La búsqueda de una mujer: Marian deposita sus esperanzas en su hijo mientras busca a su marido

jueves 28. marzo 2013 16:00 Antiguedad: 1 year

© ACNUR
El hijo de Marian, Omar, va muy bien en el colegio en la capital libia y su madre gana lo suficiente para mantenerse. Los dos solicitantes de asilo están registrados en ACNUR como personas en situación de vulnerabilidad.

TRÍPOLI, Libia, 28 de marzo (ACNUR) - El pilar principal y la luz en la dura vida de Marian era su amor por su marido, Hassan. Así que cuando el trabajador emigrado desapareció en Libia en el año 2011, ella decidió dejar a su familia política en la costa del Mar Rojo en Sudán e ir en su busca atravesando el Sáhara con su hijo.

Desde hace dos años, Marian no pierde la esperanza de encontrar a su esposo desaparecido mientras lucha por salir adelante en Trípoli. Pero mientras se preocupa por el futuro, al menos tiene a su querido hijo, Omar, y el niño de diez años también les brinda a los dos una oportunidad de tener una vida mejor.

Entre madre e hijo existe un vínculo profundo y la decisión de Marian de llevarle consigo a buscar a Hassan se comprende mejor al conocer que los padres de Marian fueron asesinados en 1988 durante la guerra de la independencia de Eritrea de su vecina Etiopía. Ella no podría soportar separarse de su hijo.

Hoy día Omar va muy bien en el colegio en la capital libia y su madre gana lo suficiente para mantener a ambos trabajando de empleada doméstica y niñera en un centro de desarrollo comunitario financiado por ACNUR y dirigido por el Consejo Danés para los Refugiados. Los dos solicitantes de asilo se han registrado en ACNUR como personas en situación de vulnerabilidad.

Marian se enfrenta a un futuro incierto, pero esto no es nuevo para esta resistente mujer. Lo más importante para Marian es el futuro de su hijo, y por eso está muy agradecida a ACNUR por ayudar a que su hijo se matricule en la escuela.

Emmanuel Gignac, jefe de misión de ACNUR en Libia, afirma que es muy importante ayudar a los niños refugiados como Omar a recibir una educación básica, puesto que mejora sus perspectivas de futuro. “Desde que reanudamos nuestras actividades en Libia en 2011 (agosto), hemos llevado a cabo programas de educación y de formación profesional para los refugiados y solicitantes de asilo, especialmente para aquellas personas que están en situación de vulnerabilidad”, ha apuntado.

Marian nunca ha tenido una oportunidad así. Tras el asesinato de sus padres, un tío suyo se ocupó de ella, quien en 1988 se trasladó con su familia al vecino Sudán porque pensó que allí estarían más seguros. Permanecieron en Sudán hasta que acabó la guerra en 1991, entonces regresaron a Eritrea.

El final feliz que habían imaginado no tuvo lugar y se sintieron decepcionados con la corrupción y el régimen autocrático en Eritrea, sobre todo cuando el gobierno introdujo el servicio militar obligatorio tanto para hombres como para mujeres después de que una disputa fronteriza con Etiopía desencadenara la guerra.

En 1999, el tío de Marian decidió volver a Puerto Sudán a orillas del Mar Rojo junto con Marian y su familia. Entonces la joven conoció a Hassan, un hombre del lugar. Se casaron y en 2003 nació Omar. Cinco años después, Hassan se fue a Libia en busca de mejores oportunidades de trabajo.

Todos los meses Hassan enviaba dinero a Marian y le llamaba por teléfono con regularidad. Pero cuando estalló el conflicto en Libia en febrero de 2011, Hassan paró de mandar dinero y las llamadas se volvieron cada vez menos frecuentes. Cuando Hassan dejó de llamar, Marian decidió ir a buscarle. Con la ayuda económica de amigos, Omar y ella se marcharon el pasado mes de junio en un autobús atestado de gente que quería llegar a Libia. “Íbamos tan apretados que pensé que hasta el alma se nos estrujaría”, evocó.

Había pasajeros de Pakistán, Bangladesh, Sudán  y Somalia, y Omar era el único niño a bordo durante lo que se convirtió en un viaje largo y agotador. Tenían comida y agua limitadas y algunos pasajeros murieron en el viaje, que terminó cuando el autobús se vio involucrado en un accidente. En medio de ese caos Marian perdió su equipaje y la única foto que tenía de Hassan.

Encontraron otro transporte pero el sufrimiento no acabó ahí: la policía les robó y unos hombres armados les pararon y retuvieron en la ciudad de Sabha, un oasis en el desierto de Libia, a unos 640 kilómetros al sur de Trípoli. Marian cuenta que la obligaron a darles más dinero antes de conseguir escapar con Omar.

Un amable anciano le ayudó a encontrar un autobús a Trípoli y una vez en la gran ciudad, Marian comenzó a buscar a Hassan, pero todos los intentos fueron en vano. La búsqueda de Marian continúa, pero al poco de llegar a Trípoli se dio cuenta de que necesitaría un trabajo para sobrevivir y mantener a su hijo.

El pasado octubre se enteró de que ACNUR estaba buscando a alguien para cuidar a los niños de los refugiados. Solicitó el puesto y ahora trabaja cinco días a la semana en el centro de desarrollo comunitario cuidando sobre todo a niños sirios mientras sus padres se registran en ACNUR.

También con el apoyo de ACNUR, Omar se ha matriculado en la escuela primaria. Ha sacado notas excelentes en todas las asignaturas y ha hecho muchos amigos. Puede que sea un poco pronto para pensar en su carrera, pero Omar dice que quiere ser cirujano. “Si curo a la gente”, dice el pequeño, “Dios me recompensará”. Tiene la actitud adecuada: es optimista, curioso, seguro de sí mismo y con visión de futuro.

Su madre, mientras tanto, está orgullosa de que su hijo destaque en la escuela y le alivia tener una fuente de ingresos. Quiere lo mejor para Omar, pero todavía le preocupa el futuro mientras sigue buscando a su marido desaparecido, ahora con la ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja. También le preocupan la ausencia de legislación sobre el asilo y la continua inestabilidad en Libia.

“La ausencia de un sistema de asilo en Libia” explica Gignac, de ACNUR, “significa que las personas afectadas siguen teniendo que enfrentarse a retos importantes. Aunque las cosas han evolucionado y mejorado desde que terminó el conflicto y las autoridades son cada vez más conscientes de las necesidades de protección de los solicitantes de asilo y de los refugiados, todavía queda un largo camino por recorrer”.

Por Emanuela Paoletti en Trípoli, Libia

Gracias a la voluntaria de UNV Online Isabel Arranz del Riego por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.

ACNUR


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