
SUEÑOS, MIEDO
Y EUFORIA
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Editorial ¿Dónde voy? Cuando, a los 23 años, Mohan Raj
Sumathi decidió regresar a su tierra natal en Sri Lanka desde su
exilio en la India, a punto estuvo de pagar esa decisión con la
vida.
Algunas de ellas -las que no puede volver por diversos motivos- necesitan asistencia para empezar de nuevo, bien en el país donde primero han solicitado asilo o bien reasentándose permanentemente en “terceros” países. El Día del Refugiado de este año conmemora las distintas esperanzas y tentativas de futuro bajo el lema “Un Lugar al que Llamar Hogar”. Ciertamente, aun cuando los refugiados quieran volver a su país y las condiciones hayan cambiado lo suficiente como para hacer posible el regreso, la vuelta puede ser extremadamente dura, como ponen de relieve los diversos reportajes de esta edición especial. En Sudán, por ejemplo, cientos de miles de civiles esperan volver en breve al sur del país, mientras que en el oeste un gran número ha huido al país vecino, Chad, mientras la guerra continúa en la región. Hay que reconstruir las infraestructuras. Muchos de los denominados refugiados han nacido de hecho en el exilio. En otras palabras, nunca han visto el “hogar” al que se dirigen y puede que allí la vida sea aún más difícil que en los estrechos límites de un campamento. Es preciso superar otros profundos obstáculos sociales, económicos, políticos y religiosos. Pese a estos problemas, hay síntomas esperanzadores de que un creciente número de personas desplazadas, muchas de ellas procedentes de crisis de larga duración, como las de Sudán, Angola y Afganistán, siguen apostando por ponerse en marcha. Una estadística reveladora indica que, al principio del nuevo milenio, la agencia ayudó a 500.000 personas a rehacer sus vidas en sus países de origen. En 2002, esa cifra se había disparado a unos 2,5 millones y la tendencia continuaba el año pasado. A fin de respaldar el deseo de los refugiados por volver, las agencias humanitarias y de desarrollo como el ACNUR, han dado algunos pasos en los últimos años para crear programas más adecuados y progresivos que no sólo ayuden a los retornados, sino también a las comunidades a las que regresan. Se necesitarán más fondos y nuevos programas para consolidar estos avances, pero una cosa está clara: con un poco de apoyo, la voluntad y la adaptabilidad que los refugiados han demostrado en el exilio les permitirá reconstruir su “hogar” y empezar de nuevo con éxito.
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