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| T E M A D E P O R T A D A |
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El próximo reto de Europa
Las nuevas leyes de asilo del continente provocan opiniones
encontradas. Comienza el siguiente round…
Durante dos semanas
el barco averiado y cargado de inmigrantes ilegales con rumbo a
Europa, fue dando bandazos descontrolados sobre las encrespadas
aguas del Mediterráneo, entre Libia e Italia. Sin apenas
comida ni agua fresca para una travesía marítima que
se suponía sólo de unas pocas horas, las bajas entre
los pasajeros empezaron a incrementarse de forma alarmante a medida
que pasaban los días y el barco iba a la deriva sin un destino
cierto. Según iban muriendo los más débiles,
sus cuerpos eran arrojados por la borda sin ningún tipo de
ceremonia. |
Cuando finalmente las autoridades italianas interceptaron
la embarcación junto a la ciudad veraniega de Lampedusa, habían
lanzado al mar al menos 70 cuerpos, quizás más. Había
aún trece cadáveres esparcidos por la nave de la muerte,
pero quince personas habían sobrevivido, entre ellos un joven africano
llamado Mohammed.
Meses antes este muchacho de 20 años había abandonado su
hogar en el caótico estado de Somalia, situado en el Cuerno de
África, caminando miles de kilómetros por el desierto del
Sáhara hasta Libia para ponerse en contacto con un grupo de traficantes
a fin de dar el salto final a Europa.
Mohammed sobrevivió a la travesía marítima sepultado
bajo varios cadáveres. “No puedo dormir porque siento un
enorme peso sobre mí”, decía poco después,
recordando su peripecia. “El peso de esos cadáveres es lo
que me salvó la vida”.
¿Pero volvería a pasar por la misma pesadilla?, le preguntó
un entrevistador mientras convalecía. “No le recomiendo a
nadie que pase por esa experiencia”, replicó Mohammed. Y
tras una pausa, agregó: “Pero en Somalia nos arriesgamos
a ser asesinados cada día”, reconociendo tácitamente
que, de hecho, merecía la pena pagar cualquier precio para escapar
de su patria y perseguir el distante sueño de una nueva vida en
Europa.
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Al
otro lado del continente, en un escenario muy distinto, los residentes
de la tranquila ciudad marítima de Portishead expresaban
su opinión sobre los extranjeros que intentan entrar en Europa.
El Home Office británico había presentado con anterioridad
un inofensivo proyecto para utilizar dos salas en un parque industrial
con el fin de entrevistar a solicitantes de asilo, sin sospechar
en lo más mínimo la tormenta que estaba a punto de
estallar.
Portishead quedó dividida en dos por la propuesta. Algunos
vecinos enfurecidos aseguraron, en una concurrida reunión
pública celebrada en la escuela secundaria local, que les
daría pavor dejar que sus hijos jugaran en las calles sabiendo
que había solicitantes de asilo en la ciudad, según
el diario The Observer. Los intentos esporádicos de hablar
a favor del centro fueron acallados a gritos. El debate fue tan
acalorado que el periódico calificó a la futura sala
de entrevistas como “los 120 metros cuadrados de propiedad
inmobiliaria más controvertidos de Gran Bretaña”.
El estallido de las hostilidades a nivel local era especialmente
preocupante porque no se habían dado incidentes previos de
crímenes o violencia relacionados con solicitantes de asilo
en Portishead. El Home Office insistió en que las entrevistas
se harían sólo previa cita, durarían apenas
unos minutos y una vez concluidas los solicitantes abandonarían
la ciudad al instante.
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Asistencia
en España a un grupo de africanos que casi perecen en
su intento de llegar a Europa.
AP/R. PERALES/DP/ESP•2003 |
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Los vecinos, influidos posiblemente por la prolongada y xenófoba
campaña auspiciada por algunos de los tabloides de la prensa británica,
no se sintieron apaciguados por tales promesas y el sacerdote John Vickers
se lamentaba: “Es un día muy triste para la ciudad. Si esto
no es ser racista, ¿entonces qué es?”.
El momento elegido para el incidente tampoco era nada propicio, justo
poco antes de la ampliación de la Unión Europea de los 15,
el 1 de mayo, con la llegada de 10 nuevos estados y 75 millones de nuevos
ciudadanos*.
