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ACNUR
Evaluación de las Necesidades Globales

Refugiados y miradas locales

Miriam, una refugiada colombiana en Ecuador, muestra su identificación de refugiada. © ACNUR/M. Lizarzaburu

“Luego de que mi esposo fue asesinado en Colombia vine al Ecuador y no encontré opciones para rehacer mi vida en este nuevo país. En Colombia, mi esposo con quien llevaba 16 años de casada y yo, teníamos un mini-mercado y un restaurante en donde trabajábamos. Yo diría que éramos parte de la clase media. Mis hijos iban a la escuela y teníamos una vida tranquila y feliz. Un día mi esposo fue asesinado delante mío mientras atendíamos nuestro negocio. Me quedé en shock, paralizada. Mis hijos, de 10, 12 y 14 años también estaban ahí en ese momento. Luego del asesinato empecé a recibir llamadas de alguien que decía que mi esposo le debía dinero y que si no pagaba a este prestamista, también terminarían con mi vida. Decidí enviar a mis hijos a una zona alejada en Colombia para que se queden con parientes y yo vine al Ecuador en Junio 2008. Mi hijo mayor quedó traumatizado por lo que pasó y cuando hablamos me dice que lo único que quiere es crecer para buscar venganza por la muerte de su papá.

Cuando llegué a Ibarra fue muy difícil encontrar trabajo. Muchas personas me cerraron la puerta en la cara cuando escuchaban mi acento colombiano. Me ofrecieron un trabajo en un restaurante por $80 mensuales. Un día, me ofrecieron un trabajo en un prostíbulo. Yo nunca había hecho eso. La primera vez fue muy duro para mí. Todo lo que podía pensar es en pagar esa deuda que mantengo en Colombia para poder traer a mis hijos a vivir conmigo. En Ibarra, los propietarios del negocio no me pagaron lo que habíamos decidido, así que decidí irme. Un cliente se ofreció a llevarme a San Lorenzo, en la provincia de Esmeraldas. Él me llevó a un nuevo establecimiento en esa ciudad donde llevo dos meses trabajando. Aquí puedo ganar más de $500 dólares al mes. La mitad de mi salario lo envío a Colombia para pagar la deuda. Ahora he empezado el proceso para solicitar asilo en Ecuador y me tranquiliza saber que hay una forma de que yo pueda quedarme legalmente en este país”.

Miriam, 33 años. Refugiada Colombiana que ahora vive en Esmeraldas, Ecuador.

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El maestro y líder comunitario José Vargas, explica las precarias condiciones sanitarias de las pequeñas comunidades en el norte de Ecuador. © ACNUR/M. Lizarzaburu

“Esta comunidad depende íntegramente del agua lluvia. Pampanal es una comunidad ubicada en la zona de manglar en la costa norte del Ecuador. Al estar tan cerca de la frontera, la llegada de colombianos es cosa de todos los días en esta comunidad de 1,000 habitantes. El mayor problema de este poblado es el agua pues no es posible perforar pozos de agua para obtener agua dulce. Dependemos enteramente del agua lluvia que recogemos como sea posible. Ya que el gas para cocinar es cinco veces más costoso que en el continente, hervir el agua es un lujo que nadie se puede dar. Si usted mira de cerca los tanques con agua muchas veces encontrará larvas. Otro problema es que casi a diario parte del pueblo se inunda cuando sube la marea. ACNUR ha apoyado a la escuela del pueblo construyendo un reservorio para el agua lluvia, mejorando la infraestructura y dotando a la escuela de libros y otro equipo. ACNUR también nos ayudará a tratar el agua lluvia con cloro. Con ayuda de ACNUR también estamos empezando la construcción de una embarcación que nos permitirá transportar grandes tanques con agua desde la ciudad de San Lorenzo. El agua se recolectará en grandes tanques de cemento que se están construyendo en el puerto. ¡Si esto funciona nos cambiará la vida!”

José Vargas, Presidente de la Comunidad de Pampanal y profesor de la escuela. Pampanal, Esmeraldas, Ecuador.

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Maria, en su pequeña casa de madera. © ACNUR/M. Lizarzaburu

“Mi familia está regada por Colombia y ni siquiera saben donde estoy. Llegué al Ecuador hace dos años luego de que asesinaron a mis esposo y quemaron la casita donde vivíamos. Al inicio llegué a un pueblo justo en la frontera. Un día, mientras lavaba la ropa en el río una señora me ofreció trabajo lavando ropa en San Lorenzo. Así es como llegué acá. Vine con dos de mis hijos (de 4 y 15 años de edad) pero en total tengo 10 hijos. Uno de ellos fue asesinado el año pasado cuando venía para encontrarse con nosotros. Hace dos meses me sorprendí con la llegada de mi hija de 20 años. No la había visto en muchos años porque ella vivía con otra familia en Colombia. Al llegar al Ecuador preguntó por mí en San Lorenzo, pero como la gente me conoce por mi sobrenombre, pudo ubicarme. Llegó con una pequeña niña que es la única nieta que conozco. Todos vivimos en esta pequeña casita. Mi hija empezó a trabajar en un restaurante. Yo estoy enferma y por ahora no puedo trabajar. La tarjeta de identificación de refugiado que nos dieron ha sido una bendición para nosotros. La podemos mostrar a la policía y así ven estamos legales en este país”.

María, 40 años de edad. Nariño, Colombia. Ahora vive en San Lorenzo, Ecuador.

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Nilo está luchando para conseguir un trabajo en Esmeraldas, donde llegó hace tres meses. © ACNUR/M. Lizarzaburu

“Ya me han echado de casa dos veces en los tres meses que llevo en Ecuador. Llegué con mi esposa y tres hijos (de 2, 4 y 7 años) hace tres meses. En Colombia yo trabajaba vendiendo mercadería, ropa, herramientas, cualquier cosa que podía encontrar. Cuando pude finalmente abrir mi propia tienda llegó un grupo armado y se adueñó de eso. Cuando me amenazaron al inicio yo no les presté atención. Un día me secuestraron y me tuvieron amarrado por dos días. Cuando me soltaron agarré a mi familia y vinimos al Ecuador de inmediato. Yo había escuchado que era un lugar pacífico, pero nunca imaginé que sería tan difícil encontrar trabajo. La gente ha sido amable y nos han dado una mano. En el barrio los vecinos me informaron sobre la posibilidad de solicitar asilo. Hasta ahora no he podido ganar suficiente dinero para pagar el arriendo ($30) y el día de ayer el dueño del cuartito donde estamos viviendo me dijo que mañana tengo que salir de ahí. Si tuviera acceso a un pequeño préstamo yo podría empezar mi propio negocio otra vez”.

Nilo, 38 años. Viene del sur de Colombia y vive en la ciudad de Esmeraldas. Ha empezado a trabajar como constructor en un proyecto financiado por ACNUR en el barrio donde vive.

 

Vista de pampanal, una comunidad en el norte de Ecuador en donde las condiciones sanitarias son precarias y que es el hogar de muchas familias de refugiados colombianos. © ACNUR/M. Lizarzaburu