La ardua labor de dar tratamiento a las heridas psicológicas de los sirios

Hace dos años Al-Sahira, de 48 años perdió a tres de sus 14 hijos cuando su casa, situada en el Alepo, fue parcialmente destruida por un bombardeo.

Nahla, psiquiatra siria de 34 años, escucha a una paciente en la oficina del hospital en el que trabaja, situado en el centro de Damasco, Siria, y financiado por ACNUR.  © ACNUR/A.McConnell

DAMASCO, 11 de marzo de 2016 (ACNUR) – El mundo de Al-Sahira está cayéndose a pedazos. Hace dos años, esta mujer de 48 años perdió a tres de sus 14 hijos cuando su casa, situada en el Alepo, fue parcialmente destruida por un bombardeo. La familia de desplazados buscó la seguridad de Damasco, pero se vieron sacudidos por la tragedia de nuevo cuando el mes pasado la metralla se llevó la vida de su hijo Zakariya, de 13 años.

Al-Sahira está sentada en la oficina de una psiquiatra en el hospital central de Damasco y sus manos no dejan de temblar mientras describe la angustia mental que le han provocado dichas pérdidas.

"No sé cómo he podido lidiar con ello. Paso mucho tiempo simplemente sentada en casa, mirando fotografías de mis hijos muertos", relata. "Sentí que debía hablar con alguien y contarle todo por lo que he pasado".

Nahla, una psiquiatra de 34 años procedente de Qalamoun, a 90 kilómetros al norte de la capital, afirma que el sufrimiento de Al-Sahira forma parte de un drástico aumento en el trauma psicológico que están sufriendo los sirios después de cinco años de conflicto.

"La crisis ha tenido un impacto psicológico profundo en las personas, pero esta es una reacción perfectamente normal a una coyuntura anormal", cuenta Nahla, directora el departamento de salud mental y apoyo psicosocial del Policlínico financiado por ACNUR y gestionado por la Media Luna Roja Árabe siria.

A pesar de que no hay cifras verificables sobre el aumento en los trastornos de la salud mental entre los sirios desde que estalló el conflicto, Nahla estima que el número de personas que precisan de este tipo de tratamientos es aproximadamente el triple. De los 400-500 pacientes que su departamento trata cada mes, las afecciones que se encuentran más comúnmente son depresión (23%), ansiedad (18%) y trastorno de estrés postraumático (13%).

Además, el aumento del sufrimiento se ve agravado por el correspondiente descenso de psiquiatras en activo dentro de Siria. Las cifras de la Asociación de Psiquiatras en Siria muestran que actualmente hay disponibles únicamente 70 psiquiatras cualificados en todo el país; menos de la mitad de los que había disponibles antes de que la crisis comenzara.

Muchos de los antiguos compañeros de profesión de Nahla han abandonado el país; sin embargo, fue el estallido del conflicto lo que la convenció de quedarse. "Antes de la crisis quería mudarme al extranjero y especializarme en psiquiatría infantil, pero cambié de parecer y me quedé para estar con mi familia y ayudar a mi país. Siria me ha dado mucho, y tengo que devolvérselo de alguna forma", afirma.

Los que, como Nahla, permanecieron en Siria, tuvieron que pagar un precio para esa decisión. Como muchos de sus compañeros, Nahla ha perdido a miembros de su familia y se ha visto obligada a desplazarse de su hogar por los combates. El trabajo también supone una carga psicológica en los propios profesionales médicos.

"Lo que está ocurriendo en Siria nos afecta a todos. Después de cinco años, muchos de los miembros del personal también sufren problemas psicológicos. Tratamos de apoyarnos entre nosotros y organizar intervenciones en grupo", explica.

Para pacientes como Al-Sahira, aunque la medicación puede ser necesaria para hacer frente a afecciones específicas como la depresión, reviste la misma importancia la propia oportunidad de compartir sus experiencias con un profesional formado y comenzar el proceso de recuperación.

"No podemos borrar el dolor de personas como Al-Sahira, que han perdido a sus hijos, pero podemos escuchar su historia libres de prejuicios y tratar de hacer que reconecten con sus familias y sus redes sociales. Sin este tipo de ayuda, su sufrimiento sería mucho mayor y su estado empeoraría", indica.

El único impacto positivo de la crisis del cual Nahla ha sido testigo es la desaparición del estigma en torno a las enfermedades mentales, viendo cómo personas que nunca habrían acudido a ella antes, ahora piden ayuda. Dice que el mayor desafío reside en garantizar que los sirios no empiecen a ver la coyuntura que les rodea como algo a lo que acostumbrarse.

"Después de cinco años de guerra, la gente está empezando a hacerse a ello. Trabajo sin descanso para tratar de asegurarme de que no se habitúen a la situación. No hay nada de normal en lo que está sucediendo en las comunidades sirias afectadas por el conflicto".

Por Charlie Dunmore en Damasco, Siria

*Los nombres se han cambiado por motivos de protección.

Gracias a la Voluntaria en Línea Carmen Juarez Junquera por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.