La escalada de violencia fuerza a un millón de personas a huir de sus hogares en Burkina Faso

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Mujeres exhaustas forzadas a huir de sus hogares llegan a la ciudad de Kaya tras recorrer 150 kilómetros a pie para huir de la escalada de violencia en Burkina Faso. El país ya cuenta con más de un millón de personas desplazadas internas.

Mujeres exhaustas forzadas a huir de sus hogares llegan a la ciudad de Kaya tras recorrer 150 kilómetros a pie para huir de la escalada de violencia en Burkina Faso. El país ya cuenta con más de un millón de personas desplazadas internas.  © ACNUR / Sylvain Cherkaoui

La escalada de violencia ya ha empujado a más de un millón de personas a huir de sus hogares en Burkina Faso, 453.000 de ellas desde principios de año, según las estadísticas publicadas el lunes por la noche por las autoridades nacionales.

El cinco por ciento de la población total del país – es decir, 1 de cada 20 habitantes - está ahora desplazado por la crisis humanitaria y de protección de más rápida evolución en el mundo. Los ataques de los grupos armados en el norte y este del país han obligado a la población a desplazarse en varias ocasiones y se prevé que hagan aumentar aún más las cifras de desplazamiento.

La mayoría de los desplazados internos tuvieron que huir de las regiones del norte y este del país, a menudo viéndose forzados a huir en múltiples ocasiones. Las dos regiones del Centro-Norte y el Sahel albergan a alrededor del 76% de todos los desplazados internos.

Las poblaciones de acogida se encuentran al borde del colapso, ya que están compartiendo los escasos recursos de que disponen y, al mismo tiempo, esas mismas poblaciones hacen frente a la pobreza, a unos servicios de salud sobrecargados y a la rápida desaparición de sus medios de subsistencia. Para las personas que han huido de la guerra y la persecución, así como para las comunidades que las acogen, el impacto adicional generado por la pandemia de COVID-19 resulta devastador.

Los desplazados internos necesitan desesperadamente cobijo, comida, agua, protección y atención sanitaria. La educación también sigue siendo una prioridad, ya que más de 2.500 escuelas se han visto obligadas a cerrar tras convertirse en objetivo de ataques, afectando a cerca de 350.000 estudiantes.

Si bien el país se enfrenta a un desplazamiento sin precedentes, Burkina Faso también acoge generosamente a refugiados malienses desde 2012. Los casi 20.000 refugiados que aún se encuentran en Burkina Faso también se enfrentan a la inseguridad. A principios de este año, tras los ataques y ultimátums lanzados por grupos armados, el campo de refugiados de Goudoubo, que hasta entonces albergaba a 9.000 refugiados, quedó completamente vacío al tener que huir sus ocupantes en busca de un lugar seguro.

Las condiciones de vida en Mentao, el otro campo de refugiados, también se han deteriorado, al tiempo que la violencia restringe severamente el acceso. La mayoría de los 6.000 refugiados que vivían allí han tenido que trasladarse a la ciudad vecina de Djibo. En colaboración con las autoridades, ACNUR está trabajando para preparar la reubicación de los refugiados en un lugar más seguro, donde se pueda brindar asistencia y acceso a los servicios básicos.

En respuesta a la crisis humanitaria y de protección en el Sahel, ACNUR lanzó en junio un llamamiento por valor de 186 millones de dólares para proporcionar principalmente protección y asistencia vital a las personas refugiadas, desplazadas internas, repatriadas y a las comunidades de acogida en la región central del Sahel, que comprende Burkina Faso, Malí y Níger.

Con los fondos disponibles -que apenas representan el 53% del llamamiento-, ACNUR está proporcionando más artículos de primera necesidad y material de cobijo, para descongestionar los campamentos más congestionados. Los equipos también están trabajando para prevenir y responder a la violencia sexual y de género, que se ha generalizado y agravado por el confinamiento y las condiciones de hacinamiento. Asimismo, ACNUR está rehabilitando escuelas y aulas y brindando oportunidades de aprendizaje a distancia.

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