El dilema al que se enfrentan algunas refugiadas colombianas

Alba huyó de Colombia porque temía por su vida, pero en Ecuador se ha visto obligada a enfrentarse con un nuevo infierno: vender su cuerpo para sobrevivir.

Muchos refugiados de Colombia, entre ellos mujeres y niños, cruzan a la provincia de Esmeraldas, en el norte de Ecuador. Algunos acaban en barrios desmoronados como este, en el que les resulta difícil encontrar un trabajo y salir adelante.  © ACNUR/B.Baloch

ESMERALDAS, Ecuador, 14 de mayo de 2014 (ACNUR) – Alba* escapó de su hogar en Colombia hace un año: temía por su vida después de haber recibido amenazas de muerte y de haber sufrido violencia sexual por parte de miembros de un grupo armado ilegal. Pero en Ecuador se ha visto obligada a enfrentarse con un nuevo infierno: vender su cuerpo como último recurso para poder sobrevivir.

Cuando esta solicitante de asilo llegó a la provincia de Esmeraldas, en el norte de Ecuador, luchó por conseguir el empleo fijo que necesitaba desesperadamente para sacar adelante a sus dos hijos, incluida una niña de dos años que necesitaba cirugía por una cadera dislocada.

Desesperada, entró a trabajar en un prostíbulo en Esmeraldas, donde temía constantemente por su seguridad y vivía con la preocupación de que su familia se enterara. Después de que un cliente habitual la golpeara brutalmente, dejó a sus hijos con su hermana y se trasladó a un prostíbulo en la provincia de Pastaza, al otro lado de los Andes, en el este del país.

"Si pusiera una denuncia, mi madre, mi hermana y mis hijos se enterarían de cómo me gano la vida", dice en voz baja con la cabeza agachada por la vergüenza. Quiere dejarlo. "No sé qué hacer. No quiero seguir usando mi cuerpo", dijo a ACNUR, que colabora con organizaciones socias en la búsqueda de soluciones para mujeres en la situación de Alba.

En Ecuador, muchas otras mujeres que huyen a Esmeraldas comparten el mismo dilema que Alba. De los 55.000 refugiados colombianos registrados en Ecuador, muchos son mujeres cabezas de familia que deben trabajar para mantener a sus familias unidas y con vida. Además, acceder al sistema de asilo es todo un desafío para muchas. Son especialmente vulnerables a la explotación y la discriminación, y luchan por encontrar un empleo. Algunas terminan prostituyéndose, aunque no se dispone de cifras concretas.

Estas mujeres y otras víctimas de violencia sexual son personas de interés del ACNUR. "El sexo de supervivencia es el aspecto más cruel de la explotación a la que se ven expuestas a diario las refugiadas en Ecuador. Combatir este tipo de violación de los derechos de las refugiadas es sin duda el desafío más grande al que nos enfrentamos", dice Óscar Sánchez-Piñeiro, director de la oficina de ACNUR en Esmeraldas. "Sabemos que es imposible avanzar hacia la igualdad, el desarrollo y la paz sin proteger a las refugiadas de esta grave forma de violencia".

Durante el último año, ACNUR ha venido trabajando con el Gobierno, las ONG y organizaciones internacionales para ayudar a quienes se ven forzadas a ejercer la prostitución, así como para adoptar medidas que contrarresten la violencia sexual y luchen contra la discriminación. Entre estas medidas destaca el refuerzo de los marcos legales y de los mecanismos de implementación que se centran en los derechos de las mujeres, así como una mayor sensibilización sobre estos derechos entre las mujeres y niñas refugiadas.

La estrategia incluye financiar proyectos de generación de ingresos que ayuden a las mujeres a ser independientes y autosuficientes y que estén menos expuestas al riesgo de convertirse en trabajadoras sexuales o de entablar relaciones de dependencia en las que se verían obligadas a intercambiar comida o alojamiento por sexo. ACNUR también lidera una iniciativa para crear un albergue para mujeres víctimas de violencia en el que se ofrecerá también capacitación vocacional.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de esta alianza entre los sectores privado y público, los desafíos son enormes. Por desgracia los datos son insuficientes y generalmente anecdóticos, lo que hace virtualmente imposible cualquier análisis y extrapolación significativos. Entretanto, algunas comunidades parecen negar la existencia y el alcance de este problema. Las víctimas pueden quedar aisladas.

"No podemos empoderar a las mujeres para que accedan a la justicia que merecen porque no podemos decidir dónde o cómo reforzar los sistemas judiciales", comenta desde ACNUR Sánchez-Piñeiro. Dice que son necesarios nuevos mecanismos para ayudar a mujeres como Alba y que se precisan mayores esfuerzos para empoderar a las mujeres, de modo que estén en condiciones de proteger mejor sus propios derechos. "No podemos seguir tergiversando".

*Nombre modificado por motivos de seguridad.

Por Mileidy Capurro en Esmeraldas, Ecuador