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Solicitantes de asilo capturados en Libia no tienen un lugar seguro al cual ir

Historias

Solicitantes de asilo capturados en Libia no tienen un lugar seguro al cual ir

En medio de redadas de seguridad, personas refugiadas y solicitantes de asilo en Trípoli requieren asistencia y protección urgentemente.
14 Octubre 2021 Disponible también en:
Familia refugiada se entrevista con el personal de ACNUR que brinda asistencia en Trípoli, Libia.

Hamza*, un mecánico de 17 años, fue atrapado cuando, en medio de una redada de seguridad a principios de este mes, las fuerzas libias arrasaron con Gergaresh, un vecindario en Trípoli.

Hamza fue detenido en su casa. Aunque logró escapar, era una de las miles de personas migrantes y solicitantes de asilo hacinadas en condiciones insalubres en el centro de detención de Al Mabani.

“Estaba sumamente hacinado: había miles de personas ahí. No había baños, y la comida escaseaba. La situación era muy dura. En consecuencia, las personas decidieron huir”, comentó.

El joven ahora forma parte de las masas de personas refugiadas y solicitantes de asilo que se encuentran reunidas afuera de un centro comunitario que dirige ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en la capital de Libia. Algunas personas han sufrido afectaciones directas a causa de la redada de seguridad, perdieron su hogar y sus pertenencias, o bien, huyeron de la detención hace poco. Otras personas se han reunido frente al centro comunitario con la esperanza de que se les dé prioridad en la evacuación o en el reasentamiento.

“No teníamos a dónde ir. No podríamos regresar a Gergaresh. No hay a dónde ir”.

La vida diaria siempre ha estado llena de desafíos para las personas refugiadas y solicitantes de asilo en Libia, un país que, en la última década, ha sufrido los estragos de la guerra y de la inestabilidad política, y que ha sido fuertemente golpeado por la pandemia de COVID-19. Debido a la falta de leyes nacionales en materia de asilo, estas personas son consideradas “migrantes ilegales” y, por tanto, pueden ser objeto de detención, arresto o abusos.

Sin embargo, nada pudo prepararles para los acontecimientos que tuvieron lugar este mes. En la amplia redada que tuvo lugar el 1 de octubre en el municipio de Hai Alandalus (en el que, de hecho, se encuentra el vecindario de Gergaresh), las fuerzas de seguridad demolieron los albergues hechizos o inacabados de migrantes y solicitantes de asilo. En los días siguientes, se reportó la muerte de por lo menos siete personas durante la operación. Esta semana, una persona solicitante de asilo de Sudán fue asesinada en las calles de Trípoli después de haber sido golpeada y baleada.

“Sin importar a donde vayas, hay puntos de control. Tememos que nos arresten nuevamente”.

Muchas personas refugiadas y solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad han perdido sus hogares, pertenencias y medios de vida en medio de las redadas. Dicen no tener un lugar seguro al cual ir en Trípoli.

“Sin importar a donde vayas, hay puntos de control”, dijo Hamza, quien no ha podido volver a trabajar como mecánico. “Tememos que nos arresten nuevamente. Es difícil moverse”, comentó.

Maha*, una solicitante de asilo de 21 años, estuvo brevemente en el centro de detención de Al Mabani, pero se sumó a otras personas frente al centro comunitario de ACNUR. “Es difícil moverse. Temo que me arresten otra vez”, indicó.

En principio, ACNUR y sus socios en el centro proporcionaron alimentos, kits de higiene para casos urgentes, tarjetas de prepago y dinero en efectivo para atender emergencias; sin embargo, a raíz del agravamiento de las tensiones conforme aumenta el número de personas que se reúne frente al centro comunitario, este tuvo que suspender sus operaciones temporalmente.

Algunas de las personas en mayor situación de vulnerabilidad reciben asistencia por medio de actividades realizadas en los lugares donde se han encontrado albergues. Esta semana, en un sitio urbano en Trípoli, las personas solicitantes de asilo recibieron despensas, asistencia en efectivo y documentos de ACNUR para reemplazar aquellos que perdieron.

“Esta comida me ayudará un tiempo, pero la compartiré con otras personas”, dijo Hamza.

La ayuda en efectivo de emergencia permite satisfacer algunas necesidades básicas; no obstante, las personas solicitantes de asilo cuyos hogares fueron demolidos comentan que el promedio de las rentas se duplicó y que las opciones son pocas porque muchos propietarios temen que sus inquilinos sean extranjeros.

Como parte del programa de cuidados de ACNUR, otras personas solicitantes de asilo ofrecieron albergue a quienes se encontraban en mayor situación de vulnerabilidad, como madres solteras, niñez no acompañada y personas con padecimientos médicos. Sin embargo, muchos cuidadores y voluntarios comunitarios quedaron atrapados en las redadas, fueron desplazados o detenidos, mientras que otras personas tan solo hacen lo posible por satisfacer necesidades básicas.

“Somos casi treinta personas en mi casa. Hacemos lo posible por alimentarlas a todas, pero nos estamos quedando sin recursos y suministros”, indicó Fatima*, una cuidadora y solicitante de asilo de Sudán. En un inicio, Fatima recibió a tres personas, pero, ahora, ha dado acogida a 21 personas más; entre ellas, cinco niños.

“Muchas familias en situación de vulnerabilidad se nos acercaron buscando albergue. Yo le di acogida a personas de Eritrea que escaparon de la detención. Una de ellas ha estado llorando por días, no ha podido comer ni beber y tampoco puede dormir. Los guardias en el centro de detención empezaron a dispararles y mataron a una de sus amistades”, indicó.

“Hacemos lo posible por alimentarlas a todas, pero nos estamos quedando sin recursos y suministros”.

ACNUR hace un llamado para que las personas refugiadas y migrantes sean liberadas; asimismo, exhorta a que dejen de ocurrir detenciones arbitrarias y a que se respetan la dignidad y los derechos humanos en todo momento. De cualquier manera, en medio de la angustia y el caos, se requieren soluciones duraderas con urgencia.

Los vuelos humanitarios que salen de Libia funcionan como salvavidas para las personas en mayor situación de vulnerabilidad. Sin embargo, durante buena parte de este año, las autoridades libias suspendieron estos vuelos a pesar de que ACNUR ha solicitado su reanudación en repetidas ocasiones.

A raíz de la suspensión, muchos países de reasentamiento han informado a ACNUR que ya no pueden recibir personas provenientes de Libia este año. En consecuencia, se perderán 162 asientos en vuelos directos de reasentamiento y casi 1.000 lugares pueden correr peligro en el Mecanismo de Tránsito de Emergencia, lo cual da un respiro vital a Ruanda y Níger mientras se buscan alternativas a largo plazo en beneficio de las personas refugiadas y solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad.

Hay una larga lista de personas desesperadas que ya han sido seleccionadas para abordar los vuelos.

Al no contar con estas soluciones, muchas personas solicitantes de asilo no tienen otra alternativa más que arriesgarlo todo en peligrosos viajes por mar para atravesar el Mediterráneo, o bien, permanecer en Libia y exponerse al abuso, la explotación y la miseria.

Participación adicional en el reportaje de Tarik Argaz y Caroline Gluck, en Túnez.

*Por motivos de protección, se cambió el nombre de las personas solicitantes de asilo mencionadas.