ACNUR y sus socios piden 296 millones para los refugiados de Burundi

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Refugiados burundeses en el asentamiento de Mulongwe, en Kivu del Sur (República Demócratica del Congo), en abril de 2018.   © ACNUR/UNHCR/Georgina Goodwin

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, junto a otros 35 socios, solicita 296 millones de dólares para proporcionar ayuda absolutamente necesaria a unos 345.000 burundeses refugiados en países vecinos en 2019.

Burundi es una de las situaciones de refugiados más olvidadas; en 2018 fue una de las operaciones de ACNUR menos financiadas a nivel global.

Las consecuencias se hacen patentes en los cuatro países vecinos a Burundi que acogen a refugiados: Tanzania, la República Democrática del Congo (RDC), Ruanda y Uganda. Las personas refugiadas sufren reducciones de raciones de alimentos, falta de medicamentos, escuelas abarrotadas y viviendas inadecuadas. A pesar de los esfuerzos en marcha, hace falta más apoyo para satisfacer adecuadamente incluso las necesidades más básicas.

Los niños y las niñas, que constituyen más de la mitad de la población de refugiados, son los más afectados. Muchos llegaron a los países vecinos tras haber quedado separados de sus padres o su familia. Los retos para ofrecerles una acogida segura y adecuada son grandes; además, algunos padecen trastornos psicológicos por la violencia que han presenciado y necesitan atención psicosocial.

Por otra parte, el acceso a la educación más allá de la escuela primaria dista mucho de ser como debiera. Solo el 20% de las niñas y niños refugiados burundeses en edad de ir a clase secundaria están escolarizados. Hay una necesidad acuciante de más maestros y recursos educativos en toda la región,. Las aulas están tan saturadas que, en Tanzania, los estudiantes deben conformarse con el resguardo que les ofrecen los árboles para dar clase.

Las mujeres y las niñas han de enfrentarse a los altos niveles de violencia sexual y de género, así como a la explotación. Los refugios improvisados y en mal estado apenas les proporcionan protección. La escasez de materiales para cocinar y construir refugios obliga a mujeres y niñas a recorrer largas distancias a pie fuera de los campamentos y asentamientos para recolectar madera, haciéndolas especialmente vulnerables ante ataques.

El año pasado se aplicaron racionamientos de comida en Tanzania, la República Democrática del Congo y Ruanda, lo que provocó que las familias se quedasen de manera habitual sin una cantidad suficiente de comida que les alcanzase hasta final del mes. Por ello, mujeres y niñas recurren a mecanismos de respuesta negativos, como el “sexo de supervivencia” o el matrimonio forzado y precoz.

A la luz de las políticas de Uganda, Ruanda y la RDC, que permiten a los refugiados trabajar y ser dueños de negocios, se desprende como uno de los objetivos clave el apoyo a la generación de oportunidades económicas que permitan a las familias comprar alimentos extras y ganarse la vida.

Si bien la seguridad ha mejorado en Burundi, aún persiste importante preocupación en materia de derechos humanos. Unos 57.000 refugiados han regresado a Burundi desde mediados de 2017, tras expresar el deseo de volver a sus casas y granjas, y de reunirse con sus familias. Otras personas retornadas creen que las condiciones en sus lugares de origen, independientemente de lo difíciles que sean, serán siempre mejores que la que experimentaron siendo refugiados.

ACNUR no considera que se den las condiciones propicias en Burundi para promover los retornos; sin embargo, la Agencia está ayudando a los refugiados que manifiestan haber tomado la decisión de regresar voluntariamente con conocimiento de causa. Instamos a los Estados a garantizar que ningún refugiado sea devuelto a Burundi en contra de su voluntad. Dado que se espera que más refugiados regresen voluntariamente durante 2019, la petición de fondos incluye un apartado destinado a ofrecer asistencia y apoyo a la reintegración de los retornados.

Por otra parte, una media de 300 refugiados sigue huyendo de Burundi cada mes, por lo que ACNUR insta a los gobiernos de la región a mantener las fronteras abiertas y a proporcionar acceso al asilo para quienes lo necesitan.

El año pasado, la respuesta regional interinstitucional para los refugiados burundeses apenas recibió el 35% de los 391 millones de dólares solicitados. ACNUR insta a la comunidad internacional a acelerar y aumentar la financiación para este año, y poder proporcionar así a las personas refugiadas asistencia humanitaria urgente y capaz de satisfacer sus necesidades básicas.