"Ya no quiero ser perseguido por pandilleros"

Esta familia no puede voltear a la cámara, de hacerlo sus vidas estarían en peligro.

Los tres hermanos son refugiados en México y sueñan con construir una vida lejos de la violencia de las pandillas.

Los tres hermanos son refugiados en México y sueñan con construir una vida lejos de la violencia de las pandillas.  © ACNUR

SALTILLO - Pedro y sus hermanas eran amenazados por las pandillas. A él le exigían que trabajara para ellos, mientras que a ellas las hostigaban sexualmente. Al no poder más con la presión, sus padres decidieron que lo mejor era enviar a sus hijos a otra casa, pero los pandilleros los encontraron. Entonces se mudaron de ciudad, y la pandilla los volvió a identificar. La desesperación de la familia fue tan grande que enviaron a sus hijos fuera del país. Hoy los tres hermanos son refugiados y sueñan con construir una vida en paz.

“Nos acostumbramos a vivir con las amenazas y ahora no podemos olvidarlas, viajamos con ellas a donde sea que vayamos”, dice María, la más pequeña de la familia.

María, Pedro y Laura son tres jóvenes de El Salvador que huyen de la violencia. A pesar de ser refugiados en México y vivir a kilómetros de distancia, aún temen por su seguridad. Estos no son sus verdaderos nombres, pues de ser reconocidos por sus persecutores, podrían perder la vida. Su verdadera identidad debe de ser ocultada.

Miles de personas han dejado Honduras, El Salvador y Guatemala en busca de un lugar seguro. Su único objetivo es poder alejarse de las bandas criminales y no ser perseguidos nunca más. Huyen niñas, niños, mujeres embarazadas, padres de familia, incluso abuelos. Ellas y ellos han sido víctimas de la violencia extrema y llegan a México para solicitar asilo. Según cifras de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), durante el primer semestre de 2019, 30% de las solicitudes de asilo fueron de mujeres y otro 30% de niñas y niños. Tú puedes ayudarlos, DONA hoy.

José tuvo que salir de Honduras con su madre para no ser asesinados, desde entonces José no ve a su padre.

José tuvo que salir de Honduras con su madre para no ser asesinados, desde entonces José no ve a su padre.  © ACNUR

Sueñan con vivir en paz

Mariana y su hijo José tampoco pueden mostrar sus rostros o dar sus verdaderos nombres. Ellos tuvieron que salir del país el día que el hermano de Mariana fue asesinado. “Las pandillas creyeron que le iba a avisar a la policía de la muerte de mi hermano, amenazaron con matar a mi hijo”, cuenta Mariana quien tuvo que abandonar Honduras.

Ambos encontraron refugio en México, Mariana tiene un trabajo y José va a la escuela. La familia se ha integrado a la sociedad, pero aún viven con miedo, pues no olvidan el amargo momento que enfrentaron en su país, “a veces sueño que vienen por nosotros”, dice Mariana con voz temblorosa. Para el pequeño las cosas tampoco son fáciles, ya que a muy temprana edad tuvo que dejar todo lo que conocía por el riesgo de perder la vida. De un día para otro, fue forzado a dejar su casa, amigos y desde entonces no ha visto a su padre. Miles de niños como José llegan a México con la esperanza encontrar seguridad y empezar una vida en armonía.

Tú puedes ayudarlos a construir una vida lejos de la violencia. Conviértete en socio del ACNUR. DONA aquí.