Donación en línea


 

Testimonios de personas desplazadas

Este mes se cumple el décimo aniversario desde que Colombia adoptó la Ley 387 de julio de 1997 para proteger los derechos de las personas forzosamente desplazadas dentro del país como resultado del conflicto armado. Diez años más tarde, la Ley 387 sigue siendo una de las legislaciones más avanzadas del mundo en cuanto a población desplazada interna.

Pero el desplazamiento forzado continúa creciendo en un promedio de más de 200.000 colombianos desarraigados por la violencia cada año: más de un millón en los 5 años anteriores de acuerdo con las cifras del Gobierno. No todos pueden gozar en la práctica de los derechos consagrados en la ley.


DERECHO A LA VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN

María* tiene 22 años y viene de un pequeño pueblo colombiano, cerca de la frontera con Panamá. Este año, su esposo Jesús fue asesinado por miembros de un grupo armado irregular. Él tenía 24 años. María huyó con sus 3 hijos a un pueblo cercano.

“Nunca pensé que algo como esto pudiera pasarnos. Mi esposo no estaba envuelto en nada, no era un líder, no le interesaba la política. Nunca hablaba de estas cosas, solamente trabajaba en un río, tenía un bote.

“Ellos vinieron el sábado por la mañana y se lo llevaron, con otros cuatro hombres del pueblo. Se fueron en un bote.

“Esperamos y esperamos toda la noche. Pensé que tal vez regresaría por la mañana, que ellos solamente se lo habían llevado para hacerle preguntas y se darían cuenta de que tenían a la persona equivocada. Por la mañana, los hombres del pueblo fueron a buscar. Regresaron por la tarde. Habían encontrado dos de los cuerpos en el bosque, pero no el de mi esposo. Más tarde recibimos el mensaje de que los cuatro hombres estaban muertos.

“Todos nos fuimos juntos, las 78 familias. No había tiempo para empacar nada, sólo llevamos lo que podíamos cargar. Yo tuve que cargar al bebé, así que no pude tomar mucho más. Se toma cinco horas en mula para venir acá, pero no teníamos suficientes mulas. Para quienes íbamos caminando, nos tomó todo el día y toda la noche.

“Las personas acá han sido muy amables. Nos dieron un cuarto para quedarnos y conseguimos comida, al menos para los siguientes tres meses. No sé qué pasará después de eso. Mi familia es de Antioquia, tal vez debería volver con ellos. Ahora estoy sola, con 3 niños. El niño tiene 6 años, después sigue una niña de 4. El bebé es un niño y tiene sólo 10 meses.

“Hoy ha sido difícil. Fui a conseguir el certificado de que mi esposo está desaparecido. No me pueden dar el certificado de que está muerto porque no hay cuerpo. Dicen que lo podrán hacer en dos años y entonces seré una viuda. Me ha hecho sentir muy mal. Yo sé que él ya no está, claro, pero hasta ahora no se sentía del todo real.

“Me siento muy sola. Y tengo mucha rabia, eso si. ¿Por qué nos pasó esto a nosotros? No denunciaré a los asesinos porque tengo mucho miedo. Si me los encontrara en la calle, no les diría nada. Todo lo que quiero saber ahora es qué han hecho con el cuerpo de mi esposo.

“Nunca los perdonaré. Es más enseñaré a mis hijos a no perdonar. ¿Cómo podría, cuando ni siquiera puedo decirle a mis hijos – acá es en dónde descansa su padre?

*Nombre cambiado

La Ley: Extractos de las Sentencias T-327 de 2001 y T-881 de 2002 de la Corte Constitucional de Colombia: El desplazamiento forzado es un delito y por lo tanto, sus víctimas tienen derecho a la justicia, la verdad y la reparación. El Estado debe garantizar el acceso y participación de las personas desplazadas en los procesos jurídicos que conduzcan a esclarecer las circunstancias del desplazamiento, así como a encontrar y responsabilizar a los autores materiales e intelectuales

 

 

LA ESTABILIZACIÓN SOCIOECONÓMICA DE LAS PERSONAS DESPLAZADAS

Roberto Camacho llegó a Bogotá en 1997 huyendo por su vida, el mismo año en el que Colombia aprobó la Ley 387 para ayudar a las victimas del desplazamiento forzado.

Mi nombre es Roberto Antonio Camacho, vengo de Tadó, Choco. Era de la Junta de Acción Comunal, vicepresidente. Tenía un equipo de fútbol, manejaba más o menos 100 jóvenes.

Bueno, a los jóvenes los invitaban los grupos armados hacer  parte de la fila. Ellos  dijeron que no, porque el profe dice que realmente nosotros acá no somos  de esos a matar nuestros hermanos,  imposible fuera. Entonces empezaron a  amenazarme.

Vinieron por mí y me escondí, pero igual vinieron a mirar si era cierto. Llegaron a la casa, es decir la fecha era 5:20 de la tarde. Yo tenía que estar muerto.

Cuando llegamos a este sector, acá era montaña, puro potrero. Hicimos un rancho enseguida, llegamos el sábado y el  domingo me levante por la mañana y se vino el viento y se me llevó todo el techo, hasta abajo. Yo dije: aquí no paro, si acaso parare tres meses, por el frío. Muy duro el frío, aquí venteaba mucho porque no había casa.

Igual fue muy duro los primeros años, yo me  tocaba ir a arreglar las mangueras, la luz no había, el agua llegaba a las 8 de la noche y se iba a las 5 de la mañana, no había fontanero, porque no había con que pagar, igual todo eso se hacia, y yo lo hacia.

Todavía el ingreso es la preocupación más grande. Tengo 56 años, a los 56 años no le dan trabajo en ninguna parte. Todos los días yo me acuesto a pensar como hago para sostener la familia, y todos los días me levanto a mirar que no hay nada de comida.

Son diez años y yo personalmente, no, no me siento integrado. Me siento una persona comprometida con los trabajos de los jóvenes y la comunidad, pero no integrado.  Porque la tierra, la tierra de uno, es la única parte donde uno se integra.

Ser desplazado es lo peor  que le pasa a cualquier persona en la vida, porque las personas de bien no lo miran bien a uno, nos juzgan como guerrilleros o paramilitares. Muchos dicen que nosotros no somos sino problemáticos. Entonces, a uno le afecta mucho eso, a todo el mundo le afecta eso.

He pedido a Dios que antes de morir quisiera volver a mi pueblo, así fuera con bordón, porque mi pueblo me dejo unas enseñanzas muy bonitas, para mí las mejores del mundo. Me enseño a ser honrado, trabajador y muy honesto. Y cuando a usted le enseñan todo eso, que usted le enseña  a los demás, me parece usted nunca debe olvidar.


La Ley: La estabilización socioeconómica de las personas desplazadas se logra cuando ellas generan los ingresos que les permiten subsistir dignamente y cuando pueden hacer parte de las redes sociales y económicas de los lugares en donde se han reubicado o en su lugar de origen. El Estado debe identificar, con la participación de las personas desplazadas,  cuáles son las alternativas de generación de ingresos para cada familia que le permitan su subsistencia digna y estabilización socioeconómica. (Decreto 250 de 2005 y Corte Constitucional Sentencia T-025 de 2004)

 
© 2002-2007 ACNUR. Todos los derechos reservados.
Sitio diseñado por Pentagram y desarrollado actualmente por Fundación Galileo Ver créditos.