La vida incierta de una familia de desplazados iraquíes en un edificio sin terminar

Se encuentran entre más de medio millón de personas que han sido desplazadas por los enfrentamientos dentro de Irak este año.

Nafa y su numerosa familia en el interior del edificio sin terminar que es ahora su hogar temporal. Ellos han tenido que desplazarse varias veces este año por los conflictos en Irak.  © ACNUR/C.Robinson

CHAMCHAMAL, Irak, 14 de julio de 2014 (ACNUR) – Bajo un sol abrasador, las niñas y los niños corren descalzos por las calles polvorientas de una manzana sin terminar en la ciudad norteña iraquí de Chamchamal. Alfombras coloridas cubren las ventanas para bloquear el calor, mientras que la ropa limpia se columpia en cuerdas colgadas entre los bloques de cemento.

Durante las últimas dos semanas, una familia numerosa de 80 personas proveniente de Faluya, ciudad del centro de Irak, ha hecho de estas casas sin terminar sus hogares temporales. Han estado huyendo de una oleada de violencia que se ha extendido por su país desde principios de año.

Nafa Jihad, de 40 años de edad, sus dos esposas y 11 hijos, junto con cuatro hermanos y sus familias, huyeron de su ciudad natal el 1 de enero. Los enfrentamientos militares en la zona los obligaron a huir en sus coches hacia el norte, a la zona de Tikrit.

"Vivíamos cerca de Bagdad y había un montón de bombardeos. Teníamos una buena vida en Faluya como agricultores", explica Nafa. "Pero no tuvimos otra opción que irnos porque no era seguro para nuestros hijos. Dejamos todo, nuestra ropa, nuestros muebles, incluso la comida".

Nafa y su familia se encuentran entre el más de medio millón de personas que se han visto forzadas a desplazarse de la gobernación de Anbar, en el centro de Irak, desde el comienzo del año.

Y no es la primera vez que esta gran familia ha tenido que cambiar de residencia. A mediados de junio, después de que grupos de la oposición se apoderaron de Tikrit, la familia decidió hacer las maletas de nuevo. Esta vez se dirigieron hacia el este, a la zona segura de Chamchamal, en el noreste de Irak. Allí se han unido a otras 1.200 familias de desplazados internos que están alojándose en mezquitas, escuelas y algunos edificios sin terminar.

ACNUR y sus socios han recorrido toda la ciudad registrando a los desplazados y proporcionándoles material humanitario de emergencia. Nafa y su familia han recibido lonas de plástico, colchones y mantas. Ellos compran sus alimentos en los mercados locales.

Él y sus hermanos han tratado de encontrar un empleo como jornaleros pero hay poco trabajo. "No queremos pedir ayuda pero estamos cansados y hemos perdido nuestro espíritu. Hemos tenido que estar desplazándonos y ha sido difícil y caro", dijo Nafa, hablando de la difícil situación de su familia.

"Estamos viendo a más personas desplazadas internas y es una tragedia para estas familias. Después de haberse asentado en una comunidad ahora están siendo desarraigados de nuevo, perdiendo todas sus posesiones y sus medios de vida, mientras los niños pierden sus clases", explica Jacqueline Parlevliet, de ACNUR, que dirige los esfuerzos de protección en el norte de Irak. "Esto podría tener un efecto a largo plazo sobre el futuro de estas familias".

ACNUR está trabajando para ayudar a desplazados como Nafa y su familia, que ahora son más de un millón en todo Irak. Hasta la fecha, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha proporcionado cerca de 3.000 tiendas de campaña, 30.000 colchones y otros artículos esenciales como mantas, bidones de agua, jabón, pasta de dientes y cepillos.

Por ahora, Nafa y su familia son felices viviendo en su alojamiento sin terminar. El gobierno ha anunciado planes para establecer dos campamentos en Sulaymaniyah, para proporcionar refugio y asistencia a los desplazados de una manera organizada.

Pero Nafa no tiene planes de mudarse con su familia a un campamento. "Preferiríamos estar juntos y recibir asistencia en efectivo en su lugar", argumenta. "Queremos estar juntos aquí, para poder seguir ayudándonos y apoyándonos unos a otros hasta que podamos volver a Faluya. Nuestra única esperanza ahora es volver a casa".

Por Catherine Robinson en Chamchamal, Irak