Nicaragua: Un año después del inicio de la crisis, más de 60.000 personas se han visto forzadas a huir del país

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Un año después del inicio de la crisis política y social en Nicaragua, alrededor de 62.000 personas han huido a países vecinos, de las cuales la inmensa mayoría (unos 55.000) ha buscado refugio en Costa Rica.

Muchas de esas personas han atravesado las fronteras de manera irregular –principalmente en el marco de un flujo de refugiados- y, con el fin de evitar ser detectados, a menudo han optado por emprender el periplo a pie, caminando durante horas por terrenos difíciles, expuestos al calor, la humedad y al riesgo de contraer la malaria. Si bien al inicio quienes cruzaban esta frontera eran principalmente adultos, actualmente entre quienes huyen también hay familias, con niños pequeños inclusive.

En marzo de 2019, unos 29.500 nicaragüenses habían presentado formalmente una solicitud de asilo en Costa Rica, de acuerdo a la autoridad migratoria del país. No obstante, dado que el sistema de acogida se encuentra desbordado, hay otras 26.000 personas a la espera de poder formalizar sus solicitudes.

Entre estos solicitantes de asilo hay estudiantes, antiguos funcionarios, líderes de la oposición, periodistas, médicos, defensores de derechos humanos y agricultores. Asimismo, un gran número de ellos llega con necesidad de recibir atención sanitaria, apoyo psicológico, alojamiento y ayuda alimentaria.

Tanto la oficina de la ONU para los Derechos Humanos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han expresado su preocupación en relación al deterioro de la situación en Nicaragua desde el mes de abril de 2018, denunciando graves violaciones de derechos humanos contra las personas que participaron en las manifestaciones antigubernamentales y contra aquellas que les dieron apoyo.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, acoge positivamente los esfuerzos de Costa Rica para permitir que las personas entren en su territorio y tengan acceso al procedimiento de asilo. Estos esfuerzos son aún más encomiables dada la considerable presión bajo la que se encuentran su sistema de asilo y las comunidades locales.

ACNUR está brindando apoyo al gobierno para mejorar las condiciones de acogida y reducir el tiempo necesario para tramitar las solicitudes de las nuevas llegadas. Para ello, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha puesto a disposición de las autoridades nacionales 30 personas para estudiar los casos, formación, instalaciones y equipamiento, con el objetivo de reforzar la capacidad de la Unidad de Refugio del gobierno, tanto en la capital, San José, como en nuestra oficina situada en Upala, cerca de la frontera, abierta desde diciembre de 2018. ACNUR también ha apoyado el despliegue de personal de organizaciones socias en la frontera y en San José para facilitar la puesta en marcha de una respuesta integral en coordinación con las autoridades estatales.

En Costa Rica la educación primaria es universal y está abierta a todos los niños  y niñas, independientemente de su situación jurídica. ACNUR ha ayudado a las escuelas situadas a lo largo de la frontera norte a absorber la llegada de alumnos nicaragüenses, proporcionando pupitres, sillas y material escolar.

Sin una solución política para las crisis en Nicaragua, lo más probable es que la gente continúe abandonando el país. Se necesitan fondos de forma urgente para reforzar la respuesta humanitaria de ACNUR, de forma que los solicitantes de asilo en mayor situación de necesidad puedan acceder a la ayuda, en lugar de tener que recurrir a trabajos informales para poder pagar el alquiler y la comida, que actualmente se encuentran a unos precios muy fuera de su alcance.

ACNUR está desarrollando, en colaboración con otros socios de la ONU, un plan de respuesta humanitaria interinstitucional para poder dar apoyo al gobierno para abordar las necesidades más inmediatas de los solicitantes de asilo, cada vez más vulnerables, y de las comunidades de acogida.

 

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