Resultados mixtos
Entre la pompa y el glamour del lanzamiento del mayor bloque económico
del mundo, con una población combinada de 455 millones de personas,
la rebelión de los vecinos de Portishead y el descalabro sufrido
en alta mar ponen de manifiesto una realidad más mundana: que
la compleja, pasional y tantas veces contradictoria cuestión
del asilo, los refugiados y la inmigración seguirá siendo
uno de los problemas más debatidos e incómodos a los que
se enfrenta Europa.
Como señala Julia Hall, de la organización Human Rights
Watch, “se trata de una cuestión candente que está
brotando en todos los países europeos” y que no sólo
afecta a los problemas más inmediatos de asilo y migración,
sino que incluye preocupaciones económicas, presupuestarias,
sociales y de seguridad.
Los representantes humanitarios, que observan una peligrosa tendencia
en el compromiso europeo de proteger los derechos individuales, se han
encontrado frente a los políticos, periodistas y otras personas
que durante años han advertido que el continente está
siendo invadido literalmente por intrusos indeseables y que, a menudo,
distorsionan y manipulan los hechos básicos de uno de los puntos
centrales del problema: la distinción entre las personas que
huyen de la persecución y que, como auténticos refugiados,
tienen derecho a la protección internacional, y los inmigrantes
ilegales, de tipo económico, que buscan una mejor forma de vida
pero que como tales están sujetos a los controles nacionales
de inmigración.
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Trabajadores voluntarios en Austria
esperan a algunos de los primeros refugiados de Europa procedentes
de Hungría, en 1957.
ACNUR/FOTO 19 |
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Atrapados
en medio de la polémica se encuentran los propios inmigrantes
y solicitantes de asilo, que a menudo se sienten confusos y alarmados
por el implacable bombardeo propagandístico y por los gobiernos
que, sintiéndose hostigados, gastaron el año pasado
10.000 millones de dólares en sus sistemas de inmigración
y que, según el Ministro de Justicia irlandés, Michael
McDowell, tienen miedo de que “el fracaso a la hora de hacer
frente a la inmigración y a los solicitantes de asilo dé
lugar a una reacción derechista y a una política
racista” en Europa.
Los estados llevan años reforzando y afinando sus sistemas
nacionales y europeos para responder a estos desafíos y
las últimas cinco medidas legales, conocidas oficialmente
como directivas o regulaciones y diseñadas para armonizar
las políticas de asilo de los estados miembros, se aprobaron
sólo unos días antes de la expansión formal
del bloque.
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Tal vez no resulte sorprendente que las opiniones recibidas fueran tan
diversas. Los gobiernos se congratulaban que su labor reforzaría
al conjunto de acuerdos internacionales, como la Convención de
Ginebra sobre los Refugiados de 1951. Los defensores de los derechos humanos
manifestaban que la legislación contenía serios fallos y
que, en algunas áreas, se habían recortado los antiguos
criterios de protección para los solicitantes de asilo.
Según Raymond Hall, Director de la Oficina Europea del ACNUR, se
ha dado un primer paso hacia una mayor armonización en materia
de asilo dentro de la Unión Europea: “¿Pero ha sido
tan ambiciosa y noble como hubiéramos deseado? De hecho, a pesar
de algunos logros, en lo que se refiere a ofrecer una mayor protección
a los refugiados genuinos, ha sido en general, una decepción. El
proceso no ha estado a la altura de las expectativas que teníamos
cuando iniciamos este camino. Cuando los estados hayan transferido las
directivas a sus respectivas legislaciones, dentro de un par de años,
tendremos que asegurarnos de que no se hayan recortado aún más
los criterios de protección”.
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“El número de solicitantes
de asilo ha sufrido un pronunciado descenso y sigue en esa
tónica. No hay necesidad de obstinarse en reducir
los criterios y en disuadir o negar protección al
mayor número posible de gente”. |
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Las
voces en contra de la inmigración y el asilo siguen advirtiendo
que sus países se verán inundados por solicitantes
de asilo venidos de fuera de Europa o por éxodos masivos
desde los nuevos estados miembros, pero las evidencias disponibles
sugieren lo contrario.
Justo antes de la expansión continental, el número
de solicitudes de asilo había descendido dramáticamente,
desde un máximo de casi 700.000 en 1992 a 288.000 solicitudes.
El Alto Comisionado Ruud Lubbers señalaba que pese a ello,
algunos gobiernos siguen promoviendo erróneamente una política
de línea dura, del mismo modo que se acusa a un general
por luchar en la última guerra y no en el conflicto actual. |
“El número de solicitantes de asilo ha sufrido un pronunciado
descenso y sigue en esa tónica”, manifestaba Lubbers recientemente
en un discurso. “No hay necesidad de obstinarse en reducir los criterios
(de protección al refugiado) y en disuadir o negar protección
al mayor número posible de gente”.
