Dos hermanos se reúnen con su madre tras vivir horribles experiencias en la RCA

Moussa e Ibrahim se han reunido recientemente con su madre y sus hermanos en un campamento de refugiados de Camerún después de pasar meses en la selva, comiendo y durmiendo muy poco.

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CAMPO DE REFUGIADOS DE MBILE, Camerún, 26 de mayo de 2014 (ACNUR) – Hace cuatro meses, Ramatou enfrentó la peor pesadilla que cualquier madre puede tener: la posibilidad de perder un hijo. La semana pasada, tuvo un feliz reencuentro con dos de sus hijos perdidos, de 10 y 11 años, en un campo de refugiados en la zona oriental de Camerún, aunque fue un momento agridulce porque su esposo y su hijo mayor siguen desaparecidos.

Muchos otros refugiados procedentes de la República Centroafricana que se encuentran en el campo de refugiados de Mbile entienden por lo que Ramatou está pasando. Ellos también tuvieron que huir de sus pueblos precipitadamente para escapar de ataques imprevistos y muchas familias resultaron separadas en la confusión. ACNUR y sus socios intentan reunir de nuevo a estas familias, pero algunas nunca aparecerán.

La terrible experiencia de Ramatou empezó un día de mediados de enero, cuando la violencia que se ha extendido y ha asolado la República Centroafricana desde hace meses, llegó a su pueblo, en el suroeste del país, donde vivía con su esposo y sus 11 hijos. La familia tenía un pequeño negocio.

La mujer, de 45 años, dice que los atacantes eran milicianos cristianos, que irrumpieron en los hogares de la gente. Ella corrió en una dirección con ocho de sus hijos, mientras su esposo lo hizo con los otros tres en otra, buscando esconderse en el monte.

Cinco días después, un grupo de soldados de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la Unión Africana encontró a Ramatou y a su grupo y finalmente consiguieron cruzar la frontera, uniéndose así a los más de 80.000 refugiados que este año han huido a Camerún desde la República Centroafricana.

"Mi hijo mayor aún está en el monte; no sé dónde está", dice Ramatou, y añade: "Tiene 25 años. Hasta ahora no ha aparecido. Mi esposo también está en algún lugar del monte en la República Centroafricana".

Ramatou aún tiene la esperanza de que su esposo y su hijo se reunirán con ellos en Camerún. Sabe que mientras algunos refugiados como ella llegan en convoyes organizados por la Misión Internacional de Apoyo a la República Centroafricana, muchos más se esconden en el monte durante meses, comiendo raíces e intentando evitar a los combatientes antes de cruzar la frontera con Camerún. Estas personas llegan completamente exhaustas. Muchas de ellas pierden a miembros de su familia en el camino, ya sea debido al hambre, a enfermedades o perecen víctimas de los ataques.

Moussa, de 10 años e Ibrahim, de 11, lo han vivido en carne propia antes de reencontrarse con Ramatou y sus hermanos en el campo de Mbile. Pasaron cuatro meses caminando por el monte en condiciones extremas. No tenían casi nada de comer y dormían al raso. Además, tuvieron que aguantar el acoso de más ataques por parte de las milicias.

"Vi como asesinaban a personas ante nuestros ojos durante los ataques", dice Ibrahim, añadiendo que durante uno de ellos, resultaron separados de su padre y hermano y tuvieron que continuar solos. En Gbiti, justo al otro lado de la frontera de la República Centroafricana, los acogió una familia.

Fue entonces cuando, como explica su única hermana, Mairama, tuvieron algo de suerte. Ella se enteró de que sus hermanos podrían estar en Gbiti, que se encuentra a cuatro horas de camino en autobús, y pidió ayuda al ACNUR. La Agencia de la ONU para los Refugiados, que asiste cada día a menores que se encuentran solos en el paso fronterizo, encontró a los chicos y lo organizó todo para trasladarlos a Mbile.

"No sabía que estaban de camino. Cuando los vi, sentí una gran emoción", dice Ramatou, que abrazó a sus hijos tiernamente, con el corazón algo menos pesaroso. "En Gbiti no conocían a nadie", dice, con una evidente preocupación en la voz.

"Durante cuatro meses, no me he encontrado bien, ahora me encuentro mejor, pero no totalmente recuperada porque mi hijo mayor y mi esposo aun están en el monte", concluye, mientras agradece al ACNUR su ayuda a la hora de recuperar a sus dos hijos perdidos. Mientras su familia se ha vuelto a reunir parcialmente, muchas más permanecen separadas por el conflicto. Han de vivir con la esperanza del reencuentro mientras contemplan un futuro incierto.

Por Céline Schmitt, desde el campo de refugiados de Mbile, Camerún