1 Familia: Un padre afgano y su hija se reúnen con su familia 20 años después

Deeba, que sufre una discapacidad intelectual, llega a Nueva York para recibir una cálida bienvenida de sus hermanos, que nunca se dieron por vencidos para encontrar la manera de reunirse.

Deeba y su padre Abdul comen naranjas en casa de un amigo horas antes de partir rumbo hacia una nueva vida en los Estados Unidos.  © ACNUR/D.A.Khan

ISLAMABAD, Pakistán, 10 de junio (ACNUR) – Más de dos décadas después de escapar de Afganistán con su querido padre, Deeba* ha abandonado Pakistán para unirse a sus hermanos y hermanas y recibir atención especial por su discapacidad.

La mujer, de 38 años, padece una discapacidad intelectual y llegó a Nueva York a principios de este año, donde la esperaban con los brazos abiertos sus hermanos, que nunca dejaron de buscar un modo de reunirse en los Estados Unidos. Era la primera vez que ella y su padre Abdul* veían a sus parientes en dos décadas, un momento que fue posible tras el largo proceso de verificación por parte de las autoridades estadounidenses de la solicitud de reasentamiento de Deeba.

Pese a la espera, Deeba se considera afortunada. Miles de solicitudes son rechazadas. La historia de Deeba y Abdul pone de manifiesto la importancia de la familia para los refugiados, así como la necesidad de un conocimiento más profundo de los procesos y criterios de reasentamiento y reagrupación familiar.

La madre de Deeba y un hijo que desapareció en Kabul, capital de Afganistán, en 1991, no estuvieron presentes en el feliz reencuentro. Abdul, de 70 años, había contado su trágica pérdida y subsiguiente huida al exilio al personal del ACNUR en Islamabad poco antes de partir rumbo a Nueva York.

"Nunca podré olvidar aquel fatídico día", dijo el anciano, que añadió que les alcanzó un ataque con cohetes sobre la ciudad. "Mi mujer resultó herida cuando un proyectil perdido alcanzó nuestra casa. Mi hijo la llevó corriendo al hospital mientras los demás nos trasladamos a casa de un amigo", explicó Abdul. "Nunca volví a saber de ellos . . . Esa fue la última vez que los vi".

Con una ciudad sitiada y cada vez más peligrosa, Abdul cerró su negocio de importación y exportación pocos días después y buscó refugio en el vecino Pakistán junto con sus dos hijos y seis hijas que habían sobrevivido, incluyendo a Deeba.

Con el paso de los años los hijos de Abdul fueron emigrando a los Estados Unidos uno a uno, y con el tiempo consiguieron obtener un visado para Abdul. Sin embargo, como consecuencia de un asesoramiento jurídico deficiente, los hermanos de Deeba no lograron obtener un visado para ella, que corría el riesgo de quedarse atrás en Pakistán, sin ningún tipo de apoyo familiar.

Cuando recibió su visado, Abdul decidió que no podía dejar sola a su hija. "Sufre ataques intermitentes en el transcurso de los cuales puede hacerse daño. Tengo que estar con ella en todo momento", dijo. "Nos hemos acompañado mutuamente durante todos estos años de desolación", apuntó mientras una sonriente Deeba asentía a su lado.

Su vínculo es manifiestamente sólido y comparten casi todo, incluyendo las tareas domésticas. "Yo lavo los platos y limpio la casa", dijo Deeba, mientras que su padre asume el papel de cocinero.

Su familia en los Estados Unidos nunca perdió la esperanza de una reunión. "El reasentamiento de Deeba fue [en gran medida] posible solo gracias a la dedicación activa por su caso", indicó Amy Buchanan, Oficial asociada de reasentamiento del ACNUR en Islamabad.

En un primer momento trataron de ir a través de inmigración, habiendo solicitado hace varios años que Abdul se reuniera con ellos. Sin embargo, su abogado les indicó que no realizaran una solicitud separada para Deeba, ya que erróneamente se consideró que podría incorporarse a la visa de su padre en un momento posterior en su condición de dependiente. Esto fue una fuente inevitable de problemas cuando Abdul habló a los funcionarios estadounidenses sobre Deeba durante su entrevista para la obtención del visado en 2011.

Le dijeron que, al ser adulta, era necesario presentar una solicitud diferente para ella y que ese proceso podría demorarse hasta una década. Abdul decidió que no podía irse sin ella. Las cosas no empezaron a ponerse en marcha hasta que la cuñada de Deeba llamó la atención del ACNUR sobre el caso.

El ACNUR investigó todas las opciones disponibles para reunir a Deeba con su familia. La edad de su padre fue también un factor a tener en cuenta ya que, como explicó Buchanan, "en Pakistán su anciano padre era su único cuidador, pero no podría darle apoyo en el largo plazo debido a su edad". Fue necesario esperar un año, lo que es normal dado el estricto proceso de reasentamiento del Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos, pero su reasentamiento acabó siendo aceptado.

La agencia de Naciones Unidas para los refugiados reconoce que los refugiados que viven con discapacidades se enfrentan a necesidades específicas y que el apoyo de sus familiares y amigos es a menudo el único mecanismo en el que pueden confiar. En casos en los que no se dispone de apoyo en Pakistán pero el refugiado cuenta con parientes en el extranjero que pueden y desean hacerse cargo, el ACNUR puede facilitar su reasentamiento.

Sin embargo, muchos refugiados no conocen estas opciones. "En muchos casos, las familias no consiguen desenvolverse en los canales adecuados y algunas de las personas más necesitadas acaban en un limbo", explica Buchanan. El ACNUR en Pakistán trabaja con otras organizaciones para encontrar soluciones para las personas que viven con discapacidad, incluyendo el establecimiento de mecanismos de referencia para reasentamientos.

* Los nombres han sido modificados por cuestiones culturales

Por Duniya Aslam Khan en Islamabad, Pakistán

Gracias al Voluntario en Línea Jaime Guitart Vilches por el aoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.