¿Alguna otra buena noticia?
Sí, hemos recibido más subvenciones (tras varios años
difíciles de restricciones presupuestales).
Pero todos estos logros positivos se han visto ensombrecidos
por el atentado de Bagdad.
Perder a tantos colegas fue una tragedia personal. Pero también
están las repercusiones generales sobre la seguridad y sobre
cómo hacer frente a los nuevos dilemas y presiones: el creciente
antiamericanismo en la región, el sentimiento contra la ONU,
los problemas de seguridad en su conjunto para una agencia que, como
el ACNUR, realiza la mayor parte de sus tareas sobre el terreno. Sin
embargo ha sido un buen año dentro de un mundo difícil.
¿Cómo puede el ACNUR forjarse una identidad claramente
definida y separada que le permita seguir su labor sobre el terreno
en lugares peligrosos?
Debemos, por supuesto, trabajar estrechamente con el aparato general
de seguridad de la ONU, pero también necesitamos forjarnos una
identidad propia. No veo por qué meten en un mismo saco a toda
la ONU y por qué lo consideran un “saco norteamericano”.
Necesitamos nuestros propios ojos y oídos sobre el terreno y
cumplir nuestro trabajo. Debemos dar la cara y estar “ahí
fuera” para ayudar a todos. En Afganistán, por ejemplo,
hablamos con los que tienen el poder sobre el terreno así como
con el Gobierno y otros protagonistas. No formamos parte de ese gobierno
global ni de la maquinaria internacional. Nuestro papel es distinto.
Somos una agencia que opera sobre el terreno, pero debemos tener la
información necesaria para poder juzgar cuando ir a las zonas
de operaciones y cuando no.
Después del atentado de Bagdad dijo usted que el ACNUR
no puede trabajar “encerrado entre muros”. Posteriormente
se retiró a todo el personal internacional de la ONU del país.
¿Y ahora qué?
Hace poco preguntaron a los directores de las agencias cuales debían
ser nuestras prioridades. Le he dicho al Secretario General que debemos
reducir las divisiones entre el Islam y el resto del mundo. Tenemos
que ser conscientes de que hay un cisma en Oriente Medio y eso a los
ojos de muchas personas legitima la violencia contra la comunidad humanitaria
en otras partes del mundo. Por eso digo que vivimos en un mundo difícil.
¿Nos encontramos frente a un estancamiento indefinido
de las operaciones humanitarias en Irak?
De momento tenemos las manos atadas, pero hay que explorar todas las
posibilidades. Debemos seguir con la formación de nuestro personal
local y aprovechar cualquier oportunidad para establecer relaciones
con las autoridades de Irak. Podemos mantener el contacto con las operaciones
locales desde Kuwait, en el sur y quizás podamos hacer lo mismo
por el norte, a través del Kurdistán turco.
Hasta los años 90 la mayor parte de las operaciones
del ACNUR se producían en la periferia de los conflictos y no
en el núcleo como ocurre actualmente. Si las condiciones de seguridad
continúan deteriorándose, ¿puede preverse una situación
en la cual las operaciones vuelvan a quedar restringidas a los llamados
“países seguros”?
No logro ver cómo podemos permitirnos estar en la periferia.
Tenemos que ser prudentes y minimizar los riesgos. En Liberia, por ejemplo,
se retiró momentáneamente al personal internacional por
razones de seguridad, pero ahora se encuentran de nuevo ahí trabajando
fuertemente. Este tipo de operación es una misión clave
para el ACNUR.
Existe un alto grado de incertidumbre sobre el futuro de Afganistán.
Por ejemplo, el número de personas que han regresado a sus hogares
este año es menor que el previsto por el ACNUR.
El número de retornados está por debajo de nuestras expectativas,
pero no deja de ser importante. No estoy decepcionado. Y el próximo
año vamos a reenfocarnos hacia una solución más
regional. Los afganos seguirán regresando a su patria, pero puede
que también se permita a otros afganos quedarse permanentemente
en Pakistán e Irán. No creo que estos dos países
expulsen a los refugiados mientras continuemos nuestros esfuerzos por
repatriar a todos aquellos que quieren volver. (Se calcula que sigue
habiendo 2,4 millones de afganos en ambos países). Hay que tener
presente que la población Pashtún de Pakistán es
originaria de Afganistán y que allí son miembros productivos
de la sociedad.
