Walter Kälin: Abogado suizo defensor de los derechos de los desplazados internos

lunes 14. noviembre 2011 20:00 Antiguedad: 189 days

© Cortesía de Walter Kälin
Walter Kälin, abogado y académico suizo especialista en asuntos humanitarios.

GINEBRA, 14 de noviembre (ACNUR) – Walter Kälin, abogado y académico suizo especialista en asuntos humanitarios, ha trabajado incansablemente durante años para proteger los derechos de los desplazados forzosos. Inició su carrera asesorando y representando a los solicitantes de asilo como miembro de la sección suiza de Amnistía Internacional y su labor llegó a la cúspide durante el período 2004-2010, en su calidad de Representante Especial sobre los Derechos Humanos de los Desplazados Internos. Anteriormente había liderado a un grupo de expertos encargado de la elaboración de los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, que se ha convertido en el documento de referencia de las Naciones Unidas para las cuestiones relacionadas con los derechos de los desplazados forzosos dentro de su propio país. Actualmente, Kälin da clases de derecho internacional y constitucional en la Universidad de Berna y dirige un instituto de derechos humanos recientemente creado en Suiza. Tiene un dilatado historial de cooperación con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y últimamente asistió a las consultas organizadas en Ginebra con los expertos del ACNUR sobre la protección de los desplazados internos. Antes de presidir una sesión sobre leyes y políticas, habló con Adrian Edwards y Leo Dobbs, oficiales de información pública del ACNUR. A continuación ofrecemos algunos extractos de la entrevista:

Explíquenos por qué ha venido a Ginebra para asistir a la reunión

Me invitaron a compartir con mis colegas algunas de mis experiencias sobre el modo en que las leyes, las políticas y las estrategias de los países afectados por el desplazamiento interno pueden contribuir a mejorar la protección que se ofrece a estas personas. A diferencia de los refugiados, de cuya protección se responsabiliza en gran medida la comunidad internacional, unos 27 millones de personas desplazadas que huyen de los conflictos armados y la violencia, sumados a los cerca de 30 millones que suelen desplazarse cada año debido a los desastres naturales, permanecen en sus propios países y son principalmente sus propios gobiernos los que deben ocuparse de ellos.

Voy a hablar de algunos casos en los que los desplazados internos han sufrido debido a la carencia de legislación en este ámbito o porque la legislación existente no respondía a sus necesidades específicas. Cuando viajé a Nepal en el año 2005 [en calidad de Representante Especial de las Naciones Unidas], numerosos padres venían a decirme que sus hijos no podían ir a la escuela porque, en virtud de la legislación nepalí, necesitaban que el director de la escuela les facilitara un documento de transferencia. Pero si tu pueblo es atacado por los rebeldes o el ejército y no tienes más remedio que huir, no tienes tiempo para pedir al director de la escuela que te facilite el documento. También he visto casos en los que los desplazados internos no pudieron recuperar la propiedad o las pertenencias que habían perdido o abandonado solo porque necesitaban un título de propiedad, algo que las comunidades indígenas o tradicionales no tienen. En otros países he visto que estas personas no tenían acceso a los servicios básicos ni al mercado de trabajo regulado por carecer de documentos de identidad, que habían perdido al huir. . . Si no existe un marco jurídico en este ámbito o el que existe no responde a las necesidades específicas de los desplazados internos, existirá un grave riesgo de que las cosas vayan mal.

¿Cuáles son las obligaciones internacionales de los Estados?

A diferencia de los refugiados que huyen a otro país, nosotros no tenemos ningún convenio internacional que proteja a los desplazados internos. [En su lugar] tenemos los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, de 1998. Pese a no ser un instrumento vinculante, ofrece un aspecto positivo y es que, en el marco de las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, todos los gobiernos lo han aceptado y reconocido en más de una ocasión como un marco importante de protección, lo que significa que los gobiernos tienen que respetar, proteger y hacer valer todos los derechos humanos pertinentes de estas personas. Es decir, no obligarlas a verse desplazadas por huir de la violencia, no atacarlas, no bloquear su acceso a los servicios básicos, pero también protegerlas contra los agentes no estatales que intenten violar sus derechos. Estos agentes podrían ser rebeldes, pero también podrían ser personas que puedan representar un peligro para la población establecida en los campamentos. Los campamentos son con frecuencia lugares muy peligrosos para las mujeres.

