


Trabajas continuamente en el lado ecuatoriano de la frontera entre Colombia y Ecuador; una zona de conflicto. ¿Cómo es trabajar ahí?
Esta oficina está ubicada cerca de la frontera, en la zona de la selva amazónica. Los refugiados llegan a esta zona luego de su huida del conflicto en Colombia. La situación es tan volátil que cada día es distinto. Un día podemos estar planificando proyectos de salud y educación con autoridades locales y provinciales y al día siguiente puede ser que estemos tratando de encontrar soluciones de corto y mediano plazo para 150 personas que acaban de cruzar la frontera y están en algún lugar remoto de la selva.
¿Por qué ACNUR y sus agencias socias trabajan en la zona colindante al río Putumayo?
Los ríos San Miguel y Putumayo son la frontera natural entre Ecuador y Colombia. Prácticamente todos los refugiados en esta provincia son colombianos. Las comunidades fronterizas ecuatorianas son puntos accesibles para refugiados que acaban de cruzar la frontera y buscan establecerse del otro lado del río. Sin embargo, esas comunidades también están expuestas al conflicto, y la seguridad física de sus habitantes difícilmente está garantizada. Incluso la población local ecuatoriana, que vive en estas zonas que tradicionalmente han estado desprovistas de servicios básicos como registro civil, agua y saneamiento, salud, educación y otros, es muy vulnerable. Ciertamente que esto se refleja en las condiciones de vida de la población refugiada quienes, en su mayoría no tienen más opciones que quedarse acá, por ser más barato que establecerse en otras zonas del país.
¿Cómo trabajan ustedes con estas comunidades y con los refugiados que viven a lo largo de la frontera?
Debido a que entre el 60 y 80 por ciento de las personas que viven a lo largo de la frontera son refugiados, y que sus condiciones de vida son muy similares a las de los ecuatorianos en esta zona, nuestra estrategia consiste en apoyar a las comunidades en su totalidad. El trabajo inicia por analizar la situación de las comunidades, involucrando a los líderes comunitarios así como a mujeres, niños y niñas. Estos análisis se realizan conjuntamente por ACNUR con sus agencias socias y con las autoridades locales.
Este año se identificó a la salud y agua y saneamiento como las áreas prioritarias. En esta región del país no existen muchos indicadores disponibles, pero encontramos que la mortandad infantil era muy alta, y que la esperanza de vida era particularmente baja en comparación al promedio nacional. Solamente tres de cada mil personas que viven en las comunidades fronterizas a lo largo del río Putumayo tienen más de 60 años. Las enfermedades como el dengue y la malaria son extremadamente comunes.
Esto nos llevó a formular y ejecutar proyects con ONGs y autoridades locales. En una comunidad abrimos un centro de salud (beneficiando a 5,000 personas). Capacitamos a promotores de salir en todas las comunidades ribereñas y los dotamos de equipos de primeros auxilios. También refaccionamos y dotamos de equipamiento a una barcaza del Departamento de Salud que brinda al menos un día de atención médica y dental a cada una de las comunidades a lo largo del río Putumayo. Este es un avance considerable comparado con el sistema anterior, en que las comunidades recibían atención de salud cada seis meses, o ninguna en absoluto.
¿Qué tan buen trabajo cree usted que ACNUR y nuestras agencias socias están haciendo para responder ante las necesidades de los refugiados?
A pesar de las inmensas necesidades, existen muy pocos actores humanitarios en el lado ecuatoriano de la frontera. Afortunadamente hay muy buena coordinación entre nosotros en el día a día. Creo que la fortaleza de las organizaciones socias de ACNUR consiste en su diversidad y experiencia. Trabajamos con organizaciones como la Cruz Roja Ecuatoriana quienes conocen muy bien la zona y que se han ganado la confianza de las comunidades fronterizas durante muchos años de trabajo y por otro lado, trabajamos con socios internacionales como la ONG italiana COOPI que aporta con su experiencia internacional.
Brindar servicios básicos a todas las comunidades de la frontera suena como un proyecto ambicioso….
Pero es algo necesario. Además, no lo hacemos todo solos. Nosotros brindamos asistencia técnica y apoyo financiero para catalizar la intervención de las instituciones estatales relevantes. Sin embargo, la disponibilidad de fondos es limitada, y eso nos obliga a escoger unas comunidades sobre otras. Por ejemplo, identificamos una clara necesidad de sistemas de agua segura en al menos 20 comunidades junto al río. Sin embargo, el presupuesto de este año nos ha permitido invertir y construir, con ayuda de los socios, solamente cuatro sistemas. En lo que respecta a educación, otra área de prioridad urgente, muchos niños y niñas aun no tienen acceso a la escuela primaria. La educación secundaria es un lujo que casi nadie puede darse en esta zona del país.
Ojalá que la iniciativa de la Evaluación Global de Necesidades en el Ecuador nos permita recaudar los fondos necesarios para ejecutar proyectos de protección e integración comunitarios en todas las comunidades necesitadas. En una zona de conflicto, con presencia de actores armados regulares e irregulares, el garantizar acceso a los servicios públicos sirve también para aliviar la situación de aislamiento total de la población civil.