Hace poco sugirió un nuevo modo de ayudar a los aproximadamente
112.000 refugiados de Bután que viven en Nepal. Pero algunas
agencias internacionales lo acusan a usted de ayudar a Bután,
cuyo gobierno no quiere el regreso de la mayor parte de la población,
en la denominada limpieza étnica.
No ayudamos a estas personas con el solo hecho de proporcionarles asistencia
año tras año en un campo de refugiados, independientemente
de lo eficiente que resulte la operación. Así que poco
a poco vamos a disminuir nuestra ayuda a estos campos. Por lo tanto
también esperamos maximizar los retornos siguiendo el proceso
bilateral entre Nepal y Bután, aunque no seamos una de las partes
directamente involucradas en dicho proceso. Debemos encontrar soluciones
permanentes para estas personas y no debemos desviarnos de este propósito.
Los países europeos siguen intentando reformar sus políticas
de asilo. ¿Le preocupa que el resultado final suponga una disminución
de las garantías del mismo?
Existe cierto sentimiento contra los extranjeros en Europa con tendencia
a disminuir, pero debemos reconocer también los aspectos positivos.
El número de solicitantes de asilo está disminuyendo y
eso es bueno. Refleja el hecho de que se está encontrando otro
tipo de soluciones permanentes para la gente. Intentamos que mejore
el clima general al aceptar que no se toleren las solicitudes de asilo
totalmente infundadas y podemos contribuir significativamente a encontrar
soluciones. Ahora se entiende mejor que las ayudas para el desarrollo
pueden resultar efectivas en las regiones de origen, ayudando a las
comunidades anfitrionas y a los refugiados, y reduciendo así
la presión del asilo sobre Europa. Y cada vez más países
se acogen a la idea de aceptar un mayor número de gente para
sus mercados laborales. Así que aumentaremos las plazas para
reasentamiento de refugiados en sus cuotas de inmigración.
Pero, en general, el número de plazas para el reasentamiento
de refugiados ha sufrido un fuerte descenso.
Sí. Aún queda un largo camino por recorrer. El Embajador
de Chile estuvo aquí recientemente y hablaba con orgullo del
reasentamiento de afganos en su país. Le pregunté cuántos.
Cinco. Es alentador, aunque sólo sea una gota en el océano.
Estados Unidos es el país que más casos de reasentamiento
acepta, pero desde los atentados terroristas el número de admitidos
reales se encuentra muy por debajo de los objetivos previstos.
Por ahora Estados Unidos se concentra en las cuestiones de seguridad.
Pero hay opiniones muy distintas en Washington y yo tengo que aplaudir
a los norteamericanos por seguir manteniendo la meta nacional de aceptar
a unas 70.000 personas anualmente. (El año pasado, EE.UU. admitió
a 26.300). Esperemos que puedan estar a la altura de sus propias promesas.
El reasentamiento es una importante plataforma en sus esfuerzos
por encontrar soluciones permanentes para los refugiados del mundo.
El año pasado se reasentó a unas 41.000 personas. ¿Qué
meta considera realista a nivel mundial de cara al futuro?
Dentro de cinco años, me gustaría ver 150.000 por año.
El año pasado manifestó que esperaba que el ACNUR
permaneciese en Bosnia-Herzegovina quizás otro año y algún
tiempo más en Serbia. ¿Cuál es la situación
de los Balcanes en la actualidad?
Las cosas marchan bien en Bosnia y en Croacia. Pero los serbios siguen
sin volver a Kosovo. Ahora sabemos que un buen número de los
kosovares de origen serbio que viven en Serbia no pueden regresar. Necesitamos
promover su integración en Serbia. Pero me decepciona la atención
que los países europeos prestan a este tema. Es demasiado escasa.
No es justo.
¿Cuál es la situación general de las operaciones
de refugiados en África?
Menos mala que hace un año, pero tampoco particularmente buena.
Nuestra última solicitud de fondos no ha sido bien recibida.
Angola por ejemplo, no tiene suficientes fondos. Los donantes dicen
que este país es rico en petróleo y que puede financiarse
a sí mismo. Pero Irak también es rico en petróleo
y no dicen lo mismo. Sigue habiendo una doble moral.
¿Cuál va a ser el mayor desafío para la
agencia en los próximos doce meses?
Seguir intentando resolver las crisis más duraderas, como las
de Afganistán, África y Nepal y ayudar a los aproximadamente
20 millones de personas que nos conciernen a empezar una nueva vida.