Los gobiernos también tienen la obligación jurídica de ayudar a estas personas durante el desplazamiento, proporcionándoles servicios básicos como la salud, los alimentos y la educación. Y algo que es muy importante, los gobiernos tienen la obligación de crear las condiciones necesarias para poner en marcha las denominadas soluciones duraderas, es decir, soluciones que permitan a estas personas reconstruir sus vidas regresando a su lugar de origen o poner fin a su desplazamiento mediante su integración en los lugares en los que se encuentren.

¿Cuál es el enfoque de la comunidad internacional con respecto a las situaciones de los desplazados internos?

En primer lugar, creo que la comunidad internacional está actuando bien por lo que respecta a la asistencia a los desplazados internos. Existen situaciones difíciles, como es el caso de Somalia, país al que no tenemos acceso, pero, en mi opinión, la respuesta humanitaria en general ha mejorado a lo largo de los años. Donde vemos que existen grandes deficiencias es a la hora de restablecer las condiciones necesarias para que estas personas puedan reanudar su vida normal, es decir a la hora de buscar soluciones duraderas. Si nos fijamos en las poblaciones desplazadas internas, veremos que la mayoría llevan 5, 10, 15 o 20 años desplazadas y todavía permanecen en el limbo. En ese ámbito aún nos queda mucho trabajo por hacer.

En segundo lugar, es importante ayudar a los gobiernos a desarrollar su propia capacidad para hacerse cargo de sus propios desplazados internos. Estamos hablando de ingentes cantidades de personas y sería ilusorio pensar que un organismo como el ACNUR, o incluso el sistema de las Naciones Unidas en su conjunto, pueden asumir toda la responsabilidad de estas personas.

También existe una respuesta interagencial, el denominado enfoque de grupos temáticos. Cuéntenos algo más sobre esta solución

El enfoque de grupos temáticos fue fruto de nuestras experiencias en Darfur en el año 2004, cuando se produjo una situación de desplazamiento masivo y la presencia de organizaciones humanitarias internacionales era muy escasa y en muchas zonas incluso nula. En otras ocasiones tuvimos que hacer frente al problema que se planteaba cuando todo el mundo se dirigía apresuradamente a un lugar –el denominado “factor CNN”– y cuando había demasiadas organizaciones haciendo lo mismo. Así pues, lo que había era una falta de coordinación, una falta de previsibilidad y una falta de responsabilidad cuando las cosas no se hacían correctamente. El enfoque de grupos temáticos es una respuesta a estos problemas. La idea es que hay desafíos temáticos –cómo ofrecer suficientes alimentos, servicios sanitarios, servicios de saneamiento, agua y también protección, cómo gestionar los campamentos y cómo ofrecer una vivienda provisional– y que un solo organismo no puede hacerlo todo. Debe haber un organismo encargado de coordinar la respuesta conjunta en una zona concreta.

El ACNUR está liderando tres de estos grupos temáticos: gestión de los campamentos, protección y habilitación de viviendas provisionales. Desde mi punto de vista, la protección es muy importante. Los desplazados internos suelen ser víctimas de numerosas violaciones de los derechos humanos, y limitarse a vigilar la distribución de ayuda humanitaria no es suficiente. Estas personas necesitan protección, merecen protección, y no pueden tenerla, en particular en los casos en los que el gobierno, que es el principal responsable de proteger y prestar asistencia a las personas desplazadas, ha sido la causa de su desarraigo. E incluso en estos casos, el ACNUR puede plantear estas situaciones ante los gobiernos para que estos sepan lo que está ocurriendo y refuercen la capacidad del sistema judicial, de la policía o de las organizaciones no gubernamentales locales y, en general, de todas las instancias capaces de ofrecer protección. Y ese sigue siendo un papel muy importante.

