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El viaje de Osvaldo Laport a la República Democrática del Congo

Calle principal de la ciudad de Goma, capital de la provincia Kivu Norte, ubicada al Este del país y en la frontera con Ruanda.

© ACNUR/ M.Fernández

Mujeres cargan agua en la ciudad de Goma.

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Soldados del Ejército Nacional durante un entrenamiento improvisado en la calle central de Goma. En la región de Kivu Norte, decenas de guerrillas se enfrentan a las fuerzas gubernamentales en la lucha por el control de un área llena de recursos naturales.

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Vista parcial del campo de desplazados Bulengo, donde 7000 personas encontraron un lugar donde permanecer tras verse forzadas a abandonar sus lugares de residencia.

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Dos mujeres y sus niños aguardan a ser atendidos en un centro de primera asistencia en el campamento Kibati I.

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Un hombre construye el cerco de una huerta comunitaria en el campamento Bulengo. Los proyectos ecológicos sirven para proveer alimentos y generar una entrada económica a las personas refugiadas y desplazadas.

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El embajador de buena voluntad visita el espacio de recreación para niños en el campamento Kibati I. Allí los chicos practican deportes y aprenden manualidades que los ayudan a distraerse de la dura realidad que viven a diario.

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La expectativa de vida al nacer en la República Democrática del Congo no alcanza a los 50 años. En la foto, Bernadette, una de las pocas ancianas del campamento Mugunga II y quien dijo que si fuera presidenta proveería a su pueblo de dos cosas: un hogar y paz.

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Detalle de la pollera de Bernadette: una tela –posiblemente de algún partido político- cuyo estampado pide por elecciones democráticas, transparentes y libres.

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Osvaldo Laport observa cómo niños extraen agua en el campo de desplazados Mugunga II. En este caso, el agua es transportada por una especie de acueducto desde el lago Kivu. En territorios alejados de fuentes de agua es indispensable el empleo de camiones cisternas, lo que es muy costoso.

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Un doctor en el campamento Kibati conversa con Osvaldo Laport sobre la situación sanitaria del lugar.

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La ONG “Mujeres para mujeres” que trabaja con el ACNUR en el Congo da capacitaciones a las mujeres desplazadas. El aprendizaje de un oficio sirve como fuente de ingreso pero también para generar auto-confianza y fortalecimiento personal.

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Una mujer teje una manopla-esponja en el centro de capacitación de la ONG. Las mujeres y niños son las principales víctimas de un conflicto que causa cerca de 1000 muertes diarias.

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Una clase de finanzas. Las mujeres caminan kilómetros para llegar al lugar y vienen acompañadas de sus hijos que también atienden las clases.

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Taller de panadería en el centro de “Mujeres para Mujeres”. Cerca del 80% de la población en la República Democrática del Congo está por debajo de la línea de pobreza.

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Una mujer hace jabones mientras su hijo la acompaña a las espaldas. Muchas veces, los hermanos mayores- y con apenas 3-4años- acarrean a los bebés y niños más pequeños.

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El actor visita una clínica para mujeres víctimas de violencia sexual. En esta región de país, una de cada tres mujeres es violada y el 20% de ellas es sujeta a abusos violentos con mutilaciones y lesiones definitivas. Las mujeres de la foto están a la espera de una operación reconstructiva.

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Osvaldo entrevista a Kabira, quien el pasado 1 de enero fue violada por cinco milicianos, que le provocaron la pérdida de su embarazo de siete meses y el abandono por parte de su marido. En la República Democrática del Congo el abuso sexual es utilizado como un arma de guerra.

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“Heal Africa” es una organización que ayuda en la etapa de recuperación física y psicológica de las mujeres víctimas de abuso sexual. Brinda también talleres de capacitación, como el de costura que se observa en la foto.

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Un día al salir de la escuela, Shuruku decidió alistarse como niño soldado porque la guerrilla pagaba 100 dólares al mes. Tenía 14 años y recién desertó a los 17. Algunas estimaciones dicen que en el país hay 300.000 niños todavía alistados como soldados.

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Un hombre muestra su casa en el campamento de Mugunga II. Es una habitación hecha a base de cartón y plástico, de dimensiones diminutas y en donde vive con su familia de cuatro miembros. Con dolor recuerda que su casa a la que debió abandonar a la fuerza, tenía tres habitaciones.

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La comunidad pigmea es un grupo minoritario amenazado que a menudo es víctima de persecución y discriminación. Son considerados como ciudadanos de segunda categoría y muchas veces viven en condiciones de esclavitud.

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Una niña corre en el suelo compuesto de lava en el campo de desplazados Mugunga III. En las cercanías del lugar hay dos volcanes en constante actividad, uno de ellos entró en erupción en el 2002 causando muertes y daños ambientales y estructurales.

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Vista del volcán Nyiragongo, ubicado en la ciudad de Goma y que entró en erupción en el 2002.

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Osvaldo rodeado de niños en el campamento Mugunga III. El 45% de los niños y el 51% de las niñas en el Congo, no acude a la escuela primaria.

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Camino de acceso al campamento Bulengo. Algunos campos se encuentran alejados de las carreteras y son de difícil acceso.

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Vista parcial del campamento Kibati I.

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Osvaldo juega al fútbol con niños en un campamento. Éste es el deporte más popular del país y lo que quizás explique que la selección nacional sea el actual campeón africano.

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Vista parcial del campamento Bulengo.

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Osvaldo ayuda a una refugiada ruandesa a subir a su hijo al camión del ACNUR que la transportará de regreso a su país de origen. En lo que va del año, más de 10.000 ruandeses han regresado voluntariamente a su país tras vivir 15 años en el exilio.

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Vista parcial del centro de tránsito del ACNUR en la ciudad de Goma donde refugiados ruandeses se registran para retornar a su país.

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El camión del ACNUR cruza la frontera. En la ocasión, 76 refugiados que escaparon del genocidio ruandés de 1994 regresan a su país para recomenzar sus vidas.

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El embajador de buena voluntad en un barrio de la capital Kinshasa junto a una pareja de refugiados angoleños que viven en el Congo desde hace más de 20 años. La guerra de Angola es la más larga del continente: se prolongó por 27 años dejando un saldo de medio millón de muertos y cuatro millones de refugiados.

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Clara y Alfonso caminan por las calles de su barrio e informan sobre el inicio de la repatriación para refugiados angoleños. Ésta es la solución más deseada a la problemática de los refugiados: el que puedan retornar a su país cuando las condiciones así lo permiten. De no ser posible, el ACNUR junto a los gobiernos trabaja para que las personas refugiadas puedan integrarse al país de acogida.

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“En uno de los campos un hombre me dejó conocer dónde vivía. Era una choza precaria cubierta con cáscaras de bananas. Allí vivía con su mujer y sus dos hijos. Le pregunté si la casa que tenía antes de escapar era muy diferente, y me dijo que sí. En ese momento, se le llenaron los ojos de lágrimas.”

Osvaldo Laport, Embajador de Buena Voluntad del ACNUR

 

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