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Huerto comunitario une a jóvenes brasileños y venezolanos en una iniciativa sostenible

Historias

Huerto comunitario une a jóvenes brasileños y venezolanos en una iniciativa sostenible

Un proyecto resultante de la colaboración entre instituciones públicas, ACNUR y NRC ofrece talleres socioambientales dentro de un albergue para personas refugiadas y migrantes procedentes de Venezuela en Boa Vista.
1 November 2019
Durante la actividad, Luís Felipe Gonçalves, uno de los instructores de estos talleres, enseña a jóvenes del albergue cómo plantar los vástagos en el huerto comunitario.

Ya eran casi las cuatro de la tarde y el sol empezaba a aportar un tono más anaranjado al día. Pero en Roraima, el calor del final de la tarde es igual de intenso que el del mediodía. Pese a todo, las altas temperaturas no lograron desanimar a un grupo de más de 45 jóvenes procedentes de Venezuela que procedían del albergue para personas refugiadas y migrantes Jardim Floresta, en Boa Vista.  Junto con otros 18 jóvenes brasileños del proyecto Crescer, metieron las manos en la tierra para poner en práctica todo lo que habían aprendido durante la Semana de Integración Socioambiental: Manos que Siembran.

La implementación del huerto comunitario fue la última y más esperada actividad de los tres días de talleres organizados por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en colaboración con la organización socia Consejo Noruego para Refugiados (NRC, por sus siglas en inglés), que administra el albergue Jardim Floresta, uno de los trece albergues para personas refugiadas y migrantes en Roraima que reciben apoyo financiero de la Unión Europea a través de la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO).

Los talleres tuvieron lugar entre los días 9 y 11 de octubre y recibieron el apoyo de la Compañía de Aguas y Saneamientos de Roraima (CAER, por sus siglas en portugués) y del proyecto Crescer de la Prefectura de Boa Vista, centrado en la formación de jóvenes de entre 15 y 22 años que viven en zonas de la ciudad con alta vulnerabilidad social.

Michelle Garsillo, una de las jóvenes participantes en el proyecto, feliz de trabajar en la siembra de la nueva huerta comunitaria del albergue.

Michelle Garsillo, de 17 años, ayudaba a su abuela en la siembra en Venezuela y se alegró mucho de tener la oportunidad de volver a trabajar con la tierra. “Lo que más me gustó fue la información sobre cómo plantar y cómo cuidar de la tierra. Ya lo hacía con mi abuela, pero no tenía todo el conocimiento que nos dieron esta semana”, recuerda Michelle.

Júlia Machado Dias, oficial de participación comunitaria de la organización no gubernamental NRC, explica que uno de los grandes motivos para crear un huerto y para las demás acciones fue proporcionar una actividad constructiva a jóvenes que aún no se habían matriculado en las escuelas estatales. El proyecto hace posible que los y las jóvenes tengan acceso a nuevas técnicas que pueden favorecer y ampliar sus oportunidades de inserción socioeconómica en un futuro próximo.

“Como varios de estos jóvenes aún no están estudiando, acaban teniendo mucho tiempo libre. Por eso creamos los grupos de limpieza del albergue, en los que participan activamente y sugieren nuevas actividades. Hace que se sientan útiles. Así, tiene beneficios para ellos y para la comunidad y contribuye a la integración social”, dice Júlia.

Los tres días de talleres fueron organizados por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) junto con la organización socia Consejo Noruego para Refugiados (NRC), que administra el albergue Jardim Floresta.

Saneamiento, higiene personal y concientización sobre el desperdicio de agua y alimentos, sobre todo teniendo en cuenta la situación de racionamiento de los recursos a la que se enfrenta el Estado, fueron algunos de los temas que se trataron durante la semana. Además de las sesiones teóricas, los alumnos participaron también en actividades prácticas como la limpieza de la zona del albergue, selección y recogida de basuras y la construcción del huerto.

El joven Wvilian Rodríguez, de 14 años, participó en todas las actividades de la semana. Siempre cerca de los instructores, era uno de los primeros en ofrecerse voluntario para las distintas tareas. “Me enseñaron a plantar, a trabajar la tierra, y ahora quiero cultivar más flores, plantones de moreras y tomates”. El joven reforzó también la importancia de mantener el albergue siempre limpio para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del centro.

Wvilian Rodríguez estuvo dispuesto en todo momento a ayudar en todas las actividades, y ahora está muy contento de tener un huerto dentro del albergue.

Para Luís Felipe Gonçalves, coordinador de los talleres y asesor socioambiental de la Secretaría de Gestión Social de la Prefectura de Boa Vista, esta integración entre personas brasileñas y venezolanas en proyectos que reúnan a la comunidad resulta fundamental para aproximar a ambas nacionalidades.

“Traer a mis alumnos aquí fue importante para que conocieran la realidad dentro de un albergue, cómo es la vida de estos jóvenes procedentes de Venezuela, y para que entendieran todo lo que han vivido. También fue importante para los jóvenes del albergue porque empezaron a integrarse con la comunidad local. Y todo a través de actividades sostenibles como esta”, afirma Luís.

Jóvenes y equipo de apoyo reunidos tras la última actividad de la Semana de Integración Socioambiental: Manos que Siembran.

El huerto, que se construyó utilizando material reciclado del propio albergue y con donaciones de vástagos de mora, tomate y algunas plantas medicinales y ornamentales, es una de las iniciativas que están siendo implantadas en los espacios de actuación de ACNUR como respuesta a la situación de Venezuela en el estado de Roraima, según explica Fabiano Sartori, consejero ambiental de campo de ACNUR.

“Las actividades que se realizaron esta semana fueron posibles solo gracias a la colaboración entre el municipio y las organizaciones socias. Cuanto más consigamos unir a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales con fines socioambientales, más proyectos se podrán implantar tanto en otros albergues como fuera de ellos. Este es un contexto en el que todos se pueden beneficiar: personas refugiadas, comunidad local y medio ambiente”, explica Fabiano.