra de 1951 sobre los refugiados mediante el mejoramiento de la protección, de la denominada “carga compartida” entre los donantes, los países de asilo y los estados más pobres que albergan a la mayoría de las personas desplazadas del mundo y de la búsqueda más enérgica de soluciones permanentes para los desplazados). Se ha presentado un borrador de resolución a la Asamblea General referente al proceso ACNUR 2004 (una revisión de las capacidades del ACNUR para cumplir con su mandato por medio de recomendaciones para los próximos cinco años).

¿Alguna otra buena noticia?
Sí, hemos recibido más subvenciones (tras varios años difíciles de restricciones presupuestales).

Pero todos estos logros positivos se han visto ensombrecidos por el atentado de Bagdad.
Perder a tantos colegas fue una tragedia personal. Pero también están las repercusiones generales sobre la seguridad y sobre cómo hacer frente a los nuevos dilemas y presiones: el creciente antiamericanismo en la región, el sentimiento contra la ONU, los problemas de seguridad en su conjunto para una agencia que, como el ACNUR, realiza la mayor parte de sus tareas sobre el terreno. Sin embargo ha sido un buen año dentro de un mundo difícil.

¿Cómo puede el ACNUR forjarse una identidad claramente definida y separada que le permita seguir su labor sobre el terreno en lugares peligrosos?
Debemos, por supuesto, trabajar estrechamente con el aparato general de seguridad de la ONU, pero también necesitamos forjarnos una identidad propia. No veo por qué meten en un mismo saco a toda la ONU y por qué lo consideran un “saco norteamericano”. Necesitamos nuestros propios ojos y oídos sobre el terreno y cumplir nuestro trabajo. Debemos dar la cara y estar “ahí fuera” para ayudar a todos. En Afganistán, por ejemplo, hablamos con los que tienen el poder sobre el terreno así como con el Gobierno y otros protagonistas. No formamos parte de ese gobierno global ni de la maquinaria internacional. Nuestro papel es distinto. Somos una agencia que opera sobre el terreno, pero debemos tener la información necesaria para poder juzgar cuando ir a las zonas de operaciones y cuando no.

Después del atentado de Bagdad dijo usted que el ACNUR no puede trabajar “encerrado entre muros”. Posteriormente se retiró a todo el personal internacional de la ONU del país. ¿Y ahora qué?
Hace poco preguntaron a los directores de las agencias cuales debían ser nuestras prioridades. Le he dicho al Secretario General que debemos reducir las divisiones entre el Islam y el resto del mundo. Tenemos que ser conscientes de que hay un cisma en Oriente Medio y eso a los ojos de muchas personas legitima la violencia contra la comunidad humanitaria en otras partes del mundo. Por eso digo que vivimos en un mundo difícil.

¿Nos encontramos frente a un estancamiento indefinido de las operaciones humanitarias en Irak?
De momento tenemos las manos atadas, pero hay que explorar todas las posibilidades. Debemos seguir con la formación de nuestro personal local y aprovechar cualquier oportunidad para establecer relaciones con las autoridades de Irak. Podemos mantener el contacto con las operaciones locales desde Kuwait, en el sur y quizás podamos hacer lo mismo por el norte, a través del Kurdistán turco.

Hasta los años 90 la mayor parte de las operaciones del ACNUR se producían en la periferia de los conflictos y no en el núcleo como ocurre actualmente. Si las condiciones de seguridad continúan deteriorándose, ¿puede preverse una situación en la cual las operaciones vuelvan a quedar restringidas a los llamados “países seguros”?
No logro ver cómo podemos permitirnos estar en la periferia. Tenemos que ser prudentes y minimizar los riesgos. En Liberia, por ejemplo, se retiró momentáneamente al personal internacional por razones de seguridad, pero ahora se encuentran de nuevo ahí trabajando fuertemente. Este tipo de operación es una misión clave para el ACNUR.

Existe un alto grado de incertidumbre sobre el futuro de Afganistán. Por ejemplo, el número de personas que han regresado a sus hogares este año es menor que el previsto por el ACNUR.
El número de retornados está por debajo de nuestras expectativas, pero no deja de ser importante. No estoy decepcionado. Y el próximo año vamos a reenfocarnos hacia una solución más regional. Los afganos seguirán regresando a su patria, pero puede que también se permita a otros afganos quedarse permanentemente en Pakistán e Irán. No creo que estos dos países expulsen a los refugiados mientras continuemos nuestros esfuerzos por repatriar a todos aquellos que quieren volver. (Se calcula que sigue habiendo 2,4 millones de afganos en ambos países). Hay que tener presente que la población Pashtún de Pakistán es originaria de Afganistán y que allí son miembros productivos de la sociedad.

