Un empleo estable en Guatemala le brinda una nueva vida a Rosmery

Forzada a huir de El Salvador por las pandillas, Rosmery y su familia logran la estabilidad gracias a un programa de integración que le ayudó a conseguir un trabajo digno.

Rosmery en la cocina del restaurante donde trabaja en Petén, Guatemala, gracias al proyecto TURI-INTEGRA.
© ACNUR/Diana Díaz

A pesar de la omnipresencia de la violencia, que se ha convertido en una faceta inevitable de la vida cotidiana en El Salvador, Rosmery* nunca se imaginó que se tuviera que huir de su país.


Se decía que todo estaría bien si solo se mantenía al margen: trabajar duro en la maquila, ir a casa para cuidar a sus pequeñas, Sharon*, 5, y Mayeli*, 11, e ignorar a los pandilleros que la pretendían. Pero un día, “ellos me dijeron que, si no tenía nada con ellos, me iban a sacar a balazos de mi casa,” dijo Rosmery, 30. “No dormía de estar pensando que podían venir”. También le dijeron que, si ella no accedía, irían tras sus hijas. En ese momento, ella y su esposo Axel*, 25, supieron que no tenían otra opción más que huir.

La familia huyó al país vecino, Guatemala, y tras un comienzo duro, la familia ha encontrado un lugar seguro donde vivir y rehacer sus vidas. Gracias a un innovador programa de integración centrada en los epicentros turísticos del país, Rosmery ha conseguido algo que a muchas personas refugiadas y solicitantes de asilo se les dificulta: Un trabajo estable y formal.

“Venimos de otro país nos cuesta encontrar un trabajo estable que sea bajo la ley”, comentó Rosmery. “Por ser de otro país, algunos…nos quieren como explotar”.

“No dormía de estar pensando que podían venir”

La inclusión económica es una de las maneras más efectivas de integrar a quienes son forzados a huir en las comunidades que les acogen. Sin embargo, obstáculos como la falta de permisos de trabajo o la interrupción de los estudios suelen impedir que personas refugiadas accedan al mercado laboral, y con eso, que tengan la oportunidad de contribuir a la economía local.

Por suerte, estos obstáculos no demoraron en solucionarse para Rosmery y su esposo. Primero, un cambio reciente en la legislación guatemalteca permitió que los solicitantes de asilo trabajen de forma legal mientras esperan a la resolución de sus casos. Luego, surgió un programa de integración llamado TURI-INTEGRA que ha ayudado a que Rosmery y otras personas como ella aprovechen el permiso de trabajo, dándoles las herramientas que necesitan para conseguir un puesto.

  • Rosmery atiende la parrilla en el restaurante donde trabaja como auxiliar de cocina en Petén, Guatemala.
    Rosmery atiende la parrilla en el restaurante donde trabaja como auxiliar de cocina en Petén, Guatemala. © ACNUR/Diana Díaz
  • Rosmery con su hija en la casa donde viven en Petén, Guatemala.
    Rosmery con su hija en la casa donde viven en Petén, Guatemala. © ACNUR/Diana Díaz
  • Gracias a su trabajo, Rosmery contribuye al desarrollo económico de su comunidad en Petén, Guatemala.
    Gracias a su trabajo, Rosmery contribuye al desarrollo económico de su comunidad en Petén, Guatemala. © ACNUR/Diana Díaz

El programa - liderado por el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, el Instituto Guatemalteco de Turismo y apoyado por el ACNUR - capacita a personas refugiadas y solicitantes de asilo en áreas exclusivas del sector turístico, preparándoles para hacer entrevistas de trabajo y dándoles las habilidades que necesitan para desempeñar un trabajo formal en el sector turístico. Pero el programa no beneficia exclusivamente a los refugiados: guatemaltecos empleados por las empresas turísticas también pueden acceder a las sesiones de formación.

José Francisco Cano, delegado de Asistencia al Turista del Instituto Guatemalteco de Turismo, considera que el proyecto beneficia a todos.