Las investigaciones oficiales sugieren, además, que menos de 300.000
personas provenientes de los diez nuevos miembros se trasladarán
a la “vieja” Europa en los próximos 12 meses, pese
a las previsiones alarmistas de los periódicos según los
cuales decenas de millones de personas se lanzarían a toda prisa
hacia Gran Bretaña y los países más codiciados del
occidente europeo.
Máxima importancia
de la seguridad
A raíz de los atentados terroristas de Estados Unidos en
septiembre del 2001 y de Madrid hace unos meses, las consideraciones
de seguridad han cobrado máxima importancia, a menudo en
detrimento de la causa de los derechos humanos. Los países
europeos han empleado miles de millones de dólares en reforzar
sus fronteras y en endurecer sus sistemas de inmigración
y asilo. La Unión ha canalizado también más
de mil millones de dólares hacia los nuevos estados miembros
para mejorar la que será ahora la principal frontera oriental
de la UE.
El tráfico de individuos dispuestos a pagar hasta 10.000
dólares por un billete de ida ha crecido hasta formar una
industria multimillonaria y se calcula que unas 500.000 personas
se introducen clandestinamente en la Unión Europea cada
año.
Algunos como los desdichados africanos a bordo del barco con rumbo
a Italia, están dispuestos a jugarse la vida si es preciso.
Un consorcio de organizaciones no gubernamentales llamado Unidos
Contra el Racismo tiene documentadas las muertes de 5.000 personas
que se han ahogado, congelado o asfixiado en camiones, barcos,
aviones o selvas impenetrables durante la última década;
que han muerto mientras cruzaban campos de minas; que se han suicidado
saltando desde puentes o precipicios o se han inmolado prendiéndose
fuego, todos ellos en un desesperado intento de llegar a su tierra
prometida.
Europa sigue rodeada de crisis reales o potenciales: Kosovo y
otros lugares de la inestable región de los Balcanes; Iraq
y Oriente Medio. Y el Cáucaso.
Mientras prosigue la agonía de Chechenia, sus ciudadanos
se han convertido en el mayor grupo de solicitantes de asilo en
Europa, poniendo de manifiesto una premisa obvia, aunque a menudo
ignorada y distorsionando las tentativas nacionales de responder
a los desafíos de la inmigración: que no son los
denominados subsidios sociales de los países europeos lo
que atrae a los auténticos refugiados, ni que, los cada
vez más desalentadores procedimientos de asilo sirven para
disuadirlos, sino que, para empezar, lo que les obliga a huir
es la situación real de su país de origen.
Un refugio seguro
Los refugiados han formado desde siempre parte del paisaje europeo,
pero, en el último siglo, su número y el tipo
de recibimiento que han tenido ha sufrido marcadas oscilaciones,
dependiendo del clima político, militar y social dominante.
Dos guerras mundiales provocaron la huida de decenas de millones
de personas a lo largo de un continente arrasado. Entre esos
dos acontecimientos cataclísmicos, millones de armenios,
turcos, griegos y españoles buscaron refugio en otras
partes de Europa en un momento en que el genocidio o la guerra
asolaban sus patrias ancestrales.
En 1921 la Liga de las Naciones, precursora de las Naciones
Unidas, nombró como primer Alto Comisionado al explorador
noruego Fridtjof Nansen, en principio para ayudar a 800.000
refugiados, casi todos ellos rusos.
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Después de la Segunda Guerra Mundial, la creación de las
Naciones Unidas y del Consejo de Europa, la adopción de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de 1948, la Convención de 1951
relativa al Estatuto de Refugiado y otros instrumentos garantizaron a
los refugiados los mínimos derechos legales y humanos.
Los movimientos de grandes cantidades de civiles desplazados continuaron
pero a menudo con un cierto orden y una buena acogida política.
Durante la guerra fría, los refugiados pasaron a ser peones y capital
de utilidad política. Europa Occidental y países tan lejanos
como Estados Unidos y Australia recibían calurosamente a los evadidos
del comunismo soviético, a quienes se concedía asilo e integraba
rápida y fácilmente.
Desde finales de los 70 el continente sufrió por primera vez la
llegada a gran escala de personas no europeas cuando miles de boat people
indochinos recibieron asilo tras décadas de guerra en la región.
En el clima político dominante, también ellos fueron recibidos
con los brazos abiertos, incluso en lugares tan insólitos como
Islandia.
