Mujeres refugiadas, migrantes y locales en Guyana cosen su camino hacia la autosuficiencia

Al proveer maquinas de coser y entrenamiento para usarlas a personas refugiadas y otras que las necesitan, un programa en el país les permite a participantes sostenerse de manera duradera.

Como parte de un programa apoyado por ACNUR, María recibió una máquina de coser que ahora le permite tener un ingreso en Guyana.
© ACNUR

Como madre soltera de un pequeño niño con una discapacidad, Maria* luchó por sostenerse a ella misma y a su hijo Jonathan *, en medio de la inseguridad generalizada y la escasez de alimentos y medicamentos en su Venezuela natal. Pero la incapacidad de recibir el tratamiento que su hijo necesitaba para su parálisis cerebral la llevó a unirse a los más de 5 millones de refugiados y migrantes venezolanos que salieron de su país.


María se despidió de su padre y partió con Jonathan, de cuatro años en ese entonces, hacia Guyana, que ahora alberga a unos 23.000 refugiados y migrantes venezolanos.

Al principio, la vida en su nuevo hogar fue difícil, al no encontrar un trabajo estable para hacer su vida y pagar los gastos médicos. Pero María se puso en contacto con ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, para pedir ayuda para que Jonathan recibiera el tratamiento que necesita. “Fue como sentir que me quitaron un gran peso sobre mis hombros”, dijo.

Luego se unió a un proyecto para coser mascarillas de tela que ha ayudado a María a tener la esperanza de que podrá prosperar en el país.

“Este proyecto me ha ayudado a satisfacer las necesidades de mi familia”.

“Este proyecto me ha ayudado a satisfacer las necesidades de mi familia”, dice. “Cosemos mascarillas. Primero las hicimos a mano, pero cuando obtuvimos las máquinas de coser, todo se volvió más rápido y más eficiente”.

Este proyecto, apoyado por ACNUR, le dio a María y a más de 100 mujeres refugiadas, migrantes y locales las habilidades necesarias para producir más de 50,000 mascarillas, lo que ayudó a mantener a miles de personas a salvo en medio de la pandemia, que ha afectado a América Latina y el Caribe de manera particularmente dura.

A través del proyecto, María recibió una máquina de coser que ahora es el pilar de su sustento, y ahora ha recurrido a las redes sociales para vender las mascarillas. Lenta, pero de manera constante, María está construyendo su clientela. Donadas por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, las máquinas de coser que recibieron María y otras participantes buscan garantizar que los beneficios del proyecto sobrevivan una vez el proyecto finalice. Al proporcionar tanto las máquinas de coser como capacitación sobre cómo usarlas y mantenerlas, la idea es brindar a los participantes una forma duradera de continuar obteniendo ingresos, más allá de las mascarillas.

“La autosuficiencia y la inclusión son clave para lo refugiados y sus comunidades de acogida, especialmente durante una pandemia como esta”, dijo Cecilie Becker-Christensen, jefa de la oficina de ACNUR en Guyana. “Cuando las personas refugiadas pueden contribuir sus habilidades, benefician a todo el mundo – la economía, las comunidades de acogida y las personas desplazadas”.

“Ya acepté mi nueva vida. Ahora tengo sueños”.

ACNUR facilitó sesiones de capacitación especiales durante las cuales María y otras 62 participantes perfeccionaron sus habilidades para usar las máquinas – muy necesarias considerando que ni María ni muchas de las otras costureras habían cosido en su país natal. En Venezuela, María había estudiado comunicaciones y trabajaba de manera parcial como modelo.

María ahora se enfoca en construir su negocio y afinar detalles, incluyendo los planes de expandir su producción para incluir ropa para niños y niñas.

“Ya acepté mi nueva vida. Ahora tengo sueños, y en ellos estamos mi hijo, mi padre y yo. Sueño con tener mi propia casa a la que pueda traer a mi padre y cuidar de él”.

*Nombres cambiados por motivos de confidencialidad.