La Alta Comisionada Asistente para Operaciones de ACNUR visitó el Ecuador

martes 09. marzo 2010 12:00 Antiguedad: 145 days

© ACNUR/ S.Aguilar
© ACNUR/ S.Aguilar
Janet Lim, Alta Comisionada Asistente para las Operaciones, junto a un grupo de mujeres refugiadas en Sucumbíos, Ecuador.

NUEVA LOJA, Sucumbíos, Ecuador, 9 de marzo (ACNUR) - Después de más de 30 años trabajando con el ACNUR, los relatos de los refugiados siguen causándole escalofríos. Eso dice la cara de Janet Lim, Alta Comisionada Asistente del ACNUR para las Operaciones, en su primera visita a una pequeña comunidad de la frontera norte ecuatoriana, en la provincia amazónica de Sucumbíos.

“La vida aquí es muy dura. No tenemos agua potable, no hay centros de salud, el transporte es tan caro que cuando un hijo se enferma, uno necesita de la solidaridad de los vecinos para pagar el bote. Y no hay seguridad.”, explica uno de sus moradores.

Desde que llegara a Ecuador, tan sólo dos días antes, en su primera misión en América Latina, la Señora Lim había podido conocer la situación de las personas en necesidad de protección internacional a través de varios encuentros con autoridades y representantes de instituciones de la zona. Sin embargo, el encuentro con las víctimas siempre es el mejor ejemplo. O, como la Alta Comisionada Asistente advierte, “un informe no puede mostrar las historias de las personas”.

“Yo salí del departamento de Valle del Cauca, en Colombia, porque ya no se podía vivir. Por las noches se oían los helicópteros. A veces llegaban de un lado disparando y del otro aparecían los contrarios. Después vinimos aquí y estamos más tranquilos, aunque el miedo no se va”, cuentan atropelladamente entre varias personas.

El camino hasta llegar aquí ha sido tortuoso, por una vía de lodo, seguido de un viaje en bote para alcanzar la comunidad. En ella, nos reciben casas de madera elevadas para evitar las crecidas del río y los mosquitos que transmiten dengue o paludismo. El colorido edificio del aula escolar que ACNUR construyó en 2009 se levanta junto a la casita del profesor que la comunidad construyó y nos aloja para la reunión.

 “Aquí no venía nadie, ni las autoridades, ni los médicos, nadie. Ahora, por lo menos, ya tenemos la escuela y hemos construido una casa para el profesor gracias a los clavos y el techo de zinc que nos ha dado ACNUR”.

El viaje sigue en la comunidad vecina. Después de conocer a los líderes, la Alta Comisionada Asistente conversa con un grupo de mujeres. Porque, como ellas explican, ser mujer ya es un riesgo. Si además eres refugiada, colombiana y vives en la Amazonía, los peligros se multiplican

“Para las mujeres es más difícil. Las mujeres siempre nos encargamos de los hijos e intentamos protegerlos. Pero los niños todavía se asustan cuando oyen ruidos por las noches. A veces los esposos son también violentos. Y qué le vas a hacer. Aquí no hay trabajo, no tienes plata. Así que sigues viviendo. Aunque aquí hemos hecho un grupo de mujeres y hacemos talleres entre nosotras. Quién sabe, quizá algún día podamos montar una fábrica”, explica una de ellas, mientras muestra un bolso hecho en los talleres.

Las historias de miedo, maltrato y violencia se repiten en la visita a la Federación de Mujeres de Sucumbíos, una organización local socia de ACNUR cuya sede está en Nueva Loja. La capital de la provincia apenas está a pocas decenas de kilómetros del cordón fronterizo. Aquí en la Federación apoyan a muchas mujeres en necesidad de protección internacional que llegan huyendo y, además, han sido víctimas de maltrato. 

“Lo más difícil es asumir la impunidad. Las redes de protección son demasiado débiles y las mujeres son victimizadas de manera permanente en un continuo que muchas veces comenzó en la infancia. Una gran cantidad de casos que atendemos son de mujeres refugiadas que, después de salir huyendo de su país, cuando intentan adaptarse a la vida acá, muchas veces deben huir de nuevo”, explican portavoces de la asociación que trabaja con mujeres sin tener en cuenta su procedencia, edad, pertenencia a grupo étnico o nacionalidad.

Y es que, como también le explicaba a la señora Lim el Obispo Vicario de Lago Agrio de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos (ISAMIS), esta joven región, con apenas treinta años de existencia, antes era un aislado enclave en medio de la selva que había nacido alrededor de la explotación petrolífera y la falta de inversión pública y el impacto del conflicto en el vecino país han marcado su historia.

Esa falta de inversión pública, como explicaba el alcalde del cantón, Yofre Poma, viene todavía hoy de la falta de visibilidad y registro de las personas en necesidad de protección internacional. Aunque en la provincia son cerca del 22% del total de 130.000 habitantes, una cifra enorme, no constan en los datos censales estatales, por lo que instituciones como el municipio no reciben fondos del Estado que le permitan ofrecer servicios básicos a la población real de la zona.

En 2010, sin embargo, se espera que se reduzca esa falta de visibilidad, ya que el proyecto estatal de brigadas móviles de Registro Ampliado, apoyado por ACNUR, ha permitido documentar a alrededor de 25.000 personas en necesidad de protección internacional hasta el momento.

La misión de la señora Lim en Ecuador ha incluido, a su vez, reuniones con los ministros Ricardo Patiño, Ministro de de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración; Miguel Carvajal, Ministro de Seguridad Interna y Externa; y el Embajador Alfonso Morales, Director de la Dirección General para los Refugiados.

Sonia Aguilar en Nueva Loja, Sucumbíos

Por: ACNUR


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