Después del terror… las secuelas

Los refugiados y los solicitantes de asilo en todo el mundo sienten los efectos de los ataques de septiembre en Estados Unidos

En todo el mundo, los desarraigados, como estos civiles que huyen a los recientes disturbios en la Antigua República Yugoslava de Macedonia, se benefician de la protección del ACNUR y de otras organizaciones humanitarias.

por Ray Wilkinson

Afganistán fue, desde luego, el epicentro.En la vorágine de miedo y guerra que siguió al peor acto terrorista en la historia de Estados Unidos, millones de civiles a medio mundo de distancia se convirtieron en víctimas involuntarias de sus inevitables secuelas, siendo su culpa el hecho de vivir junto al cuartel general de "Terrorismo Mundial, S.A.".

Un número incalculable de afganos abandonaron sus aldeas en busca de una mayor seguridad en otras partes del país, uniéndose al aproximadamente un millón de personas que ya había sido desalojado de sus casas por años de guerra civil y hambruna. Otros, demasiado ancianos, frágiles, temerosos o pobres, se amedrentaban en sus hogares con cada vez menos existencias de alimentos y combustible en el apogeo de la campaña de bombardeos dirigida por Estados Unidos

De la noche a la mañana, Afganistán se convirtió en el foco de la atención mundial. Había una terrible ironía en juego: durante años, el empobrecido país del corazón de Asia Central había sido el escenario de la mayor crisis humanitaria del mundo, pero la comunidad internacional, desilusionada ante un problema aparentemente insoluble en una región que en tiempos fue el tablero del "Gran Juego'"entre las superpotencias imperiales, había optado por ignorarlo de forma gradual.

Ahora, las naciones ricas ofrecían volver a unificar Afganistán, si bien después de que el terrorismo fuera arrancado de cuajo de su refugio en las montañas y de que la población civil sufriese unos aún mayores e inevitables daños colaterales, un eufemismo militar para las víctimas inocentes.

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