2001 - Repaso del año

El Alto Comisionado Ruud Lubbers pasa revista a su primer año en el cargo y habla de terrorismo, Afganistán y la Convención sobre los Refugiados de 1951
REFUGIADOS: ¿Qué es lo que más le ha sorprendido desde que accedió al cargo?
No ha habido sorpresas porque no tenía expectativas al respecto. Tomé la extraña decisión de aceptar el trabajo sin saber exactamente de qué se trataba. Lo consulté con mi mujer y, a petición de Kofi Annan, sólo a ella. Simplemente pensé que sería un buen trabajo porque está relacionado con personas que no tienen un gobierno que cuide de ellas.

¿En qué se distingue dirigir una agencia de la ONU de dirigir un gobierno?
Hay grandes diferencias. En cierta forma esto es más difícil. En el gobierno puedes tener un debate parlamentario y al final del día ganas o pierdes la batalla. Con el ACNUR todo es más fluido. No hay un poder o un resultado decisivo. Dependes de lo que los gobiernos te permiten hacer en términos de dinero y recursos.

Algunas elecciones recientes han sido motivo de preocupación -Australia y Dinamarca, por ejemplo-, porque la cuestión del asilo se ha usado como arma arrojadiza en perjuicio de los refugiados y los solicitantes de asilo.
Es una lucha ardua. Casi todo el mundo piensa que su calidad de vida se ve amenazada por el fenómeno de los refugiados y el reto consiste en explicar que el ACNUR es un aliado para conseguir, precisamente, una mayor calidad de vida. No todos los refugiados son Einsteins, pero, desde luego, Einstein fue un refugiado. Si excluyes a los refugiados, se alimentan el crimen y las fuerzas negativas. En el ACNUR tenemos que convencer con argumentos. No poseemos un ejército. No somos tan ricos como para poder sobornar a la gente para que se porte bien.

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