“Ganan ellos porque tienen un espacio laboral, y ganamos nosotros porque tenemos una persona ‘profesional’ trabajando para nosotros”, dijo, destacando que, con TURI-INTEGRA, el 80% de refugiados y solicitantes de asilo que formaron parte del programa en 2018 han podido encontrar un trabajo formal en los meses tras la implementación, mientras que 109 guatemaltecos han podido capacitarse en áreas que nunca se les había ofrecido antes. Del grupo de refugiados y solicitantes de asilo que participan en 2019, a dos ya les ofrecieron contratos laborales, tres están realizando sus pasantías, y el resto está estudiando en el Instituto Técnico de Capacitación (Intecap).

Marco Procaccini, jefe de la Oficina de Terreno de ACNUR en Petén, explica que empleos formales en un sector tan importante como lo es el turismo ayuda a cambiar estereotipos. “Con TURI-INTEGRA, la comunidad puede ver a los refugiados como un motor de desarrollo, que les da recursos que antes no tenían”, dijo.

Cuanto más rápido personas refugiadas puedan formar parte de la economía local, más rápidamente dejarán de depender de la asistencia humanitaria y contribuir al desarrollo del país.

Así pasó con Rosmery, quien inmediatamente al integrarse a TURI-INTEGRA, fue llamada para tener una entrevista en uno de los restaurantes más galardonados del sector turístico. La contrataron para empezar al día siguiente en el área de guarniciones, preparando ensaladas, sopas, arroz frito, limpia el área, y las estufas.

Desde que comenzó, en el mes de agosto, ha impresionado a sus jefes con su empeño. “Yo la he visto muy dispuesta a aprender a mejorar”, dijo Paulo Pineda, dueño y fundador del restaurante, añadiendo que contratar a personas como Rosmery no solo es benéfico para el negocio, sino que además ha forjado fuertes vínculos con sus compañeros. “No he visto antagonismo dentro del personal”, dijo. “Yo creo que, al contrario, ha habido una forma de entenderla y acogerla”.

El restaurante hasta le ha concedido horarios flexibles para que pueda recoger a sus hijas, Sharon y Mayeli, de la escuela pública. A ellas, les gusta su nuevo hogar porque en Guatemala, al contrario que en El Salvador, no están rodeadas de muertes o situaciones de peligro. “Allá de donde somos todos los días se oía que muertos, que mataron a fulano”, dijo Rosmery. “Oían todo lo que pasaba y venían como traumadas”.

“La comunidad puede ver a los refugiados como un motor de desarrollo”

El Salvador tiene uno de los índices de crímenes violentos más altos del mundo. Con una población de seis millones de personas, en tan solo este año se han registrado más de mil muertes violentas en lo que va del año. Unas 161,450 personas han huido del país en busca de un lugar seguro en lo que va del 2019, según estimativas de ACNUR. Desde el 2013, Guatemala ha presenciado un incremento del número de solicitudes de asilo, pasando de 48 solicitudes a 352 registradas en 2019, en adición a otras 416 personas reconocidas como refugiados. A pesar de la presión que este aumento ha generado sobre el naciente sistema de asilo de Guatemala, personas como Rosmery han encontrado oportunidades para rehacer sus vidas.

Iniciativas como TURI-INTEGRA serán el centro de discusión durante una reunión global en diciembre de este año. El Foro Mundial sobre Refugiados reunirá a gobiernos, la comunidad internacional, el sector privado, la academia, comunidades de acogida y a personas que han sido forzadas a huir para discutir formas de fomentar soluciones duraderas. La contribución del turismo y el sector privado es fundamental para que refugiados se puedan integrar fácilmente. TURI-INTEGRA, es uno de los proyectos piloteados a través del MIRPS, una iniciativa regional que aplica los principios del Pacto Mundial sobre Refugiados para abordar las necesidades del desplazamiento forzado en Centroamérica y México.

“Estoy feliz porque ya me adapté”, comentó Rosmery añadiendo que TURI-INTEGRA la ha beneficiado con un salario digno y estable, el cual le alcanza también para ahorrar. “Sé lo que voy a hacer y dónde van las cosas”.

*Nombres cambiados por motivos de protección.