Fuerte aumento de las llegadas de refugiados malienses a Mauritania

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Hace seis meses que los refugiados comenzaron a huir de Malí hacia Mauritania, Níger y Burkina Faso. Hoy en día, la inestabilidad política en Bamako y la inseguridad en el norte de Malí siguen forzando la huida de miles de refugiados a países vecinos y a otras partes de Malí. En total, se calcula que más de 365.000 personas han sido desplazadas desde enero.

Durante el mes pasado, se ha registrado una importante afluencia a Mauritania, a donde llegaron 15.000 personas tan sólo en las últimas dos semanas de junio. Desde entonces prosiguen las llegadas a un ritmo de entre 200 y 500 refugiados al día. La mayoría de los recién llegados proceden de la región de Tombuctú. Los refugiados citan los recientes enfrentamientos armados entre grupos islamistas y los rebeldes tuareg como el motivo de su huida.

A Burkina Faso y Níger sigue llegando un número menor de refugiados, quienes advierten de que la reciente inestabilidad en el norte, especialmente en la zona de Gao, podría generar nuevas llegadas en las próximas semanas.

En Mauritania, el Gobierno y ACNUR han acordado abrir un nuevo campamento para acoger al gran número de recién llegados. El nuevo campo se encuentra cerca de la aldea de Aghor, a 17 km del campo de refugiados de Mbera en el suroeste del país, donde cerca de 90.000 han encontrado cobijo. Aghor fue hogar para miles de refugiados malienses en los años 90.

Muchas de las familias malienses que han llegado a los países vecinos en las últimas semanas, han señalado que salieron del país por diversas razones, como la falta de acceso a comida y agua, los hombres armados que han ocupado sus tierras y el temor ante la posible escalada de la violencia entre los diferentes grupos armados que operan en el norte de Malí.

Las operaciones de apoyo a los refugiados malienses se están viendo amenazadas por el nivel extremadamente bajo de financiación. En el caso de ACNUR, tan sólo se han recibido 34,9 millones de dólares del llamamiento de 153 millones que se hizo (22,7% de lo que se necesita).

ACNUR y sus socios están luchando por mantener los estándares humanitarios mínimos para los refugiados. En algunos campos en Níger y Burkina Faso los refugiados reciben un suministro de agua diario por debajo de los estándares de emergencia de 10 litros por persona y día.

Según los expertos en salud y nutrición de ACNUR, el estado nutricional de la población refugiada en los tres países actualmente se considera satisfactorio y en un nivel comparable al de las poblaciones de acogida. Sin embargo, tanto en el caso de la población local como de los refugiados, existe el riesgo de que se agrave la malnutrición aguda a lo largo de los próximos meses debido a la escasez de alimentos y al inicio de la temporada de lluvias.

La combinación letal de la temporada de lluvias y las malas condiciones sanitarias en muchos de estos campamentos amenaza con generar brotes de cólera y otras enfermedades. En concreto, ya se han reportado casos de cólera en un campamento en Níger. Se necesitan fondos para mejorar las infraestructuras básicas de estos campos, siendo una prioridad el aumento del número de letrinas y la provisión de agua potable.

En los tres países de acogida, la gran mayoría de los refugiados son mujeres y niños, dado que muchos hombres se han quedado en Malí para tratar de proteger su ganado. Un reciente ejercicio de registro en Níger ha puesto de relieve que más del 60% de los refugiados son niños menores de 18 años. La falta de financiación está teniendo un profundo efecto en el acceso a la educación para los refugiados en los tres países. En Mauritania, los bajos niveles de financiación se han traducido en que sólo el 20% de los niños en edad escolar tiene acceso a la educación.

La comunidad humanitaria se enfrenta a múltiples desafíos para tratar de responder a esta compleja crisis. La situación de seguridad en toda la región sigue siendo difícil, lo que afecta a la entrega de ayuda humanitaria, así como a los mecanismos de supervivencia de los refugiados, los desplazados y las comunidades de acogida. El acceso a algunos campos de Burkina Faso y Níger es cada vez más problemático, ya que con el inicio de la temporada de lluvias se están deteriorando algunas carreteras. En los tres países, los refugiados están llegando a zonas remotas y subdesarrolladas, donde los servicios básicos son sumamente limitados.

La mayoría de los refugiados en Níger y Burkina Faso se encuentran en los campamentos oficialmente establecidos, aunque se sabe que otros muchos han buscado cobijo en asentamientos espontáneos, con familias de acogida y en centros urbanos. La comunidad local se encuentra en una situación muy frágil, ya que la sequía y la inseguridad están afectando a toda la región.

Hasta la fecha, más de 205.000 personas han huido de Malí, de las cuales 89.390 se han dirigido a Mauritania, 65.009 a Burkina Faso y 50.813 a Níger. Se calcula que hay al menos 160.000 desplazados en el interior de Malí, la mayoría en el norte del país.