Doy la cara por ellos: Pablo Moreno

Pablo Moreno da la cara por Omar para que pueda contarnos su historia.

 

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Pablo es el presidente del Fideicomiso de Ahorro de Eficiencia Energética, también es el ex presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes Eléctricos (CANAME).Además, es cofundador de Unidos por la Eficiencia (U4E) y asesor del Consejo Consultivo para la Transición Energética (CCTE), Consejo Consultivo del Agua (CCA), Consejo Empresarial de Alto Nivel de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), el Instituto Aspen y la Confederación de Cámaras Industriales de México (CONCAMIN). A lo largo de su carrera ha ocupado diferentes cargos como Jefe de Relaciones Institucionales en Vitro y Director de Relaciones Públicas y Comunicación en Prodigy MSN.

Mi nombre es Omar y soy de El Salvador. Jamás en mi vida pensé que tendría que escapar de mi país, pero no tuve otra opción.

En El Salvador, trabajaba como mayorista en una empresa de telecomunicaciones, me iba bien, podía tener mi casa y mantener a mi familia. Era una vida tranquila, iba al trabajo, regresaba con mi esposa y mi hijo, que en ese entonces tenía un año. Además, mi pareja tenía un negocio de papelería cerca de una universidad sacando copias.

Vivíamos bien.

En eso fue que llegaron unos pandilleros al negocio de mi esposa a exigirle 15 dólares de la mal llamada “renta” todos los viernes. Así pasaron dos años. Nosotros lo pagábamos para evitar problemas con ellos, pero en diciembre hasta nos pedían “aguinaldo” y era el monto que ellos decían y se hacía el sacrificio.

Luego vinieron y dijeron que teníamos que vender droga. Les dijimos que no, que no era posible, que nos dejaran trabajar en paz.

Fue cuando todo se salió de control.

Un día camino al trabajo en mi vehículo, en un semáforo rojo, me dispararon. Aceleré, escapé como pude e inmediatamente llamé a mi esposa. Le dije que tenía que cerrar el negocio, y que se fuera porque si no me agarraron a mí, lo más seguro es que a ella sí. Para la pandilla fue como una falta de respeto que yo sobreviviera, no habían podido conmigo.

Ese fue el último día que pusimos un pie en nuestro negocio, y en nuestra casa.

Primero llegamos donde unos familiares pero sabíamos que allí tampoco estábamos seguros, porque estas pandillas son una red. Tarde que temprano lo van a encontrar a uno. Incluso si uno se va a otra ciudad, no se demoran ni tres días en saber de que allí estás. Entonces ahí dijimos, en este país ya no se puede estar.

Pensé rápido y no les di tiempo de reacción. Al día siguiente  agarré un autobús a la frontera de Guatemala con México. Se quedaron mi esposa y mi hijo escondidos. Logré pasar el río y llegando a Tapachula vi muchas personas y la mayoría iba para Estados Unidos pero ese era el sueño de ellos. El mio era simplemente salvar mi vida.

Una señora a quien le conté mi historia me dijo que por lo que me pasó yo podía solicitar asilo.Y así llegué a la COMAR, aplicando para que me reconocieran como refugiado. 

Fueron tres meses complicados y largos. Mi bebé y mi esposa seguían ocultándose allá en El Salvador. Yo tenía miedo de que les pasara algo. Tuve que encontrar trabajo como pude, seguir teniendo fé y esperanza en que todo estaría bien.  El día que me reconocieron la condición de  refugiado, yo no aguanté la emoción. Con lágrimas en los ojos, le marqué a mi esposa: “Es hora de que se vengan para acá, ya no tienen que ocultarse, ya no más, podemos vivir aquí”.

A los pocos días viajaron. El dia que debían llegar eran las cuatro de la tarde y ya iba a empezar a atardecer y mi esposa perdió la señal en su teléfono entre las fronteras. Era nerviosismo total. En cuanto cruzaron en balsa, las lágrimas brotaron de mis ojos. Los abracé.

Extraño mucho mi país, mi casa, que seguramente ahora está abandonada. Pero no puedo regresar, me dí cuenta que no es posible, allá ser joven es pecado y ser viejo, también. Te reclutan, extorsionan o te matan. Hoy estoy feliz de encontrar un lugar donde puedo luchar por ser feliz, por tener otra oportunidad para mi esposa y mi hijo.

Los nombres mostrados en esta historia fueron cambiados para proteger la identidad de las personas desplazadas que forman parte de ella.


Ahora que ya conoces la historia de Leonor, es momento de que la compartas.

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