Un año después, miles continúan huyendo de Somalia, pero también hay mejoras

martes 05. junio 2012 14:00 Antiguedad: 2 yrs

© ACNUR/ S.Modola
Un trabajador de ACNUR mide el brazo de un bebé de ocho meses en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia, el año pasado.

GINEBRA, Suiza, 5 de junio (ACNUR) – En junio hace un año que los refugiados somalíes desesperados empezaron a huir hacia los países vecinos, empujados de sus hogares por el conflicto, las violaciones de los derechos humanos y la peor sequía en décadas. Este reciente episodio ha sido otro recordatorio del sufrimiento trágico y prolongado de la población somalí que se ha prolongado más de veinte años. 

Enfrentándose a la violencia y la hambruna, decenas de miles de personas buscaron sobrevivir en los campos de refugiados de la región. Muchos caminaron por el desierto durante días, semanas a veces, y llegaban exhaustos, enfermos o demacrados, frecuentemente llevando con ellos a sus débiles y moribundos hijos o a las pocas pertenencias que tenían. 

Hoy en día siguen vigentes muchos de esos retos. El continuo conflicto y las escasas lluvias de temporada siguen obligando a la gente a huir de Somalia aunque a niveles inferiores de los que vimos el pasado verano. Durante los cuatro primeros meses de 2012, unos 20.000 somalíes buscaron refugio en Kenia, Etiopía, Yibuti y Yemen, frente a los 40.000 somalíes que huyeron al mes entre junio y septiembre de 2011.

Este mes de mayo, los campos de Dollo Ado en Etiopía, que albergaban ya a más de 150.000 refugiados, vivieron un significativo aumento de llegadas y pasaron de menos de 980 en la primera mitad de mayo a más de 2.000 en la segunda quincena del mes. Los recién llegados dicen que huyeron de su país por la creciente inseguridad física y por la escasez de recursos. Concretamente mencionan el miedo a verse atrapados en las operaciones militares, el reclutamiento forzoso, las escasas lluvias y la destrucción de cosechas como las principales razones para abandonar Somalia. ACNUR está trabajando con las autoridades de Etiopía para identificar un nuevo espacio para un sexto campo en esta zona ya de por sí superpoblada y medioambientalmente frágil.

Mientras tanto, en el campo de Dadaab, en Kenia, más de 460.000 refugiados siguen viviendo en un ambiente de seguridad precario. La amenaza de artefactos explosivos improvisados, disparos, secuestros y bandidaje sigue siendo alta. Los envíos de ayuda y las actividades en los campos siguen en marcha a pesar de todo. En Dadaab ACNUR también ha sido testigo de grandes actos de solidaridad durante la emergencia. Los refugiados que llevaban años viviendo allí y la comunidad local asistieron generosamente a los recién llegados y compartieron con ellos los pocos recursos que tenían.

Durante el último año la prioridad y el mayor reto para ACNUR y sus socios ha sido reducir las tasas sin precedentes de mortalidad y desnutrición infantil entre los recién llegados somalíes.

Pese a los cuidados médicos y los programas de alimentación terapéutica en los campos de Dadaab y Dollo Ado muchos de los niños recién llegados no han podido sobrevivir y han muerto a las pocas horas o días de llegar. En el momento álgido del flujo del verano pasado, la tasa de mortalidad estimada llegaba a las 17 personas al día por cada 10.000.

En el inicio de la crisis ACNUR y sus socios establecieron programas de nutrición en los centros de recepción y de tránsito y en los campos. Combinados con las campañas de vacunación masivas y otras medidas sanitarias públicas, estos esfuerzos salvaron muchas vidas durante los últimos 12 meses. Las tasas de mortalidad y desnutrición comenzaron a descender de manera importante en septiembre del año pasado pero todavía se necesitaría un mes más para que se situaran por debajo de los niveles habituales en situaciones de emergencia (menos de 1 muerte por cada 10.000 al día). Hoy en día, los campos de Dollo Ado, en Etiopía, están informando de una media de fallecimientos del 0,8 por cada 1.000 habitantes al mes y de 2,2 en el caso de los menores de cinco años. En el complejo de refugiados de Dadaab, en Kenia la tasa bruta de mortalidad es de 0,2 por 1.000 por mes, y 0,6 entre los menores de cinco años.

Otro logro vital ha sido la reducción de unas tasas de desnutrición nunca no habíamos visto en décadas. La desnutrición fue especialmente grave entre los niños refugiados: en junio y julio de 2011 más de la mitad de los niños que llegaron a Etiopía presentaban desnutrición aguda. Esta cifra era algo menor entre aquellos que llegaban a Kenia, donde también eran alarmantes (entre el 30 y el 40%). Incluso el personal más experimentado de ACNUR declaró que no había visto una situación así desde la hambruna de 1998 en el sur de Sudán o la crisis alimentaria de 1999 en Brazzaville.

Los resultados de las últimas evaluaciones muestran una reducción de la desnutrición entre los refugiados menores de cinco años en Dadaab (7%). En Dollo Ado estas tasas de desnutrición entre los niños también se han estabilizado y en todos los campos se da una tendencia positiva. En los campos de Melkadida y Bokomayo las tasas de desnutrición aguda han descendido al 15%. ACNUR está actualmente elaborando una encuesta de seguimiento en los nuevos campos de Kobe y Hilaweyn en la que se espera ver niveles significativamente reducidos de desnutrición aguda general.
Los amplios programas masivos de agua, saneamiento e higiene han ido de la mano con estos esfuerzos y han sido una parte integral de las grandes mejoras en las condiciones de salud de la población de refugiados somalíes.

Los países vecinos han sido los más afectados por el desplazamiento somalí durante la última emergencia en el Cuerno de África. La presión sigue siendo enorme en las comunidades de acogida en la medida que la crisis de Somalia sigue afectando a toda la región. Ellos necesitan un continuo apoyo internacional.

Unas 300.000 personas huyeron de Somalia sólo el año pasado. Hoy, más de 980.000 somalíes viven como refugiados en las vecinas Kenia, Etiopía, Yemen y Yibuti.

ACNUR


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