Un callejón sin salida para los jóvenes desplazados en las afueras de Bogotá

lunes 30. agosto 2010 13:50 Antiguedad: 4 yrs

© ACNUR/P.Smith
Un grupo de niños juegan al fútbol en Soacha. Los jóvenes desplazados que viven en los suburbios enfrentan un futuro difícil.

SOACHA, Colombia, 30 de agosto (ACNUR) – Con los años, los suburbios de Soacha se han expandido azarosamente y de manera irregular por encima de las colinas al sur de Bogotá, debido a que miles de familias acudieron a la capital colombiana para escapar de la violencia en las zonas rurales.  

Se sienten relativamente seguros en ese laberinto de ladrillos y casas de acero corrugado y negocios que hacen que el barrio Altos de Cazuca parezca un gigante hormiguero humano. Pero para muchos de sus niños, la extendida zona urbana con más de 450.000 personas -entre ellas, cerca de 32.000 desplazados internos registrados, o desplazados-, es una calle sin salida para el desarrollo cultural, social, educacional y profesional.

Mientras sus padres tal vez sueñen con retornar a sus granjas o aldeas, los jóvenes se han convertido en “bichos de ciudad”. "Cuando hablamos con las familias, los adultos expresan su deseo de retornar a sus respectivas regiones, pero los jóvenes quieren quedarse aquí o en Bogotá", dice un funcionario del ACNUR en Soacha.

Por múltiples razones, especialmente la discriminación y la estigmatización, como así también la pobreza, este asentamiento no les ofrece un buen futuro. En realidad, la única salida para algunos de ellos, es unirse a los grupos criminales o irregulares armados, que según los trabajadores humanitarios y las personas locales, aún tienen gran influencia sobre ciertas partes de Soacha – especialmente de noche.

ACNUR, que trabaja en Soacha desde 2005, cree que los jóvenes necesitan ayuda y orientación. "Estos jóvenes no tienen perspectivas para el futuro porque los esfuerzos a nivel local han sido hasta ahora insuficientes", indica Terry Morel, la Representante del ACNUR en Colombia, y agrega: "Trabajamos para identificar soluciones que les permitan a las personas construir su futuro".

La agencia para los refugiados coordina la acción humanitaria y apoya a organizaciones tales como La Casa de los Derechos y Círculos de Aprendizaje, que trabajan para proteger a las familias desplazadas y sus jóvenes, facilitando el acceso a la educación, la salud y lugares de albergue, a los cuales tienen derecho.

Juan, un joven que estaba tocando la batería en un centro para la juventud, conversó con ACNUR acerca de los obstáculos que enfrentan  los jóvenes desplazados de Soacha. Este joven de 17 años huyó a los Altos de Cazuca hace un año desde la ciudad norteña de Cúcuta después de que su madre se metiera en problemas. "Mi madre me dijo que me tenía que ir, de lo contrario, me matarían por algo que ella había hecho", contó sin demasiada elaboración.

Juan tuvo suerte. Se hizo amigo de alguien al llegar a Soacha que le prestó dinero, y  encontró trabajo vendiendo bijouterie. Pero como muchos otros que llegan aquí, encontró cierta hostilidad por parte de la población local. "No aceptan a las personas desplazadas. Cuando caminas por las calles, te miran mal y te hablan con malos modos. Cuando pides trabajo, lo primero que te preguntan es si eres desplazado", explicó. "Los jóvenes aquí no tienen muchas oportunidades de empleo", confirmaron desde el ACNUR en Soacha.

Juan tampoco pudo cumplir su objetivo de estudiar porque, como muchas otras personas desplazadas, no tenía dinero. Otros han sido excluidos de las escuelas por razones discriminatorias. El personal del ACNUR  dice que la discriminación y la estigmatización de las personas desplazadas, son acontecimientos preocupantes.

Los jóvenes enfrentan serios obstáculos para su desarrollo y superación personal. Tal vez lo más insidioso es la influencia que ejercen los grupos irregulares armados en los asentamientos de Soacha, tan cerca del centro de Bogotá.

El reclutamiento forzado constituye un peligro, pero el ofrecimiento de dinero es un anzuelo para atraer a los jóvenes que no tienen otra cosa. Las políticas sociales de estos grupos también afectan a la juventud. "Las amenazas recaen sobre personas drogadictas, trabajadores sexuales, que tal vez sean portadores del VIH. Pueden ser amenazados y hasta eliminados", indica Morel.

Tal control social ejercido por las bandas, que incluye la prohibición de ciertos tipos de música o de vestimenta y hasta el cabello con rastas, "a veces conlleva a un segundo deslazamiento dentro de Soacha", afirman en la Casa de los Derechos. En 2008, esa institución lanzó una campaña con ACNUR para informar a los jóvenes acerca de qué hacer en caso de amenaza de reclutamiento forzado.

Desde la Casa de los Derechos afirman que existen otros problemas como la violencia sexual y doméstica contra los menores, como así también negligencia de los padres.

Pero mientras las perspectivas para los jóvenes de Soacha son sombrías, asoman rayos de esperanza. La presencia del ACNUR en una zona donde se registraron 500 homicidios a principios de 2.000 es un gran avance. "ACNUR llegó hasta allí y abrió la Casa de los Derechos, brindando así apoyo a la presencia de las instituciones", explica Morel y agrega: "Esto es crucial para que las personas no se sientan abandonadas".

Los mismos jóvenes están mostrando signos de independencia e iniciativa. "El centro para la juventud fue creado por gente joven", reveló el funcionario de la Casa de los Derechos, y agregó que algunos de ellos han participado en talleres para estudiar las políticas públicas y han hablado mejor acerca de su futuro. Y Juan tiene por cierto una actitud positiva. "Soy optimista. La banda comienza a proyectar para el futuro y yo tengo un empleo."

Leo Dobbs en Soacha, Colombia

ACNUR


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