La nueva Europa y el asilo –

¿Y AHORA QUÉ?

Número 123• 2004
ARTÍCULOS


Editorial

Críticas variadas en Europa… nuevas esperanzas en Ruanda

Tras años de negociaciones a menudo tortuosas, la Unión Europea ha completado la primera fase de su ambicioso plan de “armonizar” las políticas de inmigración y asilo de sus estados miembros.

La última medida legal se introdujo sólo un par de días antes de que la propia Unión Europea se ampliara a 25 países.

Cientos de miles de forasteros -refugiados, solicitantes de asilo y emigrantes económicos que forman parte de lo que se conoce en lenguaje oficial como “emigración mixta”- intentan cada año ingresar en este club y la nueva legislación se ha diseñado para hacer frente a este fenómeno.

Las nuevas normas pretenden que el sistema global de asilo europeo sea más justo y eficiente, que el reparto de las cargas económicas y personales del registro y acogida de refugiados entre los distintos países sea más equitativo, pero respetando al mismo tiempo y en su totalidad la Convención de Ginebra sobre los Refugiados de 1951 y garantizando el derecho de las personas a solicitar asilo.

En busca de nuevas
esperanzas en Europa.
ACNUR/E.DAGNINO/CS/
ITA•1998
Ciertamente se han producido mejoras, pero en un momento en que el número de solicitantes de asilo disminuye drásticamente, muchos tienen la sensación de que se ha perdido una buena oportunidad.

Raymond Hall, Director de la Oficina Europea del ACNUR, se preguntaba si la armonización ha sido “tan ambiciosa y noble como hubiéramos deseado. De hecho, el proceso no ha estado a la altura de las expectativas que teníamos cuando iniciamos este camino”.

Pero aún queda mucho camino y mucho tiempo para la segunda fase y el proceso sigue en marcha. El ACNUR formará parte de ese proceso y ya ha puesto sobre la mesa una serie de propuestas a nivel nacional, europeo y mundial.

Lo que pretenden estas propuestas, como señala un funcionario, es “asegurarnos que los gobiernos no infrinjan los criterios mínimos establecidos por el proceso de armonización. Debemos evitar que los criterios mínimos se conviertan en criterios máximos”.

Paseando por el bullicioso centro de Kigali o por los ahora desiertos paisajes volcánicos que antaño acogieron a cientos de miles de refugiados traumatizados, resulta casi imposible no evocar los horrores sufridos por Ruanda diez años atrás.

Más de 2.300.000 de personas huyeron del país en 1994 durante lo que posiblemente fue la operación humanitaria más caótica y compleja de la historia moderna. La gran mayoría acabó regresando, aunque decenas de miles murieron en el exilio.

Pero aún quedan algunos asuntos pendientes en materia de refugiados. Siguen llegando, poco a poco, los últimos individuos de los 80.000 ruandeses exiliados, normalmente a pie y sin saber muy bien qué les espera en el interior del país.

Cuando Antoine Butera cruzó la frontera hace poco, fue a recibirlo una anciana tía suya con noticias increíbles sobre el desenlace del genocidio que costó la vida a más de 800.000 personas. Su mujer y sus nueve hijos, de los que no sabía nada, habían sobrevivido todos: un milagro, asegura Butera.

Ruanda ha emprendido una recuperación verdaderamente notable. Su rehabilitación completa llevará décadas de trabajo cuidadoso y atento, pero sorpresas como la que recibió Antoine Butera hacen que al país se le presente una oportunidad razonable.