Hace poco sugirió un nuevo modo de ayudar a los aproximadamente 112.000 refugiados de Bután que viven en Nepal. Pero algunas agencias internacionales lo acusan a usted de ayudar a Bután, cuyo gobierno no quiere el regreso de la mayor parte de la población, en la denominada limpieza étnica.
No ayudamos a estas personas con el solo hecho de proporcionarles asistencia año tras año en un campo de refugiados, independientemente de lo eficiente que resulte la operación. Así que poco a poco vamos a disminuir nuestra ayuda a estos campos. Por lo tanto también esperamos maximizar los retornos siguiendo el proceso bilateral entre Nepal y Bután, aunque no seamos una de las partes directamente involucradas en dicho proceso. Debemos encontrar soluciones permanentes para estas personas y no debemos desviarnos de este propósito.

Los países europeos siguen intentando reformar sus políticas de asilo. ¿Le preocupa que el resultado final suponga una disminución de las garantías del mismo?
Existe cierto sentimiento contra los extranjeros en Europa con tendencia a disminuir, pero debemos reconocer también los aspectos positivos. El número de solicitantes de asilo está disminuyendo y eso es bueno. Refleja el hecho de que se está encontrando otro tipo de soluciones permanentes para la gente. Intentamos que mejore el clima general al aceptar que no se toleren las solicitudes de asilo totalmente infundadas y podemos contribuir significativamente a encontrar soluciones. Ahora se entiende mejor que las ayudas para el desarrollo pueden resultar efectivas en las regiones de origen, ayudando a las comunidades anfitrionas y a los refugiados, y reduciendo así la presión del asilo sobre Europa. Y cada vez más países se acogen a la idea de aceptar un mayor número de gente para sus mercados laborales. Así que aumentaremos las plazas para reasentamiento de refugiados en sus cuotas de inmigración.

Pero, en general, el número de plazas para el reasentamiento de refugiados ha sufrido un fuerte descenso.
Sí. Aún queda un largo camino por recorrer. El Embajador de Chile estuvo aquí recientemente y hablaba con orgullo del reasentamiento de afganos en su país. Le pregunté cuántos. Cinco. Es alentador, aunque sólo sea una gota en el océano.

Estados Unidos es el país que más casos de reasentamiento acepta, pero desde los atentados terroristas el número de admitidos reales se encuentra muy por debajo de los objetivos previstos.
Por ahora Estados Unidos se concentra en las cuestiones de seguridad. Pero hay opiniones muy distintas en Washington y yo tengo que aplaudir a los norteamericanos por seguir manteniendo la meta nacional de aceptar a unas 70.000 personas anualmente. (El año pasado, EE.UU. admitió a 26.300). Esperemos que puedan estar a la altura de sus propias promesas.

El reasentamiento es una importante plataforma en sus esfuerzos por encontrar soluciones permanentes para los refugiados del mundo. El año pasado se reasentó a unas 41.000 personas. ¿Qué meta considera realista a nivel mundial de cara al futuro?
Dentro de cinco años, me gustaría ver 150.000 por año.

El año pasado manifestó que esperaba que el ACNUR permaneciese en Bosnia-Herzegovina quizás otro año y algún tiempo más en Serbia. ¿Cuál es la situación de los Balcanes en la actualidad?
Las cosas marchan bien en Bosnia y en Croacia. Pero los serbios siguen sin volver a Kosovo. Ahora sabemos que un buen número de los kosovares de origen serbio que viven en Serbia no pueden regresar. Necesitamos promover su integración en Serbia. Pero me decepciona la atención que los países europeos prestan a este tema. Es demasiado escasa. No es justo.

¿Cuál es la situación general de las operaciones de refugiados en África?
Menos mala que hace un año, pero tampoco particularmente buena. Nuestra última solicitud de fondos no ha sido bien recibida. Angola por ejemplo, no tiene suficientes fondos. Los donantes dicen que este país es rico en petróleo y que puede financiarse a sí mismo. Pero Irak también es rico en petróleo y no dicen lo mismo. Sigue habiendo una doble moral.

¿Cuál va a ser el mayor desafío para la agencia en los próximos doce meses?
Seguir intentando resolver las crisis más duraderas, como las de Afganistán, África y Nepal y ayudar a los aproximadamente 20 millones de personas que nos conciernen a empezar una nueva vida.

 

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