Durante un cuarto de siglo el número de solicitantes de asilo
que llegaba a Europa Occidental permaneció relativamente estable,
por debajo de las 100.000 personas al año. Pero a medida que
llegaba más gente de África, Asia y Oriente Medio, así
como de Europa Oriental, las cifras sufrieron una escalada, duplicándose
en 1986 a 200.000, llegando a 316.900 en 1989 y alcanzando en 1992 la
cota máxima de 696.500 durante la primera fase de la guerra en
la antigua Yugoslavia.
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Guardias fronterizos estonios vigilan
trenes de mercancías que también son controlados
por satélites estadounidenses.
PANOS/YANN MINGARD/STRATES |
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Un
futuro distinto cobra forma
Ha sido la escalada vertiginosa de solicitantes de asilo, el enorme
incremento en el número de personas que recorren el mundo
en busca de mejoras económicas, la expansión prevista
para Europa y, en estos últimos años, el deterioro
de las cuestiones de seguridad y la guerra mundial contra el terrorismo,
lo que ha modelado la polémica del asilo y el último
paquete de leyes en el continente.
Principalmente los objetivos manifestados pretendían nivelar
los diversos campos de actuación de los sistemas de asilo
nacionales: en lenguaje oficial, “armonizar” las políticas
de los estados miembros. En la práctica eso iba a dar lugar
a un sistema europeo más coordinado, eficiente y humano que
beneficiaría tanto a los gobiernos como a las personas que
buscan asilo.
Un sistema armonizado permitiría a los países, por
ejemplo, distinguir con más facilidad a los auténticos
solicitantes de asilo de los inmigrantes económicos, y también
acabar con la práctica conocida como “la compra de
asilo”, por la cual los solicitantes se trasladaban de país
en país en busca de la mejor oferta posible. Como contrapartida,
los derechos básicos de los solicitantes se verían
reforzados.
En junio de 1990 los gobiernos reunidos en la capital irlandesa
aprobaron la Convención de Dublín, el primer paso
importante dado por Europa para intentar coordinar los programas
nacionales de asilo por el que se esta-
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blecía la responsabilidad de cada país
a la hora de examinar las solicitudes de asilo. La medida demostró
ser poco efectiva y trece años más tarde, se volvió
a definir el papel de los estados miembros bajo lo que vino a conocerse
como Dublín II.
Entretanto, el Tratado de 1992 sobre la Unión Europea (Maastricht)
autorizaba a los Ministros de Justicia e Interior a crear un marco legal
para un programa de asilo a nivel europeo. El Tratado de Amsterdam de
1997 proporcionó las bases legales para el desarrollo de los programas
comunes y dos años más tarde, las Conclusiones de Tampere
establecieron los objetivos políticos de dichos programas basándose
“en el absoluto respeto por el derecho a solicitar asilo”
y en la “aplicación total y completa” de la Convención
de 1951. Otros tratados y leyes, incluyendo las cinco directivas y regulaciones
mencionadas anteriormente, añadían fuerza legal a este marco.
Pero el problema de la inmigración -el traslado de personas de
una frontera a otra y la autoridad de los gobiernos para controlarlas-
es uno de los más delicados y fundamentales principios de la soberanía,
y Raymond Hall, del ACNUR, mantiene que los gobiernos no han respondido
del todo al reto de marcar una nueva dirección.
| Como
resultado, dice, existe una fuerte paradoja en la raíz
misma de la actitud del continente hacia el asilo y la inmigración:
mientras que cada país admite que la única manera
efectiva de resolver estas cuestiones es armonizando sus propios
sistemas, siguen mostrándose reacios, tras años
de debate y discusiones, a ceder la parte de soberanía
nacional necesaria para conseguirlo.
Ciertamente, ha habido avances positivos en la nueva legislación.
La llamada Directiva de Calificación articula una definición
común sobre quién cumple los requisitos de refugiado,
lo que, con suerte, acabará con años de confusión
y discrepancias sobre quiénes tienen o no derecho a recibir
asilo. Incluye específicamente a las víctimas que
huyen no sólo de las formas más extendidas y comunes
de persecución política, religiosa y de otro tipo
cometidas por los gobiernos, sino también por las guerrillas,
ejércitos irregulares y demás facciones “no
estatales”. En el pasado algunos gobiernos excluían
a tales víctimas de su red protectora.