Algunas personas piensan que el ACNUR debería atenerse a sus mandatos y limitarse a ayudar a los refugiados y a los apátridas

Estoy totalmente en desacuerdo. El ACNUR tiene una experiencia única a la hora de responder a las necesidades concretas de las personas que han perdido sus hogares, que no han tenido más remedio que huir o que se vieron forzadas a huir, es decir, las personas desplazadas. Estas personas no están necesariamente más desfavorecidas que otras, pero sí tienen necesidades específicas. Imagínese que atacan su vivienda y no tiene más remedio que huir. Su vida cambia de un día para otro. Necesita buscar un lugar para refugiarse, necesita seguridad, podría ir a parar a un lugar en el que se sienta discriminado por ser un desplazado interno y las personas que viven allí no quieren que usted llegue y compita con ellos en el mercado de trabajo, compita por obtener los escasos recursos disponibles. Deberá usted enfrentarse a este reto, "¿Cómo puedo buscar una solución para poner fin a mi desplazamiento? ¿Cómo puedo regresar a mi hogar?" Estas son necesidades que no comparte la población no desplazada porque están asociadas específicamente al desplazamiento. Y un organismo que se ocupa de los refugiados conoce mejor las necesidades de las personas que se desplazan. Por tanto, creo que el ACNUR es el organismo mejor situado para comprometerse en esta labor.

Limitarse a decir: "Está bien, tenemos un mandato y tenemos que atenernos a él", es negar que ahí fuera el desplazamiento interno es una apabullante realidad que en muchos casos pasa desapercibida para el público. Y ello se debe a que los desplazados internos, a diferencia de los refugiados y los solicitantes de asilo, permanecen en su propio país y son, en gran medida, invisibles para el mundo exterior. No obstante, en cuanto a número son los primeros; lo que ocurre es que su situación no llega a la audiencia mundial.

¿No aumentaría el impacto y el conocimiento si nos refiriéramos a todos los desplazados forzosos simplemente como refugiados?

El término desplazado interno no es fácil de entender y a veces puede resultar algo abstracto. Sin embargo, en los países afectados por el desplazamiento interno, el concepto suele estar muy claro, en particular entre las propias personas afectadas. Si nos refiriéramos a ellos como refugiados podríamos transmitir el mensaje de que ya no son ciudadanos de pleno derecho sino más o menos extranjeros. Recuerdo que, en el año 2005, los medios de comunicación estadounidense e internacionales se referían a los estadounidenses desplazados de Nueva Orleans por el huracán Katrina como refugiados. Vi en televisión entrevistar a un hombre desplazado que estaba furioso y gritaba: "Yo no soy un refugiado. Soy un ciudadano de los Estados Unidos". Y tenía toda la razón. El uso del término refugiados en estos casos transmite el mensaje de que los desplazados internos no tienen los mismos derechos que el resto de los ciudadanos, incluso en circunstancias óptimas. Sin embargo, los desplazados internos que permanecen en sus propios países no pierden sus derechos por el mero hecho de ser desplazados. Y ese es el motivo por el que no somos partidarios de utilizar el término refugiados.

¿Es válida la distinción entre desplazados internos debido a los conflictos y desplazados internos debido a los desastres naturales?

En algunos aspectos sí es válida, pero en otros no lo es. En los conflictos bélicos los riesgos son diferentes de los que plantean los desastres naturales. En los conflictos bélicos hay cuestiones muy específicas relacionadas con la protección, como la protección de los niños para evitar que sean reclutados como soldados. Sin embargo, hay muchas necesidades similares en el ámbito de la protección, como la violencia en los campamentos. Un campamento abarrotado puede convertirse en un lugar peligroso para las personas desplazadas tanto si han huido de un conflicto armado como si han huido de un desastre natural.

El número de las personas desplazadas debido a los desastres naturales es demasiado elevado para que el ACNUR pueda asumir la responsabilidad de todos ellos, pero estoy de acuerdo con António Guterres, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, en que hay muchas situaciones en las que, por su experiencia, puede desempeñar un papel muy importante.

ACNUR


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