La miseria económica envuelve a los refugiados sirios y a las comunidades que les acogen

En Líbano, la capacidad de la comunidad local y de los refugiados sirios de apoyarse mutuamente está llegando a un punto de quiebre debido a la problemática económica y la crisis causada por la COVID-19.

Kawkab Mustafa retratada dentro de su tienda en el barrio Bab al-Tabbaneh de Trípoli, Líbano.
©  ACNUR / Diego Ibarra Sánchez

Detrás del mostrador de su pequeña tienda de conveniencia en un barrio deteriorado de Trípoli, en el norte de Líbano, Kawkab Mustafa, de 35 años, mantiene una lista de las deudas de los clientes a los que ha permitido comprar productos a crédito. En los últimos meses, la lista ha crecido tanto que necesita cuatro cuadernos separados para registrar todas las entradas.


Kawkab y sus clientes, que incluyen tanto a los residentes libaneses como a los refugiados sirios, ya sentían el dolor de meses de crisis financiera, acompañados de protestas políticas, que han afectado la economía del Líbano y han empujado al 45% de la población del país bajo la línea de la pobreza, según el Banco Mundial.

La llegada de la COVID-19 y las restricciones para contener su propagación en marzo han traído más miseria, dejando a muchos incapaces de trabajar y acercándolos al borde de la indigencia.

"No pensamos que estaríamos en esta situación".

“La situación es muy mala aquí”, dijo Kawkab. “Los vecinos solían poder pagar sus deudas antes, pero... todos perdieron sus trabajos. Seguimos pensando que mejorará, no pensamos que estaríamos en esta situación. Luego vino la COVID y nos arrastró hasta el suelo”.

Actualmente, el Líbano alberga a 892.000 refugiados sirios registrados y tiene la mayor población de refugiados per cápita del mundo. Según la evaluación más reciente realizada por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, nueve de cada diez familias de refugiados sirios en el Líbano estaban endeudadas incluso antes de que la COVID-19 exacerbara la situación, con niveles promedio de deuda familiar de 1.115 dólares.

Para Kawkab, el negocio es tan malo que se ha retrasado en el alquiler y está en mora con sus propios proveedores, mientras que a su esposo, un recolector de basura, no se le ha pagado durante tres meses. El medicamento semanal que necesita para controlar una afección renal está fuera de su alcance, lo que pone en riesgo su salud.

“Necesito una inyección todas las semanas, pero ahora solo puedo pagar la inyección cada tres semanas”, explicó. “Si la situación continúa así, no podré pagar el alquiler de la tienda. También debo tres meses de alquiler en mi departamento”.

  • Kawkab y su esposo Rabie revisan los libros de contabilidad de su tienda de conveniencia.
    Kawkab y su esposo Rabie revisan los libros de contabilidad de su tienda de conveniencia. © ACNUR / Diego Ibarra Sánchez
  • Los niños locales compran bocadillos en la tienda, que está luchando durante la crisis económica del Líbano.
    Los niños locales compran bocadillos en la tienda, que está luchando durante la crisis económica del Líbano.  © ACNUR / Diego Ibarra Sánchez
  • La refugiada siria Bodour al-Qader huyó de Homs en 2012 y es una de los clientes habituales de Kawkab.
    La refugiada siria Bodour al-Qader huyó de Homs en 2012 y es una de los clientes habituales de Kawkab. © ACNUR / Diego Ibarra Sánchez
  • Un joven refugiado sirio carga un cilindro de gas a través del barrio Bab al-Tabbaneh en Trípoli, Líbano.
    Un joven refugiado sirio carga un cilindro de gas a través del barrio Bab al-Tabbaneh en Trípoli, Líbano.  © ACNUR / Diego Ibarra Sánchez
  • Con el esposo de Bodour actualmente incapaz de encontrar trabajo, la familia depende de la ayuda humanitaria.
    Con el esposo de Bodour actualmente incapaz de encontrar trabajo, la familia depende de la ayuda humanitaria. © ACNUR / Diego Ibarra Sánchez

A pesar de estas terribles circunstancias, continúa ayudando a sus clientes más vulnerables donde puede, extendiéndoles más crédito y permitiéndoles pagarle poco a poco cuando se lo puedan permitir.

Uno de sus clientes habituales es la refugiada siria Bodour Al-Qader, que huyó al Líbano desde Homs en 2012. Con su esposo actualmente incapaz de encontrar trabajo, han acumulado deudas de 500.000 libras libanesas (331 dólares) en los últimos meses y no ha podido pagar la renta.

“Antes... mi esposo podría trabajar un día o dos por semana y nos ayudaría a salir adelante. Ahora han pasado tres o cuatro meses que no hemos pagado el alquiler”, dijo Bodour. “Tomé prestado de Kawkab; ella me conoce. Cuando tenga dinero, se lo daré”.

Kawkab dijo que cree que está haciendo lo correcto, incluso si esto hace que su propia situación sea más precaria, y que su generosidad finalmente será recompensada por otros.

“Tengo que apoyar a la gente, y si hay algo que pueda hacer, lo haré”, dijo. “Está bien de esta manera. En estos tiempos nadie presta, pero en mi caso, son amables conmigo porque los ayudo, y cuando estoy pasando por tiempos difíciles, me apoyan”.

A medida que la crisis económica socava la capacidad del pueblo libanés para mantenerse, también erosiona su capacidad incluso para los más pequeños actos de generosidad hacia los refugiados sirios. El apoyo internacional para el Líbano y las agencias humanitarias es más crucial que nunca para ayudar al país y a los refugiados sirios que alberga.

El 30 de junio varios Gobiernos se reunirán para una conferencia virtual de compromisos de contribuciones para Siria, ACNUR les insta a proporcionar una mayor financiación para más de 5,5 millones de refugiados sirios y los países que los acogen en la región, y millones más dentro del país están necesitados de asistencia humanitaria.

Para Kawkab, sin perspectivas inmediatas de una mejora en sus circunstancias, por ahora debe contentarse encontrando consuelo donde pueda.

 “Tengo fe en Dios de que él cambiará esta situación. Si Dios no nos ayuda, ¿quién lo hará?”