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La compleja, pasional y a menudo contradictoria
cuestión de los refugiados seguirá siendo
uno de los problemas más debatidos e incómodos
a los que se enfrenta Europa. |
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Se ha acordado además, que otros grupos reciban la denominada protección
“subsidiaria”, incluidos aquellos que huyen de conflictos
armados y situaciones de violencia generalizada.
Se ha reconocido la persecución basada en cuestiones de género.
Se ha fijado el nivel mínimo de subsidios sociales, empleo y cuidados
médicos. Se han mejorado las instalaciones de acogida para inmigrantes
y solicitantes de asilo, así como los procesos administrativos,
especialmente en los nuevos estados miembros.
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| Las
figuras espirales de asilo representan, el gran incremento
en el número de personas que buscan una mejor vida
económica, expansión planeada de Europá
y la guerra global. El debate del asilo en el continente. |
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Aspectos negativos
No obstante, el ACNUR y las organizaciones de derechos humanos han expresado
enormes reservas respecto a otros aspectos de la nueva legislación,
especialmente aquellos que se ocupan del recurso de apelación del
asilo, de los denominados “países seguros” y de la
deportación de los solicitantes rechazados.
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En el
futuro será posible expulsar a estos incluso antes de que
conozcan el resultado de la apelación presentada, pese al
hecho de que, en algunos países europeos, entre un 30 y un
60 por ciento de los refugiados han sido admitidos sólo después
de haber apelado.
Podrían ser devueltos a países por los que pasaron
anteriormente pero que son considerados “seguros” por
las autoridades que los han expulsado, sin dar al solicitante de
asilo la oportunidad de rebatir dicho supuesto. Bajo normativas
aún más draconianas, a algunos ni siquiera se les
permitirá presentar la solicitud de asilo en un estado europeo
si han pasado antes por una nueva categoría de país
denominado “superseguro”.
El ACNUR ha advertido que, en ciertos casos, esto podría
desatar una sucesión de deportaciones en cadena a través
de distintos países, por la cual el desafortunado solicitante
puede acabar viéndose arrojado a su país natal, donde
se arriesga a sufrir una persecución real.
También se han manifestado otras preocupaciones. Con la nueva
legislación, puede ocurrir que los países con sistemas
de asilo más frágiles y menos recursos -los nuevos
estados miembros de Europa Central- terminen procesando un número
desproporcionado de solicitudes de inmigración y asilo, con
la amenaza real de que sus sistemas acaben, simplemente, colapsados.
Otras prácticas restrictivas y altamente polémicas,
aplicadas actualmente por las leyes de algunos países, podrían
acabar formando parte de la legislación conjunta de los 25
estados de la UE.
En resumen, muchas organizaciones de derechos humanos y de refugiados
señalan que la Unión Europea ha dejado pasar una gran
oportunidad para adoptar unos elevados criterios de asilo y ha optado
en cambio por el mínimo común denominador.
El Alto Comisionado Ruud Lubbers advirtió en varias ocasiones,
a lo largo del extenso proceso de negociaciones que, según
estaba redactado, algunas partes del borrador legislativo ni siquiera
cumplían con los criterios admitidos legalmente, lo cual
podría acabar erosionando el sistema global de asilo y poniendo
en peligro la vida de los futuros refugiados. Supondría también
un ejemplo inadecuado para los demás estados, especialmente
para los más pobres, ofreciéndoles una excusa para
reducir sus niveles de ayuda.
“Sería una auténtica lástima que Europa
socave su larga tradición
de proteger a los |
verdaderos refugiados”,
señaló Lubbers. En respuesta durante un encuentro a principios
del 2004, el Ministro de Justicia irlandés, McDowell, adujo:“El
ACNUR y algunas personas dicen que la UE está desmantelando la
Convención de 1951. Yo no lo veo así. Creo que estamos tomando
medidas prácticas para hacer frente a realidades concretas. Éstas
(normas) ofrecerán protección a los refugiados y a quienes
necesiten protección (…) y ayudarán a infundir confianza
en nuestros propios sistemas de asilo”.
El futuro
El 1 de mayo de 2004 marcó el fin de la primera fase del gran proyecto
de armonización en Europa. Sobre el papel del ACNUR, Raymond Hall
ha declarado: “Se pueden formular muchas preguntas sobre el nivel
de protección y el grado de armonización realmente alcanzados.
Pero sobre todo, nuestras intervenciones han tenido un impacto positivo.
La cosa podría haber sido mucho peor de no haber participado. La
Comisión Europea también ha tenido un papel muy positivo
a lo largo de todo el proceso, y lo mismo ha ocurrido con la Presidencia
irlandesa en la difícil fase final de las discusiones”.
