Colombia: Cuando el conflicto no impide vivir a las mujeres

miércoles 07. diciembre 2011 08:00 Antiguedad: 167 days

© ACNUR/ D.Díaz
En 2007, 21.301 personas fueron desplazadas de Nariño a causa del conflicto armado interno. En la foto: Liliana, líder comunitaria que habita actualmente en el municipio de Soacha, y su vecina.

SOACHA, Colombia, 7 de diciembre de 2011 (ACNUR) - “A pesar de las amenazas, yo siempre lo he dicho, eso no va a ser para que a mi me detengan, para yo seguir luchando para que algún día toda esa población desplazada tenga una vida digna como dice el derecho”, dice Liliana, una desplazada de 40 años,  con voz firme.

Liliana, madre de cuatro, oriunda de Llorente, Nariño, es una de las aproximadamente 35.000 personas desplazadas que habitan en Soacha, a las afueras de Bogotá, municipio receptor del 0.91% del total de municipios receptores de población desplazada del país, según cifras oficiales del Registro Único de Población Desplazada de Acción Social, contraparte gubernamental.

En 2007, año en el cual Liliana fue desplazada por primera vez hacia Pasto, en el sur de Colombia a la frontera con Ecuador, 21.301 personas salieron de esta zona a causa del desplazamiento forzado generado por el conflicto armado interno. “Es muy duro tener que salir, dejar tus cosas, dejar una vida que tenías, una vida social, una vida psicológicamente bien […] yo, a pesar de ser mujer y estar sola, yo tenía mi finca, tenía mi casa, tenía todo; a mi no me faltaba nada”. Luego del segundo desplazamiento, desde Pasto a Soacha, Liliana llegó a la “Fundación Colombia Nuevos Horizontes” en 2008 con su hija de cinco meses, entidad sin ánimo de lucro fundada por víctimas de la misma índole, donde permaneció durante cinco meses. Esta Fundación le brinda atención a la población vulnerable desde 2004, y le permitió a Liliana y a su hija obtener alojamiento, alimentación, vestimenta, atención psicosocial, entre otros beneficios que les son negados a las víctimas del desplazamiento forzado al ser desarraigados de su lugar de origen.

Incluso desde antes de ser víctima del desplazamiento forzado, razón por la cual tuvo que salir de Llorente, Liliana se empoderó para convertirse en una líder comunitaria, siendo “presidente de la junta veredal en donde vivía, y acá sigo el mismo roce que es algo que me gusta, luchar por los derechos de la población”. Esta líder inquebrantable, pese a las incesantes amenazas y peligros que la rodean, es la secretaria técnica de la Mesa de Fortalecimiento a Organizaciones de Población Desplazada (OPD), apoyada por ACNUR, y está vinculada a la Mesa de Interlocución, Gestión y Desarrollo (MIGD). “Ahí tenemos un proyecto con 30 mujeres que estamos trabajando en avicultura”. Desde la creación de la Mesa, la MIGD ha sido un espacio de concertación y productividad para aquellas personas a quienes se les han negado sus derechos fundamentales, especialmente a las mujeres vulnerables dentro del conflicto armado.

“Quiero resaltar una cosa muy grande en los dos años que yo llevo de liderazgo acá en Soacha, resaltar mucho es a ACNUR […] nos ha apoyado mucho”. Desde junio hasta 30 de septiembre de 2011, ACNUR, con el apoyo de la Personería Municipal de Soacha, ha apoyado los procesos de fortalecimiento de 30 líderes comunitarios, miembros de la OPD, en términos de la conformación de veedurías ciudadanas a través de una serie de capacitaciones.

Muchas personas no solo lo perdieron todo en el lugar de donde fueron desplazadas, sino que el mismo núcleo familiar se ve completamente desboronado, “es una desintegración total de la familia. Una se separa su esposo si tuvo, porque el llegar acá es un cambio tan duro, tan duro, que terminan muchas familias separándose: uno se fue por un lado y la otra por el otro, porque acá cambia el entorno, ya es más duro para el trabajo, la plata”.

Considerando las innumerables consecuencias del conflicto armado interno sobre la población vulnerable, Liliana sueña con sólo una cosa: poderse reunir con sus hijos, en especial con su hija menor de ocho años, “a mi me da miedo que ella se olvide de mi, a mi me duele que luego ella no me quiera, que no me vaya a querer porque hemos estado lejos”.

Con la cabeza en alto y un paisaje de mil colores de fondo, Liliana se pregunta: “¿Por qué hay que seguir? Porque digamos al momento de que a ti te toca salir y abandonar todo, tú te llenas como de un rencor, al mismo tiempo te llenas como de un odio, entonces sigues como una lucha para que a otras personas no les pase lo que te pasó. Eso es lo que yo siempre lucho. Que a otras familias no les suceda lo que a mi me sucedió”.

Diana Díaz Rodríguez en Soacha, Colombia

ACNUR


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