"Algún día encontraré la paz"

Al morir su hermana, Sandra tuvo huir con su sobrina en brazos para salvar sus vidas.

Las mujeres y las niñas representan alrededor del 50% de la población refugiada y desplazada internamente.

Las mujeres y las niñas representan alrededor del 50% de la población refugiada y desplazada internamente.   © Archivo ACNUR

MÉXICO - Hace siete meses que Sandra tuvo que salir caminando de casa con su sobrina en brazos. Todo comenzó cuando un pandillero acosaba a su hermana, la invitaba a salir y le exigía que fuera su pareja. Ella se resistía, no quería tener vínculos con un criminal y mucho menos quería exponer a su hija. Recibía constantes amenazas de muerte, pero jamás imaginó que fueran serias. Un día salió a dejar a la pequeña Valeria a la guardería y ya no volvió por ella. Sandra la buscó por toda la ciudad, habló a todos los hospitales hasta que se dio por vencida y la buscó en la morgue, entonces supo que las pandillas la habían asesinado.

Le recomendaron no reclamar el cuerpo para que los pandilleros no las vincularán. Para Sandra dejar a su hermana ahí era impensable, organizó un velorio y un funeral. “Yo solo quería darle un entierro digno a mi hermana”, dice Sandra, cuya voz delata aún lo mucho que le duele recordar ese momento. El pandillero que la acosaba de inmediato ubicó el velorio y dejó una carta con amenazas de muerte para Sandra y la pequeña. Las amenazas siguieron y cada vez más agresivas contra la niña. “Valeria es la única familia que me queda, si le pasa algo, jamás me lo perdonaría”, cuenta Sandra, “primero nos mudamos de casa, luego de ciudad y después dejamos el país”. Ambas dejaron Honduras el día que las pandillas fueron a preguntar por Valeria a la escuela, entonces Sandra tomó una maleta y salió de inmediato con la niña en brazos. Ayuda a las mujeres y niñas que tienen que dejarlo todo para sobrevivir.

"Aquí sueño con ver a mi sobrina crecer, me gustaría que vuelva a la escuela, ría y tenga amigos”.

Las dos caminaron durante días en busca de un lugar seguro, finalmente las pandillas le perdieron la pista y llegaron a México donde solicitaron asilo. “Aquí sueño con ver a mi sobrina crecer, me gustaría que vuelva a la escuela, ría y tenga amigos”, dice Sandra esperanzada, “yo quiero comenzar a trabajar para tener un ingreso y poder distraerme, si Dios quiere, algún día encontraré la paz”. Sandra teme el día en que su sobrina le pregunte por qué salieron de Honduras y quién mató a su madre, ella no quiere que Valeria crezca con odio y resentimiento. “Extraño mi país, mi gente, el mercado al que iba, sé que tendrá que pasar mucho tiempo para que Valeria y yo volvamos. Hoy solo quiero reconstruir nuestras vidas”, dice Sandra con la pequeña en brazos.

Mujeres y niñas como Sandra y Valeria no pueden regresar a su país, porque la violencia de género es más fuerte contra ellas por el simple hecho de ser mujeres y puede ser tan grave que sus vidas corren peligro.

Con tu ayuda, podemos trabajar por un México más seguro para ellas que vienen de lejos y para las que ya viven en este país.

Sé socio del ACNUR México y combatamos en conjunto la violencia y desigualdad de género.