1 Refugiado sin esperanza: Canadá ofrece una nueva vida a un refugiado desesperado

Después de una vida de persecución y siete años desesperados en el exilio, un refugiado en China encontró que su vida había cambiado con una llamada telefónica.

El refugiado paquistaní Muhammmed Zakaria entrega los pasaportes de su familia a Severine Weber, de ACNUR, para que pueda iniciar los trámites de su reasentamiento desde China hacia su nuevo lugar de acogida en Canadá, donde llegaron el pasado mes de mayo  © ACNUR/K.McKinsey

YANJIAO, China, 15 de junio (ACNUR) – Son pocas las personas que pueden recordar con tanta precisión lo que estaban haciendo el martes 1 de marzo a las 9:45. Muhammmed Zakaria puede hacerlo: era la primera vez en su vida en que realmente era feliz, el momento en que recibía una llamada que transformaría su vida.

Al otro lado del teléfono estaba Severine Weber, trabajadora de ACNUR en Pekín, para anunciar a este refugiado paquistaní que sus siete largos años de soledad y desesperación habían terminado y que él y cuatro de sus familiares más cercanos estaban a punto de comenzar una nueva vida en Canadá.

Como si de un sueño se tratase, Muhammmed, un soltero de 32 años, regresó al apartamento que comparte con sus padres y sus dos hermanas pequeñas, a 45 km al este de la capital china, Pekín. Cuando su madre abrió la puerta, Muhammmed Zakaria rompió a llorar y ella temió que, por quinta vez, su solicitud de reasentamiento hubiese sido rechazada.

Pero en vez de eso eran lágrimas de una "alegría que nunca antes había experimentado, la mayor alegría de mi vida," recordaba Muhammmed Zakaria antes de que él y su familia se marcharan el pasado mes a Toronto, Canadá, donde viven dos hermanas suyas que están casadas."Es como un milagro".

Perseguido desde que era un niño por ser miembro de la minoría religiosa ahmadi en Pakistán, Muhammmed Zakaria atribuye esto "en primer lugar, a Dios," y afirma que esta oportunidad de empezar una nueva vida muestra que "los esfuerzos de ACNUR y nuestras oraciones han dado sus frutos".

A principios de 2001, la familia de Zakaria lo envió a China a él solo – el único hijo varón en una familia con cuatro hijas – después de recibir amenazas de muerte. Solicitó asilo en la oficina de ACNUR en Pekín y recibió el estatuto de refugiado dos meses más tarde.

Aunque China está adherida a la Convención de Ginebra de 1951, los refugiados no pueden establecerse de manera permanente en el país, así que la solución que se les da habitualmente es el reasentamiento en terceros países, un proceso que puede tardar años.

Muhammmed Zakaria está agradecido a China por haberle proporcionado un refugio seguro, pero también ha habido muchos momentos en los que se ha sentido abatido. Una vez estuvo a punto de ser deportado, pero él y otras 9 personas fueron salvadas gracias a la intervención de ACNUR. Esta experiencia le dejó traumatizado durante dos años. Solo, lejos de su familia y de su comunidad religiosa, se sentía un extraño entre el pueblo chino que, según Zakaria, no entiende qué son los refugiados.

Una iglesia cristiana internacional finalmente le permitió hacer su entrada en la sociedad china, ofreciéndole la oportunidad de trabajar como voluntario en la restauración de un orfanato en Pekín. Durante un año y medio, este experimentado programador informático realizó trabajos manuales para mejorar la vida de los bebés y los niños chinos.

Más tarde trabajó como voluntario en una guardería en Pekín. Zakaria enseñaba inglés, – habla cinco idiomas – y los niños le enseñaban chino, confiesa entre risas. Con su personalidad extrovertida y su inglés fluido, se convirtió en un líder informal para cerca de 60 refugiados ahmadis que vivían cerca de la capital china. También trabajó para ACNUR como intérprete y traductor de forma voluntaria.

Pero tras una vida entera de persecución, no siempre se sentía a gusto en China. En 2008, antes de los Juegos Olímpicos, ACNUR logró encontrar un nuevo hogar en el extranjero para un gran número de refugiados. Cuando Muhammmed Zakaria no fue aceptado por ningún país, tocó fondo y pensó en suicidarse.

"Imagine lo qué se siente," dijo en voz baja. "Todos tus amigos están siendo reasentados – los únicos que me hicieron parte de su familia y me servían buena comida porque sabían que tenía problemas de estómago. Así que estaba solo de nuevo. Las personas que llevan aquí 10 años son reasentadas, ¿por qué yo no puedo?".

Pero no estaba solo. Otros dos refugiados, viendo que se podría suicidar, permanecieron a su lado y le cuidaron cuando estaba peor. Pero su fe quedó tocada, y cuando su familia llegó en 2009, su padre se horrorizó por el estado en que se encontraba Muhammmed Zakaria.

"Envíe aquí a mi hijo para que estuviera a salvo, no lejos de Dios,"dijo su padre. "Me di cuenta de lo que ha tenido que pasar. Le ayudamos a recuperar su fe de nuevo y estamos felices que haya vuelto a su estado normal."

La Agencia de la ONU para los Refugiados cree que 1 solo refugiado sin esperanza es demasiado. Muhammmed Zakaria tuvo la suerte de contar con el apoyo de su familia y de Sévérine Weber, de ACNUR. Ella fue la que tomó la inusual decisión de solicitar a Canadá que revisara de nuevo el caso de Zakaria cuando estimó que había nuevas circunstancias que hacían que su caso de reasentamiento fuera más convincente. "El trabajo de ACNUR no es sólo proteger a los refugiados, sino darles una solución, declaró Sévérine Weber. "Esto quiere decir darles la oportunidad de llevar una vida normal."

Muhammmed Zakaria la ha conmovido especialmente. "Nació el mismo año que yo. Es exactamente dos meses más joven, pero ha pasado por muchas más cosas. Esto me hace pensar, ¿por qué él es un refugiado y yo trabajadora de ACNUR? ¿No podría ser al contrario?"

En cuanto a Muhammmed Zakaria, se preguntaba por qué hay tantos países que no permiten trabajar a los refugiados cuando tienen tanto que aportar y no quieren ser una carga para nadie. "Hay muchos refugiados que tienen un montón de habilidades y energía para ofrecer al país," dijo. Lo ha demostrado en China y ahora está listo para demostrarlo en Canadá, a donde llegó el pasado mes de mayo.

Por Kitty McKinsey en Yanjiao, China