Es posible que la siguiente ronda de la armonización ofrezca mejores
augurios para un sistema de asilo europeo verdaderamente común,
basado en un elevado criterio de protección. Otros agentes, como
el Tribunal de Justicia Europeo y el Parlamento Europeo, tendrán
un mayor protagonismo. La Comisión Europea se hará cargo
en parte del papel que hasta ahora tenían los distintos estados
y las decisiones por mayoría, en vez de por unanimidad, deberían
facilitar la elaboración de medidas más transigentes.
Entretanto, los estados tardarán unos dos años en combinar
su legislación con la de la UE y de alguna forma, el ACNUR estará
atento a estos procesos nacionales para, como aseguraba un funcionario,
“verificar que los gobiernos no incumplan los criterios mínimos
establecidos por el proceso de armonización. Tenemos que evitar
que los criterios mínimos se conviertan en criterios máximos”.
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El ACNUR ha insistido en que sólo un planteamiento interdisciplinario
hará que Europa responda al desafío de la inmigración
y el asilo en los próximos años. Habrá que
destinar más recursos a las zonas en crisis, bien para
evitar que un conflicto incipiente se descontrole o, si eso falla,
para ayudar a los refugiados resultantes y a los países
anfitriones de esa región.
Aunque ya se han destinado numerosos fondos, se sigue necesitando
ayuda para reforzar no sólo a los estados miembros centroeuropeos,
todavía frágiles, sino a las naciones del otro lado
de la nueva frontera, como Ucrania (ver artículo
de la página 14).
Ahora que Europa se encamina hacia una segunda fase de reformas
de la inmigración y el asilo, se renuevan las oportunidades
de mejorar y fortalecer la legislación, especialmente en
aspectos como la distribución de la responsabilidad sobre
los refugiados de modo más equitativo entre los países
y la creación de un sistema común para el proceso
del asilo que dé como resultado decisiones más justas
y más rápidas para las personas que intentan entrar
en el bloque.
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Las opiniones son diversas. Los gobiernos
se congratulaban que su labor reforzaría acuerdos
como la Convención de 1951. Los defensores de los
derechos humanos manifestaban que la legislación
contenía serias carencias y recortaba los criterios
de protección. |
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El ACNUR ya ha puesto sobre la mesa un conjunto de propuestas más
ambiciosas a nivel nacional, europeo y mundial. Entre ellas se encuentran
la creación de centros de recepción centralizados, donde
ciertas categorías de solicitantes de asilo que entran en la UE
serían procesados rápida y eficientemente por equipos multinacionales.
Los solicitantes rechazados serían devueltos con prontitud a países
con los que Europa hubiera ya negociado acuerdos de readmisión,
siempre bajo el patronazgo de la UE y no de un país individual.
Se mejoraría la llamada responsabilidad compartida entre estados,
de modo que cada país no recibiese un desproporcionado número
de refugiados.
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Por vez primera, Inglaterra ha comenzado
oficialmente a reasentar pequeños grupos de refugiados,
como este niño que se encuentra con su nueva profesora
en la ciudad de Sheffield. ACNUR/H.J.DAVIES.CS/GBR.2004 |
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Finalmente,
se crearía una agencia de asilo y una junta de revisión
de asilo en la UE para dirigir los sistemas centralizados de registro
y procesamiento.
A nivel nacional los sistemas de inmigración y asilo se
verían reforzados. Se destinarían recursos adicionales
para aumentar la capacidad de los países pobres de África,
Asia y otros lugares que reciben al grueso de las personas desplazadas
del mundo y para los propios refugiados, con el mensaje implícito
de que, si este proyecto tiene éxito y los criterios de
protección en la región mejoran, el número
de solicitantes de asilo que viajan a Europa se vería reducido.
“Ahora estamos en disposición de ocuparnos de la
calidad de los sistemas de asilo en los países industrializados
y de mejorar las condiciones de las regiones de origen de los
refugiados, de modo que quienes vuelvan a su país puedan
quedarse allí, y que, para empezar, menos personas se vean
forzadas a marcharse”, manifestaba reciente- |
mente el Alto Comisionado Lubbers ante una audiencia internacional. “Es
hora de cambiar un planteamiento en gran parte negativo -fronteras cerradas,
detenciones, interceptaciones en alta mar, recorte de subsidios- por otro
centrado en la continuidad de la antigua tradición de hospitalidad
a los refugiados”.
Ése será el próximo reto en Europa y el resto del
mundo. 
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